En Ciudad Juárez la niñas, niños y adolescentes (NNA) en movilidad no sólo enfrentan riesgos graves de protección, también construyen redes, estrategias de cuidado y aspiraciones de futuro. Su situación ya no es de tránsito, sino de contención y permanencia forzada.
A través de sus relatos, dibujos, mapas, encuestas y entrevistas, el estudio “Vivencias y percepciones desde la voz de niñas, niños y adolescentes en situación de movilidad en México” de la organización Plan Internacional México muestra las vivencias de incertidumbre, búsqueda de protección, estabilidad y reunificación familiar de los pequeños soñadores.
Las narrativas de las NNA, extranjeros y víctimas de desplazamiento forzado interno, que habitan en esta frontera trazan una cartografía emocional dividida en tres momentos: el origen, el trayecto y la estancia.
El abandono del país de origen se manifiesta como una dualidad entre la felicidad del recuerdo y la tristeza del despojo, vinculada a la pérdida de espacios cotidianos como la escuela y la casa de los abuelos; mientras que trayecto es descrito desde el miedo y el trauma, exacerbado por experiencias de violencia que superan su capacidad de comprensión, como los secuestros perpetrados por “supuestos policías”.
Y, “actualmente, en la etapa de estancia, predomina el enojo derivado de la incertidumbre; una emoción que se cronifica debido a una crisis en los modelos de atención humanitaria. Los planes de emergencia, diseñados para tránsitos cortos, resultan insuficientes para quienes han permanecido en albergues por más de un año, generando una brecha de atención donde la falta de personal y de espacios recreativos impide una gestión adecuada de los afectos”.
El propósito del estudio que se llevó a cabo en Tapachula, Chiapas; Ciudad de México y Ciudad Juárez, Chihuahua, es facilitar su uso en espacios de incidencia, comunicación pública, relacionamiento con medios, conversaciones con donantes y diálogo con actores institucionales.
Sin embargo, existen diferencias marcadas, mientras que Tapachula aparece como un espacio de contención en la frontera sur y Ciudad de México es un punto de reconfiguración de trayectorias y permanencia, Ciudad Juárez es un territorio de espera prolongada e inmovilidad forzada en la frontera norte.
“Ciudad Juárez se configura como un espacio de espera prolongada e inmovilidad forzada. Observamos que el cierre de vías de acceso a procedimientos de reconocimiento de la condición de refugio y el endurecimiento de las políticas migratorias en la región han transformado las trayectorias de movilidad en procesos marcados por la incertidumbre y el estancamiento en la frontera
norte, afectando particularmente el acceso de las NNA a la educación y a la construcción de proyectos de vida a largo plazo”, señala Plan Internacional México.
La investigación que coloca al centro las voces de NNA migrantes internacionales y, en Ciudad Juárez, también de población en situación de desplazamiento forzado interno, fue elaborada con base en el documento técnico desarrollado por el Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México (PDH Ibero), en el marco del proyecto Guardians of Children, financiado por The Khalid bin Sultan Al Qasimi Humanitarian Foundation e implementado por Plan International México.
La espera prolongada y el cierre de horizontes
En Ciudad Juárez la reducción de las posibilidades de acceso a mecanismos de reconocimiento de la condición de refugiado y el cierre de las vías regulares de ingreso a Estados Unidos han transformado significativamente la dinámica de la ciudad, generando escenarios en los que las personas permanecen durante largos períodos sin claridad sobre sus posibilidades de continuar su tránsito.
De acuerdo con la Oficina de Washington sobre Latinoamérica (WOLA, por sus siglas en inglés), estas medidas reducirían a corto plazo el número de personas migrantes que llegan a la frontera entre México y Estados Unidos. Y, en este contexto, los albergues que anteriormente operaban en condiciones de
sobrepoblación, principalmente gestionados por organizaciones de la sociedad civil y agrupaciones religiosas, han experimentado una disminución significativa en el número de personas alojadas.
Mientras que en años previos estos espacios concentraban grandes cantidades de población en tránsito, en la actualidad varios de ellos han cerrado o reducido su capacidad operativa. Y, aquellos que permanecen abiertos albergan a una población menor, compuesta principalmente por hombres y algunos grupos familiares, quienes ya no ven a Ciudad Juárez únicamente como un lugar de tránsito, sino también como un destino o un espacio de estancia prolongada.
De acuerdo con el estudio esta disminución puede entenderse a partir de dos dinámicas concurrentes. Por un lado, el endurecimiento de las políticas migratorias en Norteamérica, en articulación con las políticas de contención implementadas por el Estado mexicano, ha reducido el flujo de personas que logran llegar al norte del país.
Por otro lado, las largas esperas y la incertidumbre asociadas a los procesos de regularización ha llevado a muchas personas migrantes a buscar alternativas de alojamiento fuera de los albergues de emergencia, desplazándose hacia esquemas de residencia más autónomos y comunitarios, en los que comparten vivienda con otras familias en movilidad o acceden a contratos de renta, aunque frecuentemente en condiciones más precarias, desreguladas y con costos elevados.
Sin embargo, esta transformación no implica una disminución de la vulnerabilidad, sino su reconfiguración. Para las NNA, haber quedado varadas en una situación de espera prolongada en Ciudad Juárez implica la interrupción de sus trayectorias educativas, la incertidumbre sobre su futuro y la exposición a entornos que no siempre garantizan condiciones adecuadas para su desarrollo integral, conforme al principio del interés superior de la niñez.
En cuanto a las NNA extranjeras residentes en esta frontera, “identificamos que los motivos de salida estuvieron asociados principalmente a contextos de violencia, factores económicos y dinámicas familiares complejas”; el 33 por ciento comentó haber salido de sus países de origen por grupos armados, inseguridad y narcotráfico. El 16 por ciento mencionó que su motivo era llegar a la frontera norte y el 8.3 por ciento salió con su pareja y su familia rumbo a Estados Unidos.
En un caso se reportó el asesinato de la pareja de la madre, lo que motivó su movilidad hacia el norte ante el temor por su seguridad. En otro testimonio, un adolescente señaló que su edad lo colocaba en riesgo de reclutamiento por grupos armados, lo que llevó a su madre a salir de Honduras junto con él.
Una niña participante refirió que su padre expresó el deseo de migrar sin explicarle las razones, aun cuando su madre no estaba de acuerdo; mientras que en otro caso, la muerte del padrastro, quien trabajaba con el crimen organizado, obligó a una madre a salir de Honduras para proteger a sus hijas e hijos, incluso viajando con un embarazo en fase avanzada.
“En Ciudad Juárez, se registraron testimonios críticos de NNA de origen extranjero que fueron víctimas de secuestro en distintos tramos de la ruta nacional. Estas experiencias se caracterizan por una modalidad de engaño en la que los perpetradores utilizan indumentaria o se identifican inicialmente como agentes policiales para facilitar la interceptación. De acuerdo con los relatos, estos eventos derivaron en agresiones físicas contra sus madres y padres, quienes fueron retenidos ilegalmente y liberados únicamente tras la extorsión y el pago de rescates económicos, evidenciando la extrema vulnerabilidad de las familias frente a grupos delictivos que operan bajo lógicas de suplantación de autoridad”, destaca el estudio.
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En Ciudad Juárez la niñas, niños y adolescentes (NNA) en movilidad no sólo enfrentan riesgos graves de protección, también construyen redes, estrategias de cuidado y aspiraciones de futuro. Su situación ya no es de tránsito, sino de contención y permanencia forzada.
A través de sus relatos, dibujos, mapas, encuestas y entrevistas, el estudio “Vivencias y percepciones desde la voz de niñas, niños y adolescentes en situación de movilidad en México” de la organización Plan Internacional México muestra las vivencias de incertidumbre, búsqueda de protección, estabilidad y reunificación familiar de los pequeños soñadores.
Las narrativas de las NNA, extranjeros y víctimas de desplazamiento forzado interno, que habitan en esta frontera trazan una cartografía emocional dividida en tres momentos: el origen, el trayecto y la estancia.
El abandono del país de origen se manifiesta como una dualidad entre la felicidad del recuerdo y la tristeza del despojo, vinculada a la pérdida de espacios cotidianos como la escuela y la casa de los abuelos; mientras que trayecto es descrito desde el miedo y el trauma, exacerbado por experiencias de violencia que superan su capacidad de comprensión, como los secuestros perpetrados por “supuestos policías”.
Y, “actualmente, en la etapa de estancia, predomina el enojo derivado de la incertidumbre; una emoción que se cronifica debido a una crisis en los modelos de atención humanitaria. Los planes de emergencia, diseñados para tránsitos cortos, resultan insuficientes para quienes han permanecido en albergues por más de un año, generando una brecha de atención donde la falta de personal y de espacios recreativos impide una gestión adecuada de los afectos”.
El propósito del estudio que se llevó a cabo en Tapachula, Chiapas; Ciudad de México y Ciudad Juárez, Chihuahua, es facilitar su uso en espacios de incidencia, comunicación pública, relacionamiento con medios, conversaciones con donantes y diálogo con actores institucionales.
Sin embargo, existen diferencias marcadas, mientras que Tapachula aparece como un espacio de contención en la frontera sur y Ciudad de México es un punto de reconfiguración de trayectorias y permanencia, Ciudad Juárez es un territorio de espera prolongada e inmovilidad forzada en la frontera norte.
“Ciudad Juárez se configura como un espacio de espera prolongada e inmovilidad forzada. Observamos que el cierre de vías de acceso a procedimientos de reconocimiento de la condición de refugio y el endurecimiento de las políticas migratorias en la región han transformado las trayectorias de movilidad en procesos marcados por la incertidumbre y el estancamiento en la frontera
norte, afectando particularmente el acceso de las NNA a la educación y a la construcción de proyectos de vida a largo plazo”, señala Plan Internacional México.
La investigación que coloca al centro las voces de NNA migrantes internacionales y, en Ciudad Juárez, también de población en situación de desplazamiento forzado interno, fue elaborada con base en el documento técnico desarrollado por el Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México (PDH Ibero), en el marco del proyecto Guardians of Children, financiado por The Khalid bin Sultan Al Qasimi Humanitarian Foundation e implementado por Plan International México.
La espera prolongada y el cierre de horizontes
En Ciudad Juárez la reducción de las posibilidades de acceso a mecanismos de reconocimiento de la condición de refugiado y el cierre de las vías regulares de ingreso a Estados Unidos han transformado significativamente la dinámica de la ciudad, generando escenarios en los que las personas permanecen durante largos períodos sin claridad sobre sus posibilidades de continuar su tránsito.
De acuerdo con la Oficina de Washington sobre Latinoamérica (WOLA, por sus siglas en inglés), estas medidas reducirían a corto plazo el número de personas migrantes que llegan a la frontera entre México y Estados Unidos. Y, en este contexto, los albergues que anteriormente operaban en condiciones de
sobrepoblación, principalmente gestionados por organizaciones de la sociedad civil y agrupaciones religiosas, han experimentado una disminución significativa en el número de personas alojadas.
Mientras que en años previos estos espacios concentraban grandes cantidades de población en tránsito, en la actualidad varios de ellos han cerrado o reducido su capacidad operativa. Y, aquellos que permanecen abiertos albergan a una población menor, compuesta principalmente por hombres y algunos grupos familiares, quienes ya no ven a Ciudad Juárez únicamente como un lugar de tránsito, sino también como un destino o un espacio de estancia prolongada.
De acuerdo con el estudio esta disminución puede entenderse a partir de dos dinámicas concurrentes. Por un lado, el endurecimiento de las políticas migratorias en Norteamérica, en articulación con las políticas de contención implementadas por el Estado mexicano, ha reducido el flujo de personas que logran llegar al norte del país.
Por otro lado, las largas esperas y la incertidumbre asociadas a los procesos de regularización ha llevado a muchas personas migrantes a buscar alternativas de alojamiento fuera de los albergues de emergencia, desplazándose hacia esquemas de residencia más autónomos y comunitarios, en los que comparten vivienda con otras familias en movilidad o acceden a contratos de renta, aunque frecuentemente en condiciones más precarias, desreguladas y con costos elevados.
Sin embargo, esta transformación no implica una disminución de la vulnerabilidad, sino su reconfiguración. Para las NNA, haber quedado varadas en una situación de espera prolongada en Ciudad Juárez implica la interrupción de sus trayectorias educativas, la incertidumbre sobre su futuro y la exposición a entornos que no siempre garantizan condiciones adecuadas para su desarrollo integral, conforme al principio del interés superior de la niñez.
En cuanto a las NNA extranjeras residentes en esta frontera, “identificamos que los motivos de salida estuvieron asociados principalmente a contextos de violencia, factores económicos y dinámicas familiares complejas”; el 33 por ciento comentó haber salido de sus países de origen por grupos armados, inseguridad y narcotráfico. El 16 por ciento mencionó que su motivo era llegar a la frontera norte y el 8.3 por ciento salió con su pareja y su familia rumbo a Estados Unidos.
En un caso se reportó el asesinato de la pareja de la madre, lo que motivó su movilidad hacia el norte ante el temor por su seguridad. En otro testimonio, un adolescente señaló que su edad lo colocaba en riesgo de reclutamiento por grupos armados, lo que llevó a su madre a salir de Honduras junto con él.
Una niña participante refirió que su padre expresó el deseo de migrar sin explicarle las razones, aun cuando su madre no estaba de acuerdo; mientras que en otro caso, la muerte del padrastro, quien trabajaba con el crimen organizado, obligó a una madre a salir de Honduras para proteger a sus hijas e hijos, incluso viajando con un embarazo en fase avanzada.
“En Ciudad Juárez, se registraron testimonios críticos de NNA de origen extranjero que fueron víctimas de secuestro en distintos tramos de la ruta nacional. Estas experiencias se caracterizan por una modalidad de engaño en la que los perpetradores utilizan indumentaria o se identifican inicialmente como agentes policiales para facilitar la interceptación. De acuerdo con los relatos, estos eventos derivaron en agresiones físicas contra sus madres y padres, quienes fueron retenidos ilegalmente y liberados únicamente tras la extorsión y el pago de rescates económicos, evidenciando la extrema vulnerabilidad de las familias frente a grupos delictivos que operan bajo lógicas de suplantación de autoridad”, destaca el estudio.
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