Ahí está, imperturbable. La pila de libros que hemos ido dejando aparcados en la mesilla a lo largo del año no ha decrecido ni un ápice, es más, parece que ha doblado su tamaño desde la última vez que le prestamos atención. Menos mal que es verano, temporada favorita de lectura para quienes no encuentran el hueco cuando la rutina aprieta o para aquellos que prefieren reservarse este momento del año, a sabiendas de que podrán permitirse ese placer que es coger un libro y no soltarlo hasta varias horas después porque no hay obligaciones a la vista.
Ahí está, imperturbable. La pila de libros que hemos ido dejando aparcados en la mesilla a lo largo del año no ha decrecido ni un ápice, es más, parece que ha doblado su tamaño desde la última vez que le prestamos atención. Menos mal que es verano, temporada favorita de lectura para quienes no encuentran el hueco cuando la rutina aprieta o para aquellos que prefieren reservarse este momento del año, a sabiendas de que podrán permitirse ese placer que es coger un libro y no soltarlo hasta varias horas después porque no hay obligaciones a la vista. Seguir leyendo
Ahí está, imperturbable. La pila de libros que hemos ido dejando aparcados en la mesilla a lo largo del año no ha decrecido ni un ápice, es más, parece que ha doblado su tamaño desde la última vez que le prestamos atención. Menos mal que es verano, temporada favorita de lectura para quienes no encuentran el hueco cuando la rutina aprieta o para aquellos que prefieren reservarse este momento del año, a sabiendas de que podrán permitirse ese placer que es coger un libro y no soltarlo hasta varias horas después porque no hay obligaciones a la vista.
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