Lo primero que sorprende de la nueva adaptación de La casa de la pradera es que es tan artificialmente hermosa que parece hecha por una inteligencia artificial. Tuve que comprobar que sus protagonistas eran humanos y sí, el nuevo Charles Ingalls, el heredero del personaje interpretado por el carismático Michael Landon, es el australiano Luke Bracey, una persona real. Junto a él, la también real Crosby Fitzgerald da vida a una Caroline Ingalls que tiene un papel mucho más destacado que en la serie de los setenta; ya no es únicamente una madre y esposa abnegada. Lo que no cambia es la mirada de Laura, autora de las novelas y voz de la narración, ni la bondad de Mary, que aquí carga con la responsabilidad de vivir un tierno romance preadolescente sin el que ya resulta inconcebible cualquier ficción familiar. Hasta el perro Jack parece desarrollado por un algoritmo perfeccionista.
Lo primero que sorprende de la nueva adaptación de La casa de la pradera es que es tan artificialmente hermosa que parece hecha por una inteligencia artificial. Tuve que comprobar que sus protagonistas eran humanos y sí, el nuevo Charles Ingalls, el heredero del personaje interpretado por el carismático Michael Landon, es el australiano Luke Bracey, una persona real. Junto a él, la también real Crosby Fitzgerald da vida a una Caroline Ingalls que tiene un papel mucho más destacado que en la serie de los setenta; ya no es únicamente una madre y esposa abnegada. Lo que no cambia es la mirada de Laura, autora de las novelas y voz de la narración, ni la bondad de Mary, que aquí carga con la responsabilidad de vivir un tierno romance preadolescente sin el que ya resulta inconcebible cualquier ficción familiar. Hasta el perro Jack parece desarrollado por un algoritmo perfeccionista. Seguir leyendo
Lo primero que sorprende de la nueva adaptación de La casa de la pradera es que es tan artificialmente hermosa que parece hecha por una inteligencia artificial. Tuve que comprobar que sus protagonistas eran humanos y sí, el nuevo Charles Ingalls, el heredero del personaje interpretado por el carismático Michael Landon, es el australiano Luke Bracey, una persona real. Junto a él, la también real Crosby Fitzgerald da vida a una Caroline Ingalls que tiene un papel mucho más destacado que en la serie de los setenta; ya no es únicamente una madre y esposa abnegada. Lo que no cambia es la mirada de Laura, autora de las novelas y voz de la narración, ni la bondad de Mary, que aquí carga con la responsabilidad de vivir un tierno romance preadolescente sin el que ya resulta inconcebible cualquier ficción familiar. Hasta el perro Jack parece desarrollado por un algoritmo perfeccionista.
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