Los narcolaboratorios dejaron hace tiempo de ser instalaciones escondidas únicamente en lo profundo de la sierra. La producción de drogas sintéticas puede trasladarse a ranchos, bodegas, construcciones abandonadas y viviendas donde resulte posible ocultar sustancias, equipo y movimientos. En una ciudad extensa como Juárez, con amplias zonas despobladas alrededor, esa posibilidad obliga a mirar también hacia la frontera.
El aseguramiento de más de 20 mil litros de precursores químicos que viajaban desde Jiménez con destino a esta región alimenta esa hipótesis, aunque hasta ahora ninguna autoridad ha informado que el cargamento estuviera destinado a un laboratorio ubicado en Juárez.
La cantidad encontrada permite plantear una pregunta relevante. Si los químicos venían hacia la frontera, ¿dónde serían almacenados, procesados o entregados? Seguir esa ruta podría conducir hacia otros puntos de distribución e incluso instalaciones clandestinas.
Un laboratorio casero puede operar en espacios relativamente discretos. Viviendas, bodegas y propiedades aisladas ofrecen condiciones para esconder recipientes, sustancias y equipo. Otros centros de producción requieren superficies mayores y suelen buscar zonas rurales donde olores, residuos y movimiento de materiales resulten menos visibles.
Juárez reúne ambas posibilidades geográficas. Tiene una extensa mancha urbana donde existen inmuebles desocupados y, a pocos kilómetros, grandes superficies despobladas conectadas mediante caminos secundarios.
Los laboratorios encontrados anteriormente en la sierra de Chihuahua confirman que la producción clandestina existe en el estado. El cargamento interceptado en Sueco-Ahumada no demuestra que haya narcolaboratorios en Juárez, aunque proporciona una ruta que las investigaciones podrían seguir. Saber quién esperaba esos químicos y hacia dónde iban después de llegar a la frontera podría revelar una parte de la cadena que todavía permanece oculta.
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Los narcolaboratorios dejaron hace tiempo de ser instalaciones escondidas únicamente en lo profundo de la sierra. La producción de drogas sintéticas puede trasladarse a ranchos, bodegas, construcciones abandonadas y viviendas donde resulte posible ocultar sustancias, equipo y movimientos. En una ciudad extensa como Juárez, con amplias zonas despobladas alrededor, esa posibilidad obliga a mirar también hacia la frontera.
El aseguramiento de más de 20 mil litros de precursores químicos que viajaban desde Jiménez con destino a esta región alimenta esa hipótesis, aunque hasta ahora ninguna autoridad ha informado que el cargamento estuviera destinado a un laboratorio ubicado en Juárez.
La cantidad encontrada permite plantear una pregunta relevante. Si los químicos venían hacia la frontera, ¿dónde serían almacenados, procesados o entregados? Seguir esa ruta podría conducir hacia otros puntos de distribución e incluso instalaciones clandestinas.
Un laboratorio casero puede operar en espacios relativamente discretos. Viviendas, bodegas y propiedades aisladas ofrecen condiciones para esconder recipientes, sustancias y equipo. Otros centros de producción requieren superficies mayores y suelen buscar zonas rurales donde olores, residuos y movimiento de materiales resulten menos visibles.
Juárez reúne ambas posibilidades geográficas. Tiene una extensa mancha urbana donde existen inmuebles desocupados y, a pocos kilómetros, grandes superficies despobladas conectadas mediante caminos secundarios.
Los laboratorios encontrados anteriormente en la sierra de Chihuahua confirman que la producción clandestina existe en el estado. El cargamento interceptado en Sueco-Ahumada no demuestra que haya narcolaboratorios en Juárez, aunque proporciona una ruta que las investigaciones podrían seguir. Saber quién esperaba esos químicos y hacia dónde iban después de llegar a la frontera podría revelar una parte de la cadena que todavía permanece oculta.
Diario MX
