El uso de cigarrillos electrónicos (vapeo) con nicotina durante la adolescencia puede dejar una huella duradera en el sistema de recompensa del cerebro, impulsando conductas de búsqueda de nicotina hasta bien entrada la edad adulta, incluso tras largos períodos sin exposición alguna; así lo indica una nueva investigación dirigida por científicos de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP).
Los hallazgos, publicados en la revista *Psychopharmacology*, provienen de un estudio realizado por un equipo de la UTEP que colaboró entre la Facultad de Farmacia y el Departamento de Psicología de la Facultad de Artes Liberales.
Mediante un modelo animal de uso de cigarrillos electrónicos, los investigadores monitorearon la conducta de búsqueda de recompensas desde la adolescencia hasta la etapa adulta avanzada.
El resultado más llamativo se obtuvo en la fase final del estudio, realizada en la edad adulta avanzada, según informó el equipo. Tras un largo periodo de abstinencia, los sujetos expuestos a vapores de nicotina en etapas tempranas de la vida buscaron nicotina con mucha mayor frecuencia que aquellos que nunca habían estado expuestos. Esta conducta persistió a pesar del largo intervalo, lo que sugiere cambios duraderos en la forma en que el cerebro responde a la nicotina.
«Lo que descubrimos es que los efectos de la exposición temprana a vapores de nicotina no desaparecen simplemente con el paso del tiempo», afirmó el Dr. Ian Méndez, profesor asociado de Farmacia en la UTEP, director del Departamento de Ciencias Farmacéuticas y autor de correspondencia del estudio. «Incluso después de un periodo prolongado sin ninguna exposición a la nicotina, esa exposición inicial seguía influyendo en el comportamiento en etapas posteriores de la vida. Esto es de suma importancia para los millones de jóvenes que comenzaron a vapear en la adolescencia y que ahora mantienen el hábito en la edad adulta».
Un segundo experimento analizó si los vapores de nicotina por sí solos motivaban la realización de tareas sostenidas que requerían esfuerzo. Cuando cada administración de nicotina exigía un esfuerzo creciente, la sustancia provocaba una respuesta apenas moderada. En cambio, cuando el esfuerzo requerido era bajo, los sujetos mostraban una clara preferencia por el dispensador que suministraba nicotina. Este patrón coincide con hallazgos previos que señalan a la nicotina como un reforzador comparativamente sutil, e ilustra la complejidad que conlleva reproducir la conducta de vapeo en un modelo preclínico.
Esta investigación se publica en un momento de preocupación constante por el vapeo entre los jóvenes. Los cigarrillos electrónicos siguen siendo el producto de nicotina más utilizado por los adolescentes estadounidenses, según datos de la Encuesta Nacional sobre Tabaco en Jóvenes (NYTS, por sus siglas en inglés) de la FDA. El consumo de nicotina es la principal causa prevenible de enfermedad, muerte y discapacidad en Estados Unidos; sin embargo, los efectos acumulativos del vapeo en la salud —que comienzan en la adolescencia y persisten hasta la edad adulta— aún no se comprenden bien, señalaron los investigadores.
«Nuestro profesorado y nuestros estudiantes se enfrentan a una crisis de salud pública que afecta a muchos hogares», afirmó José O. Rivera, Pharm.D., decano fundador y profesor de la Facultad de Farmacia de la UTEP. «Y lo hacen con el rigor y la creatividad que caracterizan a esta universidad».
Los autores señalan que el estudio se centró únicamente en sujetos varones y abogan por investigaciones futuras que incluyan a mujeres, citando las diferencias bien documentadas entre sexos en los mecanismos que impulsan el trastorno por consumo de nicotina. Asimismo, recomiendan que estudios posteriores analicen cómo los aditivos y metabolitos específicos de los líquidos para cigarrillos electrónicos (las sustancias que se calientan y se transforman en aerosol inhalable mediante estos dispositivos) afectan al cerebro y al comportamiento.
El estudio contó con el apoyo de una subvención de los Institutos Nacionales de Salud (NIH).
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El uso de cigarrillos electrónicos (vapeo) con nicotina durante la adolescencia puede dejar una huella duradera en el sistema de recompensa del cerebro, impulsando conductas de búsqueda de nicotina hasta bien entrada la edad adulta, incluso tras largos períodos sin exposición alguna; así lo indica una nueva investigación dirigida por científicos de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP).
Los hallazgos, publicados en la revista *Psychopharmacology*, provienen de un estudio realizado por un equipo de la UTEP que colaboró entre la Facultad de Farmacia y el Departamento de Psicología de la Facultad de Artes Liberales.
Mediante un modelo animal de uso de cigarrillos electrónicos, los investigadores monitorearon la conducta de búsqueda de recompensas desde la adolescencia hasta la etapa adulta avanzada.
El resultado más llamativo se obtuvo en la fase final del estudio, realizada en la edad adulta avanzada, según informó el equipo. Tras un largo periodo de abstinencia, los sujetos expuestos a vapores de nicotina en etapas tempranas de la vida buscaron nicotina con mucha mayor frecuencia que aquellos que nunca habían estado expuestos. Esta conducta persistió a pesar del largo intervalo, lo que sugiere cambios duraderos en la forma en que el cerebro responde a la nicotina.
«Lo que descubrimos es que los efectos de la exposición temprana a vapores de nicotina no desaparecen simplemente con el paso del tiempo», afirmó el Dr. Ian Méndez, profesor asociado de Farmacia en la UTEP, director del Departamento de Ciencias Farmacéuticas y autor de correspondencia del estudio. «Incluso después de un periodo prolongado sin ninguna exposición a la nicotina, esa exposición inicial seguía influyendo en el comportamiento en etapas posteriores de la vida. Esto es de suma importancia para los millones de jóvenes que comenzaron a vapear en la adolescencia y que ahora mantienen el hábito en la edad adulta».
Un segundo experimento analizó si los vapores de nicotina por sí solos motivaban la realización de tareas sostenidas que requerían esfuerzo. Cuando cada administración de nicotina exigía un esfuerzo creciente, la sustancia provocaba una respuesta apenas moderada. En cambio, cuando el esfuerzo requerido era bajo, los sujetos mostraban una clara preferencia por el dispensador que suministraba nicotina. Este patrón coincide con hallazgos previos que señalan a la nicotina como un reforzador comparativamente sutil, e ilustra la complejidad que conlleva reproducir la conducta de vapeo en un modelo preclínico.
Esta investigación se publica en un momento de preocupación constante por el vapeo entre los jóvenes. Los cigarrillos electrónicos siguen siendo el producto de nicotina más utilizado por los adolescentes estadounidenses, según datos de la Encuesta Nacional sobre Tabaco en Jóvenes (NYTS, por sus siglas en inglés) de la FDA. El consumo de nicotina es la principal causa prevenible de enfermedad, muerte y discapacidad en Estados Unidos; sin embargo, los efectos acumulativos del vapeo en la salud —que comienzan en la adolescencia y persisten hasta la edad adulta— aún no se comprenden bien, señalaron los investigadores.
«Nuestro profesorado y nuestros estudiantes se enfrentan a una crisis de salud pública que afecta a muchos hogares», afirmó José O. Rivera, Pharm.D., decano fundador y profesor de la Facultad de Farmacia de la UTEP. «Y lo hacen con el rigor y la creatividad que caracterizan a esta universidad».
Los autores señalan que el estudio se centró únicamente en sujetos varones y abogan por investigaciones futuras que incluyan a mujeres, citando las diferencias bien documentadas entre sexos en los mecanismos que impulsan el trastorno por consumo de nicotina. Asimismo, recomiendan que estudios posteriores analicen cómo los aditivos y metabolitos específicos de los líquidos para cigarrillos electrónicos (las sustancias que se calientan y se transforman en aerosol inhalable mediante estos dispositivos) afectan al cerebro y al comportamiento.
El estudio contó con el apoyo de una subvención de los Institutos Nacionales de Salud (NIH).
Diario MX
