Un ataque con ácido puede significar prácticamente matar a una persona en vida. El cuerpo sobrevive, pero quedan quemaduras, cirugías, dolor y secuelas que pueden acompañar a la víctima durante décadas. La historia de María Consuelo Córdoba, en Colombia, volvió a mostrar hasta dónde puede llegar esta forma de violencia.
Córdoba fue atacada con ácido en 2000. Desde entonces ha enfrentado decenas de operaciones reconstructivas, además de dificultades económicas y años buscando recuperar parte de lo perdido. Su historia volvió a conocerse recientemente porque tenía autorización para acceder a la eutanasia, aprobada desde años atrás.
La difusión de su caso provocó una ola de solidaridad. Aparecieron especialistas dispuestos a continuar su reconstrucción y ofrecimientos de apoyo económico. En días recientes, Córdoba anunció que desistía de la eutanasia y que nuevamente apostaría por seguir viviendo.
Historias como ésta permiten dimensionar la importancia de lo aprobado ahora en Chihuahua. El Congreso estatal avaló por unanimidad la llamada Ley Malena, que endurece las sanciones contra quienes provoquen lesiones utilizando ácido, sustancias químicas, corrosivas o líquidos a altas temperaturas.
La reforma establece que la pena de prisión podrá incrementarse en una mitad y contempla castigos adicionales cuando las víctimas sean menores de edad o mujeres atacadas por razones de género. La legislación lleva el nombre de María Elena Ríos, saxofonista atacada con ácido sulfúrico en Oaxaca en 2019, cuyo caso se convirtió en referente nacional.
Lo aprobado en Chihuahua representa un avance porque reconoce la dimensión de estas agresiones. Arrojar ácido sobre una persona puede tomar apenas segundos. Las consecuencias pueden ocupar el resto de su vida.
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Un ataque con ácido puede significar prácticamente matar a una persona en vida. El cuerpo sobrevive, pero quedan quemaduras, cirugías, dolor y secuelas que pueden acompañar a la víctima durante décadas. La historia de María Consuelo Córdoba, en Colombia, volvió a mostrar hasta dónde puede llegar esta forma de violencia.
Córdoba fue atacada con ácido en 2000. Desde entonces ha enfrentado decenas de operaciones reconstructivas, además de dificultades económicas y años buscando recuperar parte de lo perdido. Su historia volvió a conocerse recientemente porque tenía autorización para acceder a la eutanasia, aprobada desde años atrás.
La difusión de su caso provocó una ola de solidaridad. Aparecieron especialistas dispuestos a continuar su reconstrucción y ofrecimientos de apoyo económico. En días recientes, Córdoba anunció que desistía de la eutanasia y que nuevamente apostaría por seguir viviendo.
Historias como ésta permiten dimensionar la importancia de lo aprobado ahora en Chihuahua. El Congreso estatal avaló por unanimidad la llamada Ley Malena, que endurece las sanciones contra quienes provoquen lesiones utilizando ácido, sustancias químicas, corrosivas o líquidos a altas temperaturas.
La reforma establece que la pena de prisión podrá incrementarse en una mitad y contempla castigos adicionales cuando las víctimas sean menores de edad o mujeres atacadas por razones de género. La legislación lleva el nombre de María Elena Ríos, saxofonista atacada con ácido sulfúrico en Oaxaca en 2019, cuyo caso se convirtió en referente nacional.
Lo aprobado en Chihuahua representa un avance porque reconoce la dimensión de estas agresiones. Arrojar ácido sobre una persona puede tomar apenas segundos. Las consecuencias pueden ocupar el resto de su vida.
Diario MX
