Una niña que no encaja entre sus compañeros fantasea en las horas de clase con que es una princesa que habita en un castillo. El castillo se encuentra en el pueblo francés de Moncheaux y con ella vive su unicornio. Es una fantasía, sí, pero está inspirada en el origen noble del apellido paterno de Cathy de Monchaux (Londres, 65 años). Su realidad, determinada por una familia de artistas que la llevó a vivir en un área pobre del sur de Londres, estaba bien alejada del castillo. La neurodivergencia que padecía entonces se transformó en su vida adulta en el carburador que la convirtió en artista. Así, el unicornio se convirtió en una escultura y, junto con paisajes de ensueños, texturas suaves y alusiones al cuerpo femenino, llegó a configurar el núcleo de su obra. “Soy capaz de traducir el trauma de mi vida a mi trabajo. Es el don de ser artista”, cuenta Cathy de Moncheaux en una charla telefónica. Hoy una buena selección de sus obras cuelga ahora en el Palais de Tokyo de París, uno de los museos de arte contemporáneo más importantes de Europa, como parte de un conjunto de ocho exposiciones que se exhiben bajo el paraguas de Estándares corporales.
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Una niña que no encaja entre sus compañeros fantasea en las horas de clase con que es una princesa que habita en un castillo. El castillo se encuentra en el pueblo francés de Moncheaux y con ella vive su unicornio. Es una fantasía, sí, pero está inspirada en el origen noble del apellido paterno de Cathy de Monchaux (Londres, 65 años). Su realidad, determinada por una familia de artistas que la llevó a vivir en un área pobre del sur de Londres, estaba bien alejada del castillo. La neurodivergencia que padecía entonces se transformó en su vida adulta en el carburador que la convirtió en artista. Así, el unicornio se convirtió en una escultura y, junto con paisajes de ensueños, texturas suaves y alusiones al cuerpo femenino, llegó a configurar el núcleo de su obra. “Soy capaz de traducir el trauma de mi vida a mi trabajo. Es el don de ser artista”, cuenta Cathy de Moncheaux en una charla telefónica. Hoy una buena selección de sus obras cuelga ahora en el Palais de Tokyo de París, uno de los museos de arte contemporáneo más importantes de Europa, como parte de un conjunto de ocho exposiciones que se exhiben bajo el paraguas de Estándares corporales.
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