Un joven hereda la casa de su abuela en Santiago, lo que despierta los celos y envidias de sus tías que esperaban ser las merecedoras de dicho legado. Mientras tanto, él intenta hacerse un espacio en una ciudad y un entorno no muy acogedores, sobre todo por ser él un muchacho excesivamente protegido y con sobrepeso que no se esfuerza en tener amigos ni en cultivar sus relaciones familiares. Estructurada en breves capítulos, Regalón, la primera novela de Cristian Hualacan (1995), está atravesada por una estética minimalista que construye un mundo donde se sugiere más de lo que se explicita; donde las omisiones y los sobreentendidos son lo que llevan la voz cantante de las relaciones humanas, y donde no hay una épica de la superación, sino apenas de la supervivencia ante un mundo que, más que hostil, es indiferente ante todos y cada uno de los que componen el escenario donde se desarrolla la acción.
Estructurada en breves capítulos, ‘Regalón’, la primera novela de Cristian Hualacan, está atravesada por una estética minimalista que construye un mundo donde se sugiere más de lo que se explicita
Un joven hereda la casa de su abuela en Santiago, lo que despierta los celos y envidias de sus tías que esperaban ser las merecedoras de dicho legado. Mientras tanto, él intenta hacerse un espacio en una ciudad y un entorno no muy acogedores, sobre todo por ser él un muchacho excesivamente protegido y con sobrepeso que no se esfuerza en tener amigos ni en cultivar sus relaciones familiares. Estructurada en breves capítulos, Regalón, la primera novela de Cristian Hualacan (1995), está atravesada por una estética minimalista que construye un mundo donde se sugiere más de lo que se explicita; donde las omisiones y los sobreentendidos son lo que llevan la voz cantante de las relaciones humanas, y donde no hay una épica de la superación, sino apenas de la supervivencia ante un mundo que, más que hostil, es indiferente ante todos y cada uno de los que componen el escenario donde se desarrolla la acción.
