La Bienal del Libro de São Paulo, que termina este domingo después de diez días, puede resultarle un lugar marciano al lector español aficionado a las ferias: hay por todas partes juventud, mucha juventud, toneladas de juventud (mayoritariamente femenina) que pasea entre stands con ínfulas arquitectónicas iluminados por luces de colores. Una moqueta oscura evita que las maletas trolley hagan ese sonido que anuncia al turismo salvaje: aquí se utilizan para llenarlas de libros, kilos y kilos de libros.
La Bienal del Libro de São Paulo, que termina este domingo después de diez días, puede resultarle un lugar marciano al lector español aficionado a las ferias: hay por todas partes juventud, mucha juventud, toneladas de juventud (mayoritariamente femenina) que pasea entre stands con ínfulas arquitectónicas iluminados por luces de colores. Una moqueta oscura evita que las maletas trolley hagan ese sonido que anuncia al turismo salvaje: aquí se utilizan para llenarlas de libros, kilos y kilos de libros. Seguir leyendo
La Bienal del Libro de São Paulo, que termina este domingo después de diez días, puede resultarle un lugar marciano al lector español aficionado a las ferias: hay por todas partes juventud, mucha juventud, toneladas de juventud (mayoritariamente femenina) que pasea entre stands con ínfulas arquitectónicas iluminados por luces de colores. Una moqueta oscura evita que las maletas trolley hagan ese sonido que anuncia al turismo salvaje: aquí se utilizan para llenarlas de libros, kilos y kilos de libros.
