L a casa de Benjamin Moser (Houston, 49 años), cerca de las cuevas de Lascaux, está literalmente perdida en el Périgord francés. Desde hace 20 años, él y su pareja pasan meses rodeados de glicinias, olivos, pinos, adelfas, una piscina y el canto raveliano de las cigarras. Moser, que hizo el bachillerato en Francia, es cuatrilingüe. “Previene la demencia”, bromea. Hablando castellano parece venezolano. Vivió allí con 18 años. “Venezuela era como si hoy Dubái quedara paralizada y regresaras 30 años después. Los norteamericanos creemos en el progreso de la historia, no como el resto del mundo que sabe que es cíclica. Por eso nos va a destrozar lo que está pasando”.
L a casa de Benjamin Moser (Houston, 49 años), cerca de las cuevas de Lascaux, está literalmente perdida en el Périgord francés. Desde hace 20 años, él y su pareja pasan meses rodeados de glicinias, olivos, pinos, adelfas, una piscina y el canto raveliano de las cigarras. Moser, que hizo el bachillerato en Francia, es cuatrilingüe. “Previene la demencia”, bromea. Hablando castellano parece venezolano. Vivió allí con 18 años. “Venezuela era como si hoy Dubái quedara paralizada y regresaras 30 años después. Los norteamericanos creemos en el progreso de la historia, no como el resto del mundo que sabe que es cíclica. Por eso nos va a destrozar lo que está pasando”. Seguir leyendo
L a casa de Benjamin Moser (Houston, 49 años), cerca de las cuevas de Lascaux, está literalmente perdida en el Périgord francés. Desde hace 20 años, él y su pareja pasan meses rodeados de glicinias, olivos, pinos, adelfas, una piscina y el canto raveliano de las cigarras. Moser, que hizo el bachillerato en Francia, es cuatrilingüe. “Previene la demencia”, bromea. Hablando castellano parece venezolano. Vivió allí con 18 años. “Venezuela era como si hoy Dubái quedara paralizada y regresaras 30 años después. Los norteamericanos creemos en el progreso de la historia, no como el resto del mundo que sabe que es cíclica. Por eso nos va a destrozar lo que está pasando”.
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