El equipo local del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), atiende principalmente a migrantes jefas de familia que viven en Ciudad Juárez, ofrece también apoyo remoto a personas en movilidad de otras entidades del país, como ocurrió con siete casos de personas venezolanas que buscaron contención emocional tras terremotos ocurridos en su país.
“Fueron personas que buscaban atención y sobre todo contención emocional, porque tenían familiares desaparecidos, perdieron también sus casas, a la familia que tienen allá, entonces buscaban contención. Y son mayormente personas que se encuentran aún en el sur (de México) y que se encontraban todavía en esta disyuntiva de ¿regreso? ¿Qué hago?, con toda esta cuestión de desborde emocional”, informó Ileana Aguirre Calderón, oficial de Atención Psicosocial de la organización.
En dichos casos, las personas venezolanas han sido atendidas a través de videollamadas, como ocurre con migrantes de diversas nacionalidades que se encuentran en México o Estados Unidos y buscan el apoyo psicológico de los jesuitas
De acuerdo con Aguirre Calderón, el 50 por ciento de las atenciones que ofrecen actualmente en la ciudad son a personas mexicanas desplazadas, y el resto a personas provenientes de otros países, principalmente Venezuela, a quienes visitan en los albergues o se les ofrece el apoyo de trasporte hasta sus oficinas.
“Cuando hablamos de personas migrantes no únicamente hablamos de personas que están cruzando fronteras, hablamos de historias, hablamos de personas que han dejado atrás sus países de origen, que han dejado sueños, que han dejado proyectos de vida, que vienen huyendo de múltiples situaciones: de violencia, de falta de oportunidades, de la pobreza. Acompañarles desde un sentido humano implica no sólo el apoyo material, sino también en la salud mental”, destacó.
Entre los principales hallazgos se encuentran la ansiedad, el estrés, los duelos, la desesperanza y las distintas afectaciones frente a situaciones de violencia, falta de oportunidades y pobreza.
“La migración implica en sí misma ansiedad, depresión, múltiples duelos.
Parte del acompañamiento psicosocial implica la escucha, el acompañamiento a estas situaciones, que permita a las personas ser vistas, ya que en muchos casos se sienten invisibilizadas, por las políticas migratorias deshumanizantes, y lo que se quiere es devolver un poco la dignidad a las personas, que recuperen el sentido y que puedan pertenecer a las comunidades”, explicó la especialista.
A través del acompañamiento, JRS busca construir redes de apoyo, generar espacios en donde las personas puedan encontrarse y puedan tener recursos comunitarios, compartir experiencias, recuperar la confianza y sentirse parte de una comunidad; a través de atención individual, psicosocial grupal y la creación de grupos de confianza de mujeres.
La mayoría de las personas que se acercan en Juárez son madres de familias autónomas, que no cuentan con una red de apoyo y que además tienen la presión de no contar con una estancia legal en México, de no tener acceso a un empleo, y de batallar con cosas básicas como la comida, el alojamiento y el vestido de los hijos e hijas.
“También hay chicas que están en albergues aún y que por esta cuestión de falta de redes de apoyo les es muy difícil independizarse, porque son madres de niñas y niños todavía en etapas tempranas e incidencias tempranas”, informó.
Entre las causas del estrés postraumático se encuentran secuestros vividos en años pasados, por lo que las personas tienen miedo a salir a las calles. Otras, también han vivido situaciones como que las invitan a subirse a carros y viven con miedo.
“También atendemos a niñas, a niños, a hombres muy escasamente”, debido a que son quienes se encargan principalmente de la economía familiar y si no trabajan un día no tienen un ingreso.
hmartinez@redaccion.diario.com.mx
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El equipo local del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), atiende principalmente a migrantes jefas de familia que viven en Ciudad Juárez, ofrece también apoyo remoto a personas en movilidad de otras entidades del país, como ocurrió con siete casos de personas venezolanas que buscaron contención emocional tras terremotos ocurridos en su país.
“Fueron personas que buscaban atención y sobre todo contención emocional, porque tenían familiares desaparecidos, perdieron también sus casas, a la familia que tienen allá, entonces buscaban contención. Y son mayormente personas que se encuentran aún en el sur (de México) y que se encontraban todavía en esta disyuntiva de ¿regreso? ¿Qué hago?, con toda esta cuestión de desborde emocional”, informó Ileana Aguirre Calderón, oficial de Atención Psicosocial de la organización.
En dichos casos, las personas venezolanas han sido atendidas a través de videollamadas, como ocurre con migrantes de diversas nacionalidades que se encuentran en México o Estados Unidos y buscan el apoyo psicológico de los jesuitas
De acuerdo con Aguirre Calderón, el 50 por ciento de las atenciones que ofrecen actualmente en la ciudad son a personas mexicanas desplazadas, y el resto a personas provenientes de otros países, principalmente Venezuela, a quienes visitan en los albergues o se les ofrece el apoyo de trasporte hasta sus oficinas.
“Cuando hablamos de personas migrantes no únicamente hablamos de personas que están cruzando fronteras, hablamos de historias, hablamos de personas que han dejado atrás sus países de origen, que han dejado sueños, que han dejado proyectos de vida, que vienen huyendo de múltiples situaciones: de violencia, de falta de oportunidades, de la pobreza. Acompañarles desde un sentido humano implica no sólo el apoyo material, sino también en la salud mental”, destacó.
Entre los principales hallazgos se encuentran la ansiedad, el estrés, los duelos, la desesperanza y las distintas afectaciones frente a situaciones de violencia, falta de oportunidades y pobreza.
“La migración implica en sí misma ansiedad, depresión, múltiples duelos.
Parte del acompañamiento psicosocial implica la escucha, el acompañamiento a estas situaciones, que permita a las personas ser vistas, ya que en muchos casos se sienten invisibilizadas, por las políticas migratorias deshumanizantes, y lo que se quiere es devolver un poco la dignidad a las personas, que recuperen el sentido y que puedan pertenecer a las comunidades”, explicó la especialista.
A través del acompañamiento, JRS busca construir redes de apoyo, generar espacios en donde las personas puedan encontrarse y puedan tener recursos comunitarios, compartir experiencias, recuperar la confianza y sentirse parte de una comunidad; a través de atención individual, psicosocial grupal y la creación de grupos de confianza de mujeres.
La mayoría de las personas que se acercan en Juárez son madres de familias autónomas, que no cuentan con una red de apoyo y que además tienen la presión de no contar con una estancia legal en México, de no tener acceso a un empleo, y de batallar con cosas básicas como la comida, el alojamiento y el vestido de los hijos e hijas.
“También hay chicas que están en albergues aún y que por esta cuestión de falta de redes de apoyo les es muy difícil independizarse, porque son madres de niñas y niños todavía en etapas tempranas e incidencias tempranas”, informó.
Entre las causas del estrés postraumático se encuentran secuestros vividos en años pasados, por lo que las personas tienen miedo a salir a las calles. Otras, también han vivido situaciones como que las invitan a subirse a carros y viven con miedo.
“También atendemos a niñas, a niños, a hombres muy escasamente”, debido a que son quienes se encargan principalmente de la economía familiar y si no trabajan un día no tienen un ingreso.
hmartinez@redaccion.diario.com.mx
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