Si algo queda claro después de leer Un juez en los infiernos, del académico de la Universidad Diego Portales y ensayista Manuel Vicuña, es la ambición comprensiva, la grafomanía, la excesiva capacidad de trabajo, la hiperactividad y, a fin de cuentas, la constante desmesura con la que actuó siempre Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886). Era tal su productividad que parecía que escribiera más rápido de lo que sus textos eran leídos; era tal su afán por avanzar que se cambió al lápiz para no perder tiempo mojando la pluma en el tintero. Fue uno de los principales historiadores del siglo XIX chileno, ensayista, biógrafo, revolucionario, agente encubierto de Chile en el extranjero e intendente de Santiago, entre muchas otras cosas, y la pura enumeración de sus trabajos parece agotar incluso a los seguidores más entusiastas de este prohombre de las letras y la política.
Vicuña Mackenna fue un apasionado participante de las revolución de 1851 y un acérrimo crítico de los gobiernos conservadores
Si algo queda claro después de leer Un juez en los infiernos, del académico de la Universidad Diego Portales y ensayista Manuel Vicuña, es la ambición comprensiva, la grafomanía, la excesiva capacidad de trabajo, la hiperactividad y, a fin de cuentas, la constante desmesura con la que actuó siempre Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886). Era tal su productividad que parecía que escribiera más rápido de lo que sus textos eran leídos; era tal su afán por avanzar que se cambió al lápiz para no perder tiempo mojando la pluma en el tintero. Fue uno de los principales historiadores del siglo XIX chileno, ensayista, biógrafo, revolucionario, agente encubierto de Chile en el extranjero e intendente de Santiago, entre muchas otras cosas, y la pura enumeración de sus trabajos parece agotar incluso a los seguidores más entusiastas de este prohombre de las letras y la política.
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