En el museo Villa Colloredo de Recanati (Italia) hay un óleo que produce más risa que respeto. Es la Anunciación de Lorenzo Lotto: una María que parece estar leyendo tranquilamente la Biblia hasta que a su espalda irrumpe el mensajero divino. Aturdida, se aparta y se gira hacia el espectador como pidiendo complicidad. Un gato escapa asustado ante la aparición del arcángel mientras el Padre, con una túnica casi calcada a la de la Virgen, observa la escena desde lo alto. El cuadro es un disparate. O eso parece. Para George Steiner, en cambio, ahí se cifra el cepo de la teofanía, “la muestra más incisiva de los esfuerzos de la estética para huir de la encarnación”.
En el museo Villa Colloredo de Recanati (Italia) hay un óleo que produce más risa que respeto. Es la Anunciación de Lorenzo Lotto: una María que parece estar leyendo tranquilamente la Biblia hasta que a su espalda irrumpe el mensajero divino. Aturdida, se aparta y se gira hacia el espectador como pidiendo complicidad. Un gato escapa asustado ante la aparición del arcángel mientras el Padre, con una túnica casi calcada a la de la Virgen, observa la escena desde lo alto. El cuadro es un disparate. O eso parece. Para George Steiner, en cambio, ahí se cifra el cepo de la teofanía, “la muestra más incisiva de los esfuerzos de la estética para huir de la encarnación”. Seguir leyendo
En el museo Villa Colloredo de Recanati (Italia) hay un óleo que produce más risa que respeto. Es la Anunciación de Lorenzo Lotto: una María que parece estar leyendo tranquilamente la Biblia hasta que a su espalda irrumpe el mensajero divino. Aturdida, se aparta y se gira hacia el espectador como pidiendo complicidad. Un gato escapa asustado ante la aparición del arcángel mientras el Padre, con una túnica casi calcada a la de la Virgen, observa la escena desde lo alto. El cuadro es un disparate. O eso parece. Para George Steiner, en cambio, ahí se cifra el cepo de la teofanía, “la muestra más incisiva de los esfuerzos de la estética para huir de la encarnación”.
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