Estaba tan tranquilo, sin meterme con nadie, contemplando el horizonte uno de estos miércoles infernales de julio, cuando un cuervo atravesó de izquierda a derecha, como el que escribe un texto, mi campo visual. Llevaba en el pico algo muy grande. No distinguí si se trataba de un pedazo de pan, de una raíz, o de una rata. ¿Pero a dónde vas con esa carga, camionero alado, le pregunté mentalmente?
EL PAÍS
Estaba tan tranquilo, sin meterme con nadie, contemplando el horizonte uno de estos miércoles infernales de julio, cuando un cuervo atravesó de izquierda a derecha, como el que escribe un texto, mi campo visual. Llevaba en el pico algo muy grande. No distinguí si se trataba de un pedazo de pan, de una raíz, o de una rata. ¿Pero a dónde vas con esa carga, camionero alado, le pregunté mentalmente?
Hay episodios que no significan nada y que nos dejan sin embargo la idea de haber asistido a una revelación
