Los futbolistas profesionales tienen algo de superhéroes. Se calcula que, en los partidos, corren una distancia de entre 8 y 13 kilómetros, dependiendo de la posición. Pero claro, no es solo correr. También es saltar, girar o cambiar de ritmo. Y todo ello con otros 23 elementos móviles sobre el terreno de juego —aquí añadimos al balón y al árbitro— que elevan de manera casi infinita la incertidumbre sobre lo que sucederá. Con todo ello, los futbolistas son capaces de dominar el esférico, de hacer regates, de chutar a gol —y de hacerlo con precisión— o de anticipar jugadas del rival. A veces, incluso, regalan acciones inesperadas: un remate de chilena, un gol desde el centro del campo o llegar a un balón que parecía imposible. Lo hacen con un importante elemento en contra: al fútbol se juega con los pies, que no es precisamente la parte del cuerpo humano más preparada para la precisión o la artesanía. Y a todo esto hay que añadir que los futbolistas llevan a cabo sus acciones delante de millones de personas. Decenas de miles en el estadio y el resto a través de las pantallas. Quizás sea ese uno de sus principales superpoderes, el de la capacidad para hacer bien su trabajo delante de tanta gente.
El ilustrador Mahamadou Traoré se inspira en los orígenes del cómic para retratar a los grandes futbolistas de la historia
Los futbolistas profesionales tienen algo de superhéroes. Se calcula que, en los partidos, corren una distancia de entre 8 y 13 kilómetros, dependiendo de la posición. Pero claro, no es solo correr. También es saltar, girar o cambiar de ritmo. Y todo ello con otros 23 elementos móviles sobre el terreno de juego —aquí añadimos al balón y al árbitro— que elevan de manera casi infinita la incertidumbre sobre lo que sucederá. Con todo ello, los futbolistas son capaces de dominar el esférico, de hacer regates, de chutar a gol —y de hacerlo con precisión— o de anticipar jugadas del rival. A veces, incluso, regalan acciones inesperadas: un remate de chilena, un gol desde el centro del campo o llegar a un balón que parecía imposible. Lo hacen con un importante elemento en contra: al fútbol se juega con los pies, que no es precisamente la parte del cuerpo humano más preparada para la precisión o la artesanía. Y a todo esto hay que añadir que los futbolistas llevan a cabo sus acciones delante de millones de personas. Decenas de miles en el estadio y el resto a través de las pantallas. Quizás sea ese uno de sus principales superpoderes, el de la capacidad para hacer bien su trabajo delante de tanta gente.
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