Soy madre, soy abogada y trabajo en una multinacional. Debería leer libros sobre productividad, liderazgo o el último best seller que promete cambiarte la vida levantándote a las seis. Sin embargo, mi pequeño acto de rebeldía consiste en leer novelas, ensayos feministas, libros sobre moda o clásicos. No desprecio los libros de crecimiento personal, pero me niego a que toda lectura tenga que hacerme más eficiente. Llegar al despacho con una novela bajo el brazo es mi forma de resistencia. Invito a otros lectores a que nuestro ocio no trabaje para nadie. Que conserve, como la buena literatura, el derecho a ser inútil y, precisamente por eso, profundamente libre.
El derecho a leer por gusto, la odisea del visado europeo, la precariedad de los becarios y los asistentes virtuales son algunas de las cartas para el director
Soy madre, soy abogada y trabajo en una multinacional. Debería leer libros sobre productividad, liderazgo o el último best seller que promete cambiarte la vida levantándote a las seis. Sin embargo, mi pequeño acto de rebeldía consiste en leer novelas, ensayos feministas, libros sobre moda o clásicos. No desprecio los libros de crecimiento personal, pero me niego a que toda lectura tenga que hacerme más eficiente. Llegar al despacho con una novela bajo el brazo es mi forma de resistencia. Invito a otros lectores a que nuestro ocio no trabaje para nadie. Que conserve, como la buena literatura, el derecho a ser inútil y, precisamente por eso, profundamente libre.
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