La novela más posmodernamente moderna de László Krasznahorkai tiene a un joven idiota, Florian, Flori, Herscht, el loco del pueblo —siendo el pueblo un lugar llamado Kana, un algo perdido en Turingia, repleto de neonazis, o nazzis, para su protagonista—, como epicentro de una peculiarísima y adictiva historia que tira de ti como si fuese algún tipo de cuerda, que está sujetándote, se te lleva, cada vez un poco más lejos; te preguntas cómo y no hay otra respuesta que la digresiva realidad ficticia imposiblemente encantadora y triste, ilusa, y terrible. Una sinfonía —no en vano se dice, en un subtítulo explicativo, que lo que tenemos entre manos es una novela bachiana—, una fuga, una cantata, un algo que contiene una melodía principal que se bifurca en una infinidad de pequeños mundos cuyo fin es alertar, precisamente, sobre el fin de este único mundo.
La novela más posmodernamente moderna de László Krasznahorkai tiene a un joven idiota, Florian, Flori, Herscht, el loco del pueblo —siendo el pueblo un lugar llamado Kana, un algo perdido en Turingia, repleto de neonazis, o nazzis, para su protagonista—, como epicentro de una peculiarísima y adictiva historia que tira de ti como si fuese algún tipo de cuerda, que está sujetándote, se te lleva, cada vez un poco más lejos; te preguntas cómo y no hay otra respuesta que la digresiva realidad ficticia imposiblemente encantadora y triste, ilusa, y terrible. Una sinfonía —no en vano se dice, en un subtítulo explicativo, que lo que tenemos entre manos es una novela bachiana—, una fuga, una cantata, un algo que contiene una melodía principal que se bifurca en una infinidad de pequeños mundos cuyo fin es alertar, precisamente, sobre el fin de este único mundo. Seguir leyendo
La novela más posmodernamente moderna de László Krasznahorkai tiene a un joven idiota, Florian, Flori, Herscht, el loco del pueblo —siendo el pueblo un lugar llamado Kana, un algo perdido en Turingia, repleto de neonazis, o nazzis, para su protagonista—, como epicentro de una peculiarísima y adictiva historia que tira de ti como si fuese algún tipo de cuerda, que está sujetándote, se te lleva, cada vez un poco más lejos; te preguntas cómo y no hay otra respuesta que la digresiva realidad ficticia imposiblemente encantadora y triste, ilusa, y terrible. Una sinfonía —no en vano se dice, en un subtítulo explicativo, que lo que tenemos entre manos es una novela bachiana—, una fuga, una cantata, un algo que contiene una melodía principal que se bifurca en una infinidad de pequeños mundos cuyo fin es alertar, precisamente, sobre el fin de este único mundo.
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