Si miramos hacia Europa, Asia o América, el mundo es hoy una cuestión de piratas. Pero el mundo tiene muchas olas, hay deudas sentimentales, yo navego por la palabra pirata y acabo en la voz de mi padre cuando nos leía en alto a Espronceda. Seguro que se acuerdan de la rebeldía de un forajido orgulloso de sí mismo que afirmaba tener como única patria la mar. Sus leyes eran la fuerza y el viento, algo que daba la libertad de hacer presas sin cuento, capturar barcos y rendir las banderas de cien naciones a sus pies. A mi adolescencia le costó trabajo comprender que conviene definir mejor la palabra libertad. La piratería no es un camino ético, necesitamos la autoridad política de las leyes para organizar una convivencia justa y pacífica. Mi amor por el liberalismo de Espronceda entró en Razón, es decir, intentó poner a conversar sus corazonadas libres con los valores de la Ilustración.
El dinero ha comprendido que, más que golpes de Estado y buenas leyes contra los delincuentes, conviene poner a los suyos en el Gobierno
Si miramos hacia Europa, Asia o América, el mundo es hoy una cuestión de piratas. Pero el mundo tiene muchas olas, hay deudas sentimentales, yo navego por la palabra pirata y acabo en la voz de mi padre cuando nos leía en alto a Espronceda. Seguro que se acuerdan de la rebeldía de un forajido orgulloso de sí mismo que afirmaba tener como única patria la mar. Sus leyes eran la fuerza y el viento, algo que daba la libertad de hacer presas sin cuento, capturar barcos y rendir las banderas de cien naciones a sus pies. A mi adolescencia le costó trabajo comprender que conviene definir mejor la palabra libertad. La piratería no es un camino ético, necesitamos la autoridad política de las leyes para organizar una convivencia justa y pacífica. Mi amor por el liberalismo de Espronceda entró en Razón, es decir, intentó poner a conversar sus corazonadas libres con los valores de la Ilustración.
