La mayoría de los días, Marc Hofer, un investigador de ciberseguridad y periodista radicado en Ámsterdam, rastrea en internet pistas sobre cómo China vigila a sus ciudadanos, un tema que le ha fascinado desde que trabajó allí como corresponsal extranjero.
Hofer, de 46 años, estaba haciendo su revisión habitual a principios de este año cuando se topó con algo llamado “Plataforma de Control Dinámico para Personal del Extranjero”. Era un panel de control futurista —como sacado de la película Sentencia previa— que parecía rastrear a extranjeros en la ciudad de Zhangjiakou, en el norte de China, un popular destino de esquí que fue una de las sedes de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022.
El panel del sistema indicaba que este rastreaba a más de 700 residentes extranjeros que vivían en la ciudad. En total, tenía registros de casi 12.000 personas, que incluían fugitivos, personas de Hong Kong y Taiwán, así como más de 300 periodistas extranjeros. Algunos de ellos no habían estado en Zhangjiakou.

De repente, Hofer vio su propio rostro, en una fotografía tomada por agentes migratorios chinos para sus registros. Junto a ella estaban su número de pasaporte y el número de teléfono celular que había usado en China.
Se quedó atónito. “Quienquiera que haya puesto esas cosas ahí tenía acceso a datos reales”, recordó. También notó una lista de usuarios que habían iniciado sesión recientemente en el sitio, la cual incluía los nombres de las comisarías de Zhangjiakou y de otras ciudades.
China vigila a sus 1400 millones de habitantes a una escala sin precedentes, con la ayuda de cámaras, señales de celulares y documentos de identidad nacionales. La base de datos que encontró Hofer ofrecía una visión inusual hacia qué tan exhaustivamente vigilan también las autoridades chinas a los extranjeros, al mostrar registros sobre personas categorizadas por nacionalidad, con su fecha de nacimiento, sexo, estado civil, dirección y ocupación, y a veces su religión.
También incluía instancias en las que habían sido captados por cámaras en intersecciones de tráfico, mercados, centros comerciales u otros lugares, incluyendo una mezquita.
Las empresas chinas que esperan vender sus plataformas de vigilancia a la policía a menudo crean páginas web de demostración que utilizan fotos e información sobre personas tomadas de las redes sociales. Esto era diferente, dijo Hofer: “Esto es más que unos tipos jugando, o un estudiante, o un proyecto de bajo nivel”.
Ese día, en enero, comenzó a descargar la mayor cantidad de datos posible del sitio. Para mayo, lo habían desactivado.
Diseñado para la policía
The New York Times encontró vínculos entre la plataforma y Origin Dynamic, una empresa de Pekín que provee robótica, servicios de vigilancia y equipos a la policía, según documentos de licitación pública.
Origin Dynamic había presentado una solicitud de patente en 2023 para un sistema similar, el cual describió como una “interfaz de información para ciudadanos no chinos” y era casi idéntico a la plataforma de Zhangjiakou en su diseño y funciones. La empresa es propiedad, en parte, del gobierno de la ciudad de Yancheng, en la provincia de Jiangsu.
Origin Dynamic y el Buró de Seguridad Pública de Zhangjiakou no respondieron a las solicitudes de comentarios enviadas por correo electrónico y fax.
Hofer, quien compartió los datos que guardó con el Times, creía que el panel de control había sido diseñado para el Buró de Seguridad Pública de Zhangjiakou, el departamento de policía de la ciudad. Incluía información a la que solo las autoridades chinas habrían tenido acceso, y el registro de usuarios que Hofer vio enumeraba ocho comisarías en Zhangjiakou y tres de otras ciudades.
No estaba claro cómo, o si, la policía ha usado la base de datos en su trabajo. Pero su existencia ilustra cómo las autoridades chinas agregan grandes cantidades de datos de cámaras de vigilancia, historiales médicos, facturas, herramientas de reconocimiento facial y otras fuentes para vigilar y analizar el comportamiento de los residentes extranjeros. Tenía campos para los lugares que frecuentaban, visitas al hospital y pagos de gasolina, así como vuelos y trenes tomados, incluyendo los números de asiento.
Por ejemplo, registraba los movimientos de una mujer de Mongolia a medida que iba de un complejo residencial en Zhangjiakou a centros comerciales, restaurantes y supermercados. En algunas instancias, indicaba la base de datos, había sido rastreada utilizando reconocimiento facial.
Bajo el mandato de Xi Jinping, el gobernante Partido Comunista Chino ha supervisado una iniciativa para usar macrodatos en nombre de la seguridad pública con el fin de erradicar la disidencia y prevenir posibles ataques terroristas.
Otros países emplean tipos similares de sistemas de vigilancia, pero en China hay poca protección contra los excesos policiales, según Maya Wang, subdirectora para Asia de Human Rights Watch.
“Ese tipo de integración de datos no tiene precedentes y de verdad ilustra la falta de salvaguardas en China”, dijo Wang.
Una plataforma no segura
Cuando Hofer se topó por primera vez con la página de inicio de sesión de la plataforma, ya se habían ingresado un nombre de usuario y una contraseña. El hecho de que un sistema con información personal confidencial sobre cientos de personas fuera accesible para cualquiera que pudiera encontrarlo en internet sugería una gran falta de protecciones de privacidad.
Greg Walton, un investigador de ciberseguridad que ha estudiado sistemas chinos similares, dijo que la exposición de este no era una anomalía. Era una consecuencia de la “expansión de la vigilancia” de China, la cual es impulsada por un ecosistema en crecimiento de vendedores, contratistas y agencias de seguridad pública, dijo.
Walton, investigador sénior en SecDev Group, una firma de investigación canadiense, dijo que cada nueva plataforma “aumenta el número de lugares donde los datos personales confidenciales pueden ser mal configurados, copiados o dejados al descubierto de manera externa”.
El Times verificó que los datos en los registros de seis personas además de Hofer eran precisos. Una reportera del Times que solía estar radicada en Pekín estaba en él, y figuraba en un registro que incluía el nombre de su hijo. Su nombre estaba mal escrito, pero su pasaporte y otra información eran correctos.
El trabajo en el sistema de Zhangjiakou parecía haber comenzado en 2021, y se le hicieron cambios tan recientemente como en abril, según Hofer, quien ha documentado sus hallazgos en un boletín de Substack. Varios campos en la base de datos estaban vacíos o llenos de texto de relleno, lo que sugiere que todavía estaba en construcción.
Los residentes eran rastreados mediante cámaras en lugares públicos, pero la plataforma también extraía información de fuentes que no estaban directamente conectadas con la policía. Tenía una lista de extranjeros y ciudadanos chinos que habían visitado la Estación de Esquí Thaiwoo de la ciudad, incluyendo fotos de ellos tomadas allí, sus nombres completos y números de pasaporte.
Clasificación por país y religión
La plataforma etiquetaba a las personas de Australia, Canadá, Nueva Zelanda, el Reino Unido o Estados Unidos como pertenecientes a la “Alianza de los Cinco Ojos”. Esa es una referencia al acuerdo de intercambio de inteligencia entre los cinco países que Pekín frecuentemente critica por promover divisiones al estilo de la Guerra Fría.
También destacaba a los residentes de lo que llamaba “países clave”, una lista que incluía a Egipto, Irán, Israel, Marruecos, Pakistán y Sudán.
Los visitantes de Hong Kong, hogar de protestas generalizadas contra Pekín en 2019, y de Taiwán, una democracia autónoma que China reclama como propia, tenían sus propias categorías. La base de datos también rastreaba a estudiantes internacionales, cónyuges extranjeros y “personas clave”, un eufemismo utilizado a menudo por las autoridades chinas para referirse a activistas o fugitivos, u otros que se consideran amenazas para la estabilidad social.
Muchos de los estudiantes extranjeros registrados parecían ser de Pakistán e India y estudiaban en la Universidad del Norte de Hebei en Zhangjiakou. Los perfiles de los estudiantes incluían su religión, estado civil, área de estudio y las veces que habían sido captados por las cámaras en las entradas de la escuela.
La plataforma también afirmaba poder mapear la red de relaciones de una persona. Una ilustración de la función mostraba los nombres de tres jóvenes paquistaníes de unos 20 años, vinculándolos entre sí después de haber sido captados juntos por la cámara.
Una red de relaciones

Un conjunto de registros que Hofer descargó incluía nombres de residentes que habían sido sancionados bajo la ley china. Mostraba a una mujer que había sido multada con 1000 yuanes chinos (unos 150 dólares) en 2021, por ejemplo, por no registrar un cambio de domicilio. Otros ejemplos incluían a extranjeros que habían recibido infracciones por enseñar sin las licencias requeridas.
La información parecía haber sido ingresada por un funcionario de la comisaría de Zhangjiakou llamado Zhang Jinglong, según los archivos descargados por Hofer que lo enumeraban como colaborador.
Un funcionario con ese nombre fue perfilado por la policía de Zhangjiakou en 2020. Fue elogiado por vigilar las discusiones en línea y participar activamente en ellas para “guiar a los ciudadanos a establecer correctos” puntos de vista.
El año pasado, un laboratorio de inteligencia artificial en el buró de policía fue nombrado en su honor.
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La mayoría de los días, Marc Hofer, un investigador de ciberseguridad y periodista radicado en Ámsterdam, rastrea en internet pistas sobre cómo China vigila a sus ciudadanos, un tema que le ha fascinado desde que trabajó allí como corresponsal extranjero.
Hofer, de 46 años, estaba haciendo su revisión habitual a principios de este año cuando se topó con algo llamado “Plataforma de Control Dinámico para Personal del Extranjero”. Era un panel de control futurista —como sacado de la película Sentencia previa— que parecía rastrear a extranjeros en la ciudad de Zhangjiakou, en el norte de China, un popular destino de esquí que fue una de las sedes de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022.
El panel del sistema indicaba que este rastreaba a más de 700 residentes extranjeros que vivían en la ciudad. En total, tenía registros de casi 12.000 personas, que incluían fugitivos, personas de Hong Kong y Taiwán, así como más de 300 periodistas extranjeros. Algunos de ellos no habían estado en Zhangjiakou.

De repente, Hofer vio su propio rostro, en una fotografía tomada por agentes migratorios chinos para sus registros. Junto a ella estaban su número de pasaporte y el número de teléfono celular que había usado en China.
Se quedó atónito. “Quienquiera que haya puesto esas cosas ahí tenía acceso a datos reales”, recordó. También notó una lista de usuarios que habían iniciado sesión recientemente en el sitio, la cual incluía los nombres de las comisarías de Zhangjiakou y de otras ciudades.
China vigila a sus 1400 millones de habitantes a una escala sin precedentes, con la ayuda de cámaras, señales de celulares y documentos de identidad nacionales. La base de datos que encontró Hofer ofrecía una visión inusual hacia qué tan exhaustivamente vigilan también las autoridades chinas a los extranjeros, al mostrar registros sobre personas categorizadas por nacionalidad, con su fecha de nacimiento, sexo, estado civil, dirección y ocupación, y a veces su religión.
También incluía instancias en las que habían sido captados por cámaras en intersecciones de tráfico, mercados, centros comerciales u otros lugares, incluyendo una mezquita.
Las empresas chinas que esperan vender sus plataformas de vigilancia a la policía a menudo crean páginas web de demostración que utilizan fotos e información sobre personas tomadas de las redes sociales. Esto era diferente, dijo Hofer: “Esto es más que unos tipos jugando, o un estudiante, o un proyecto de bajo nivel”.
Ese día, en enero, comenzó a descargar la mayor cantidad de datos posible del sitio. Para mayo, lo habían desactivado.
Diseñado para la policía
The New York Times encontró vínculos entre la plataforma y Origin Dynamic, una empresa de Pekín que provee robótica, servicios de vigilancia y equipos a la policía, según documentos de licitación pública.
Origin Dynamic había presentado una solicitud de patente en 2023 para un sistema similar, el cual describió como una “interfaz de información para ciudadanos no chinos” y era casi idéntico a la plataforma de Zhangjiakou en su diseño y funciones. La empresa es propiedad, en parte, del gobierno de la ciudad de Yancheng, en la provincia de Jiangsu.
Origin Dynamic y el Buró de Seguridad Pública de Zhangjiakou no respondieron a las solicitudes de comentarios enviadas por correo electrónico y fax.
Hofer, quien compartió los datos que guardó con el Times, creía que el panel de control había sido diseñado para el Buró de Seguridad Pública de Zhangjiakou, el departamento de policía de la ciudad. Incluía información a la que solo las autoridades chinas habrían tenido acceso, y el registro de usuarios que Hofer vio enumeraba ocho comisarías en Zhangjiakou y tres de otras ciudades.
No estaba claro cómo, o si, la policía ha usado la base de datos en su trabajo. Pero su existencia ilustra cómo las autoridades chinas agregan grandes cantidades de datos de cámaras de vigilancia, historiales médicos, facturas, herramientas de reconocimiento facial y otras fuentes para vigilar y analizar el comportamiento de los residentes extranjeros. Tenía campos para los lugares que frecuentaban, visitas al hospital y pagos de gasolina, así como vuelos y trenes tomados, incluyendo los números de asiento.
Por ejemplo, registraba los movimientos de una mujer de Mongolia a medida que iba de un complejo residencial en Zhangjiakou a centros comerciales, restaurantes y supermercados. En algunas instancias, indicaba la base de datos, había sido rastreada utilizando reconocimiento facial.
Bajo el mandato de Xi Jinping, el gobernante Partido Comunista Chino ha supervisado una iniciativa para usar macrodatos en nombre de la seguridad pública con el fin de erradicar la disidencia y prevenir posibles ataques terroristas.
Otros países emplean tipos similares de sistemas de vigilancia, pero en China hay poca protección contra los excesos policiales, según Maya Wang, subdirectora para Asia de Human Rights Watch.
“Ese tipo de integración de datos no tiene precedentes y de verdad ilustra la falta de salvaguardas en China”, dijo Wang.
Una plataforma no segura
Cuando Hofer se topó por primera vez con la página de inicio de sesión de la plataforma, ya se habían ingresado un nombre de usuario y una contraseña. El hecho de que un sistema con información personal confidencial sobre cientos de personas fuera accesible para cualquiera que pudiera encontrarlo en internet sugería una gran falta de protecciones de privacidad.
Greg Walton, un investigador de ciberseguridad que ha estudiado sistemas chinos similares, dijo que la exposición de este no era una anomalía. Era una consecuencia de la “expansión de la vigilancia” de China, la cual es impulsada por un ecosistema en crecimiento de vendedores, contratistas y agencias de seguridad pública, dijo.
Walton, investigador sénior en SecDev Group, una firma de investigación canadiense, dijo que cada nueva plataforma “aumenta el número de lugares donde los datos personales confidenciales pueden ser mal configurados, copiados o dejados al descubierto de manera externa”.
El Times verificó que los datos en los registros de seis personas además de Hofer eran precisos. Una reportera del Times que solía estar radicada en Pekín estaba en él, y figuraba en un registro que incluía el nombre de su hijo. Su nombre estaba mal escrito, pero su pasaporte y otra información eran correctos.
El trabajo en el sistema de Zhangjiakou parecía haber comenzado en 2021, y se le hicieron cambios tan recientemente como en abril, según Hofer, quien ha documentado sus hallazgos en un boletín de Substack. Varios campos en la base de datos estaban vacíos o llenos de texto de relleno, lo que sugiere que todavía estaba en construcción.
Los residentes eran rastreados mediante cámaras en lugares públicos, pero la plataforma también extraía información de fuentes que no estaban directamente conectadas con la policía. Tenía una lista de extranjeros y ciudadanos chinos que habían visitado la Estación de Esquí Thaiwoo de la ciudad, incluyendo fotos de ellos tomadas allí, sus nombres completos y números de pasaporte.
Clasificación por país y religión
La plataforma etiquetaba a las personas de Australia, Canadá, Nueva Zelanda, el Reino Unido o Estados Unidos como pertenecientes a la “Alianza de los Cinco Ojos”. Esa es una referencia al acuerdo de intercambio de inteligencia entre los cinco países que Pekín frecuentemente critica por promover divisiones al estilo de la Guerra Fría.
También destacaba a los residentes de lo que llamaba “países clave”, una lista que incluía a Egipto, Irán, Israel, Marruecos, Pakistán y Sudán.
Los visitantes de Hong Kong, hogar de protestas generalizadas contra Pekín en 2019, y de Taiwán, una democracia autónoma que China reclama como propia, tenían sus propias categorías. La base de datos también rastreaba a estudiantes internacionales, cónyuges extranjeros y “personas clave”, un eufemismo utilizado a menudo por las autoridades chinas para referirse a activistas o fugitivos, u otros que se consideran amenazas para la estabilidad social.
Muchos de los estudiantes extranjeros registrados parecían ser de Pakistán e India y estudiaban en la Universidad del Norte de Hebei en Zhangjiakou. Los perfiles de los estudiantes incluían su religión, estado civil, área de estudio y las veces que habían sido captados por las cámaras en las entradas de la escuela.
La plataforma también afirmaba poder mapear la red de relaciones de una persona. Una ilustración de la función mostraba los nombres de tres jóvenes paquistaníes de unos 20 años, vinculándolos entre sí después de haber sido captados juntos por la cámara.
Una red de relaciones

Un conjunto de registros que Hofer descargó incluía nombres de residentes que habían sido sancionados bajo la ley china. Mostraba a una mujer que había sido multada con 1000 yuanes chinos (unos 150 dólares) en 2021, por ejemplo, por no registrar un cambio de domicilio. Otros ejemplos incluían a extranjeros que habían recibido infracciones por enseñar sin las licencias requeridas.
La información parecía haber sido ingresada por un funcionario de la comisaría de Zhangjiakou llamado Zhang Jinglong, según los archivos descargados por Hofer que lo enumeraban como colaborador.
Un funcionario con ese nombre fue perfilado por la policía de Zhangjiakou en 2020. Fue elogiado por vigilar las discusiones en línea y participar activamente en ellas para “guiar a los ciudadanos a establecer correctos” puntos de vista.
El año pasado, un laboratorio de inteligencia artificial en el buró de policía fue nombrado en su honor.
Diario MX
