Juan Crisóstomo de Arriaga nació el mismo día que Mozart —con medio siglo exacto de diferencia— y, al igual que el genio salzburgués, su vida discurrió entre la precocidad del niño prodigio y el malditismo de lo que habría de ser una muerte prematura. Diez días antes de cumplir 20 años, el 17 de enero de 1826, el compositor bilbaíno fue enterrado en una fosa común del cementerio de Montmartre. “Han pasado dos siglos y Arriaga sigue sin ocupar el lugar que merece en el canon de la música europea”, afirma Cibrán Sierra, violinista del Cuarteto Quiroga, cuyo último disco aspira a saldar esa deuda histórica.
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Juan Crisóstomo de Arriaga nació el mismo día que Mozart —con medio siglo exacto de diferencia— y, al igual que el genio salzburgués, su vida discurrió entre la precocidad del niño prodigio y el malditismo de lo que habría de ser una muerte prematura. Diez días antes de cumplir 20 años, el 17 de enero de 1826, el compositor bilbaíno fue enterrado en una fosa común del cementerio de Montmartre. “Han pasado dos siglos y Arriaga sigue sin ocupar el lugar que merece en el canon de la música europea”, afirma Cibrán Sierra, violinista del Cuarteto Quiroga, cuyo último disco aspira a saldar esa deuda histórica.
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