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  cultura  Tres siglos después, persiste devoción por San Lorenzo
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Tres siglos después, persiste devoción por San Lorenzo

marketingmarketing—9 de agosto de 2026
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Ciudad Juárez.- Mucho antes de que Paso del Norte se convirtiera en Ciudad Juárez, cuando la población apenas comenzaba a establecerse alrededor de la Misión de Guadalupe y el río Bravo marcaba buena parte de la vida de sus habitantes, ya existía en esta región un pequeño oratorio dedicado a San Lorenzo.
Más de tres siglos después, aquella devoción permanece.

Cada agosto, miles de personas llegan al Santuario de San Lorenzo para participar en la fiesta patronal. Algunas caminan para cumplir una promesa, otras regresan desde Estados Unidos para agradecer por una petición que consideran concedida. Hay quienes acuden por salud, trabajo, familia o por un trámite migratorio, mientras otras familias mantienen una tradición que heredaron de sus padres y abuelos.

El padre Alfredo Abdo Rohana ha sido testigo de buena parte de esa historia reciente. Llegó al templo el 29 de diciembre de 1991 y este año cumplirá 35 al frente de la parroquia. En ese tiempo ha visto cambiar la ciudad, modificaciones en el recorrido de la peregrinación y pasar generaciones completas por las puertas del santuario, pero también ha comprobado que las razones para acudir ante San Lorenzo siguen siendo prácticamente las mismas.

Una devoción que nació con Paso del Norte

La historia que conserva el santuario ubica los primeros antecedentes de esta devoción poco más de 20 años después de la fundación de Paso del Norte, ocurrida en 1659. En aquella época comenzaron a establecerse pequeños grupos de protección en distintos puntos del cauce del río Bravo para resguardar a la población que se desarrollaba alrededor de la Misión de Guadalupe.

Junto a esos grupos se levantaron pequeños oratorios. Uno de ellos quedó dedicado a San Lorenzo en 1684 y, de acuerdo con la tradición transmitida a través de generaciones, la advocación quedó vinculada con un episodio ocurrido un 10 de agosto, cuando se detectó un posible levantamiento contra la incipiente comunidad y éste fue sofocado.

La devoción creció en una comunidad cuya vida estaba estrechamente relacionada con el río. Las sequías representaban períodos de necesidad, mientras que las crecientes podían destruir las pequeñas construcciones levantadas cerca del cauce.

Los habitantes recurrían a la oración para pedir lluvia cuando el agua escaseaba y protección cuando las corrientes aumentaban. Entre los relatos que permanecen en la memoria de la comunidad está el de una creciente que arrasó con el pequeño oratorio. Cuando las aguas bajaron, los pobladores recuperaron algunos objetos entre los restos de la construcción y, según la tradición, encontraron también la imagen de San Lorenzo.

Para quienes habían depositado su fe en el santo, aquel hallazgo reforzó una devoción que comenzó a transmitirse de generación en generación.

Una tradición arraigada en Chihuahua

San Lorenzo fue un diácono de la Iglesia de Roma y murió martirizado en el año 258. Su devoción se extendió por Europa. En España, El Escorial está dedicado a San Lorenzo y en Roma se encuentra la Basílica de San Lorenzo Extramuros.

El padre Abdo señaló que la advocación no tiene la misma presencia en todas las regiones de México, pero en Chihuahua existen comunidades y templos dedicados al santo en distintos puntos del estado.

Para el sacerdote, esa presencia adquirió una característica particular en esta entidad y, sobre todo, en Juárez. La ciudad está consagrada desde su fundación a

Nuestra Señora de Guadalupe, pero la tradición popular también reconoce a San Lorenzo como patrono de los juarenses. Ambas devociones forman parte de la historia religiosa de la comunidad.

Esa relación quedó reflejada en una de las tradiciones más importantes de la fiesta: la peregrinación desde Catedral hasta el santuario.

Más de 30 años al frente del santuario

El 29 de diciembre de 1991, el padre Alfredo Abdo Rohana fue presentado ante la comunidad de San Lorenzo. Llegó para sustituir al padre Aristeo Baca Cisneros, quien había permanecido nueve años en el templo y salió para continuar sus estudios en Salamanca, España.

Desde entonces ha permanecido al frente de la parroquia y ha acompañado a distintas generaciones de fronterizos. Este diciembre cumplirá 35 años en el santuario.

Una de las tradiciones que encontró al llegar fue el recuerdo de las antiguas peregrinaciones desde la Catedral. Feligreses mayores le contaban que cuando eran niños caminaban con sus padres y abuelos desde la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe hasta San Lorenzo.

Al escuchar esas historias, el padre Abdo decidió recuperar la peregrinación. En 1993 convocó a los juarenses para realizar nuevamente el recorrido desde Catedral. La tradición se mantuvo durante varios años, hasta que los cambios en las rutas del transporte urbano hicieron necesario modificar el trayecto.

La peregrinación dejó de partir desde Catedral y ahora inicia en una plaza ubicada por la calle Alameda y Vicente Guerrero, cerca del antiguo Galgódromo, para avanzar hasta el santuario.

El cambio de recorrido no terminó con la tradición. Cada año, miles de personas vuelven a caminar hacia San Lorenzo. En una ocasión, recuerda el sacerdote, un elemento de Vialidad calculó que alrededor de 20 mil personas habían participado.

El padre Abdo reconoce que nunca se ha preocupado por realizar un conteo formal, pero la cantidad de personas que llenan el templo, el estacionamiento y las calles permite dimensionar la fuerza de la celebración.

Una fe que pasa de padres a hijos

La historia del santuario también puede contarse a través de quienes acuden cada año.
María Elena comenzó su relación con San Lorenzo cuando era niña y su madre la llevaba al templo. Con el tiempo, ella hizo lo mismo con sus hijos.

“Para mí, San Lorenzo no es solamente una imagen, es parte de mi familia y de mi vida”, cuenta.

Su devoción está relacionada con los momentos difíciles, pero también con el agradecimiento.

“Cuando tengo un problema o cuando alguno de mis hijos está enfermo, le pido a San Lorenzo y siento que me escucha. Por eso cada año trato de venir, aunque sea un momento, a agradecerle. Hay cosas que uno no puede explicar, pero que las siente en el corazón”, relata.

José Luis recibió la devoción de sus abuelos. Desde pequeño acudía al templo con ellos y aprendió que la relación con el santo no consistía únicamente en pedir.

“Ellos venían a San Lorenzo y desde pequeño me enseñaron que había que pedir, pero también había que agradecer”, explica.
Con los años, esa enseñanza adquirió para él otro significado.

“He venido a pedir por mi familia, por trabajo, por salud y por muchas cosas, pero también he venido a dar gracias. Cuando veo a tanta gente caminar hasta aquí, con niños, con sus familias, algunos incluso cumpliendo una manda, me recuerda que esta tradición sigue viva”, afirma.

Rosa representa a quienes mantienen una promesa personal con el santo. Hace algunos años acudió a San Lorenzo en medio de una situación difícil para su familia. Pidió ayuda y prometió regresar si las cosas salían bien.

“Le prometí que si las cosas salían bien iba a venir a agradecerle. Salieron bien y desde entonces no he dejado de venir”, cuenta.

Para ella, cumplir una manda representa una forma de agradecer.

“A veces la gente ve a quienes llegan caminando o haciendo algún sacrificio y no sabe lo que hay detrás. Cada persona trae su propia historia y su propia petición”, señala.

Peticiones que reflejan la historia de la frontera

El padre Abdo ha escuchado durante años las peticiones de quienes llegan al santuario. En ellas también se refleja la historia de Ciudad Juárez.

Durante los conflictos bélicos de la segunda mitad del siglo pasado, muchas familias de la frontera tenían hijos que eran ciudadanos estadounidenses y fueron llamados a las Fuerzas Armadas. El sacerdote recuerda fotografías de jóvenes vestidos con uniforme que sus familias colocaban en el templo junto con peticiones para que regresaran con bien.

Con el paso de las décadas, las peticiones cambiaron. Hoy una parte importante está relacionada con la salud, el empleo, la familia y los trámites migratorios.

En este último punto, el padre Abdo recuerda una anécdota que le contó el entonces obispo Renato Ascencio León después de una reunión con un cónsul estadounidense.

Según el relato, el funcionario comentó que algunas personas que recibían una respuesta favorable en sus procesos migratorios expresaban su alegría con una frase: “Gracias a San Lorencito”.

La anécdota quedó en la memoria del sacerdote porque él mismo ha escuchado expresiones similares de personas que acuden al templo antes de una cita migratoria.

Es común, explica, que una persona o una pareja llegue para pedir por un trámite relacionado con la residencia o por la posibilidad de reunirse con un familiar. Después, algunos regresan para agradecer.

La frontera también ha hecho que San Lorenzo sea punto de encuentro para personas que viven en Estados Unidos. Durante las fiestas patronales llegan fieles de distintas ciudades. Algunos mantienen la costumbre desde que vivían en Juárez y otros regresan para cumplir una promesa.

Hay quienes pasan meses ahorrando para poder regresar durante agosto. De esa manera, la devoción mantiene un vínculo entre quienes permanecieron en la ciudad y quienes emigraron.

La petición más importante

Aunque las peticiones son diversas, el sacerdote considera que existe una que debería estar por encima de todas las demás: la conversión personal.

Para el padre Abdo, acudir ante San Lorenzo no debe convertirse únicamente en una búsqueda de favores. Pedir trabajo, salud, solucionar un problema familiar o resolver un trámite no está mal, explica, pero la devoción también debe llevar a la persona a revisar su propia conducta.

“Señor, si yo ando mal, ayúdame a cambiar mi vida”, es la oración que propone a quienes llegan al santuario.

La reflexión adquiere un significado particular en una ciudad fronteriza que durante décadas ha enfrentado problemas relacionados con la violencia y el crimen.

El sacerdote reconoce que incluso personas dedicadas a actividades ilícitas pueden acercarse al templo para pedir protección. Para él, existe una contradicción cuando alguien busca utilizar la fe para proteger una actividad que causa daño.

No se trata de juzgar quién entra al santuario, sino de recordar que la devoción debe conducir a una vida distinta. Por eso insiste en que la primera petición debe ser por la propia conversión.

El santo, desde su perspectiva, no debe convertirse en un medio para justificar conductas, sino en un ejemplo que lleve a la persona a preguntarse qué puede cambiar en su propia vida.

La mirada sobre Juárez

El padre Abdo llegó a Ciudad Juárez cuando tenía 12 años. Desde entonces ha vivido alrededor de seis décadas en esta frontera.

A lo largo de ese tiempo ha escuchado las historias que muchas veces se cuentan sobre la ciudad: violencia, narcotráfico, migración y problemas sociales. Sin embargo, su experiencia cotidiana le permite tener otra mirada.

Dice sentirse satisfecho de vivir en Juárez y destaca la nobleza de sus habitantes. Ha conocido a familias que llegan al templo con necesidades económicas, a personas que trabajan durante todo el año para poder regresar en agosto y a quienes ayudan a otros sin buscar reconocimiento.

Para el sacerdote, esa también es la ciudad que debe contarse. San Lorenzo ha sido testigo de esa parte de Juárez durante generaciones.
En el templo coinciden personas de distintos sectores sociales. Llegan familias, trabajadores y profesionistas. La devoción es el punto que los reúne.

La fiesta religiosa y la feria

La celebración del santo tiene dos dimensiones que durante los últimos años han buscado mantenerse separadas: la religiosa y la feria que se instala en el exterior.

El padre Abdo explica que la organización de los puestos y los juegos mecánicos corresponde a los comerciantes, mientras que la parroquia se encarga de las actividades religiosas.

En la plaza ubicada frente al templo se instalan puestos de comida, juegos mecánicos y otros espacios comerciales. El movimiento comienza días antes y alcanza su mayor actividad durante la fiesta patronal.

Como parte del acuerdo establecido con los comerciantes, al concluir las actividades realizan una aportación económica al templo. El sacerdote compara esa contribución, de manera coloquial, con un diezmo.

Los recursos se destinan a las necesidades de la iglesia y también permiten apoyar otras obras eclesiásticas en Ciudad Juárez.

Para el padre Abdo, la feria forma parte de la tradición que rodea la celebración, pero el origen y el sentido de la fiesta siguen siendo religiosos.

Una noche para caminar y agradecer

La celebración tiene uno de sus momentos principales durante la noche del 9 de agosto. La peregrinación parte a las 8 de la noche desde la zona de Alameda y Vicente Guerrero. Los participantes recorren el trayecto hasta el santuario con la imagen de San Lorenzo.

A las 10 de la noche se celebra la misa en el exterior del templo. Este año será presidida por el padre Armando Benavides, administrador diocesano, debido a la sede vacante.

A medianoche se celebra la Misa de Gallo dentro del templo, acompañada por mariachi. El santuario permanece abierto durante toda la noche para recibir a los fieles.

La madrugada se convierte así en una de las escenas características de la celebración: familias que llegan después de la peregrinación, personas que esperan para entrar al templo y quienes prefieren acudir durante las primeras horas del 10 de agosto.

El padre Abdo explica que el templo cuenta con alrededor de 90 bancas, con capacidad aproximada para 540 personas, pero las misas se llenan y son necesarias más celebraciones para recibir a todos.

Una tradición que sigue viva

La historia de San Lorenzo en Ciudad Juárez no se limita a una imagen religiosa ni a una fiesta. Es una historia que comenzó cuando Paso del Norte apenas se formaba alrededor de la Misión de Guadalupe y que atravesó sequías, crecientes del río Bravo, transformaciones urbanas y cambios en la vida de sus habitantes.
La devoción sobrevivió a la transformación de la población y llegó hasta una ciudad que hoy es una de las principales fronteras del país.

También cambió la forma de celebrarla. Las nuevas generaciones sustituyeron a quienes alguna vez caminaron con sus padres y abuelos. Las calles por donde pasaban los primeros peregrinos cambiaron de aspecto.

Pero cada agosto vuelve a ocurrir algo parecido. Las familias se reúnen, los peregrinos caminan, el santuario abre sus puertas y los fieles llegan con sus propias historias. Algunos buscan ayuda. Otros cumplen una promesa. Muchos regresan para agradecer.

El padre Abdo ha acompañado a familias que llegaron con una petición y después regresaron para agradecer. Ha visto niños convertirse en adultos y llevar a sus propios hijos.

Por eso, cuando habla de la fiesta, su principal mensaje no está en la cantidad de personas que participan ni en la dimensión de la feria que se instala alrededor del templo. Está en la gratitud.

Para el sacerdote, la celebración debe servir para recordar la figura de San Lorenzo y, a partir de ella, mirar también la propia vida.

Pedir, pero también agradecer. Acudir por una necesidad, pero también regresar cuando ésta ha sido superada. Recibir una tradición, pero también transmitirla.

Más de tres siglos después de aquel primer oratorio, esa cadena continúa. Mientras cada agosto las calles vuelvan a llenarse de peregrinos rumbo al santuario, San Lorenzo seguirá formando parte de la historia de Ciudad Juárez.

Fiesta 2026

Las actividades del festejo comenzaron el sábado 1 de agosto con el novenario en honor a San Lorenzo y el jueves 6 se realizó la Hora Santa por los enfermos y adultos mayores.

Hoy domingo 9 de agosto se celebrarán las misas dominicales de las 8:00 de la mañana, 10:30 de la mañana y 1:00 de la tarde. A las 8:00 de la noche partirá la peregrinación hacia el santuario; a las 10:00 de la noche se celebrará la misa en el exterior y a medianoche tendrá lugar la Misa de Gallo.

El lunes 10 de agosto será la fiesta patronal. Las misas se celebrarán cada dos horas, desde las 8:00 de la mañana hasta las 8:00 de la noche, con celebraciones a las 8:00 y 10:00 de la mañana, 12:00 del mediodía, 2:00, 4:00, 6:00 y 8:00 de la noche.

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El sábado 15 de agosto concluirán las actividades con los bautizos. Las inscripciones estarán abiertas del 11 al 14 de agosto en la oficina del Santuario de San Lorenzo.

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Ciudad Juárez.- Mucho antes de que Paso del Norte se convirtiera en Ciudad Juárez, cuando la población apenas comenzaba a establecerse alrededor de la Misión de Guadalupe y el río Bravo marcaba buena parte de la vida de sus habitantes, ya existía en esta región un pequeño oratorio dedicado a San Lorenzo.
Más de tres siglos después, aquella devoción permanece.

Cada agosto, miles de personas llegan al Santuario de San Lorenzo para participar en la fiesta patronal. Algunas caminan para cumplir una promesa, otras regresan desde Estados Unidos para agradecer por una petición que consideran concedida. Hay quienes acuden por salud, trabajo, familia o por un trámite migratorio, mientras otras familias mantienen una tradición que heredaron de sus padres y abuelos.

El padre Alfredo Abdo Rohana ha sido testigo de buena parte de esa historia reciente. Llegó al templo el 29 de diciembre de 1991 y este año cumplirá 35 al frente de la parroquia. En ese tiempo ha visto cambiar la ciudad, modificaciones en el recorrido de la peregrinación y pasar generaciones completas por las puertas del santuario, pero también ha comprobado que las razones para acudir ante San Lorenzo siguen siendo prácticamente las mismas.

Una devoción que nació con Paso del Norte

La historia que conserva el santuario ubica los primeros antecedentes de esta devoción poco más de 20 años después de la fundación de Paso del Norte, ocurrida en 1659. En aquella época comenzaron a establecerse pequeños grupos de protección en distintos puntos del cauce del río Bravo para resguardar a la población que se desarrollaba alrededor de la Misión de Guadalupe.

Junto a esos grupos se levantaron pequeños oratorios. Uno de ellos quedó dedicado a San Lorenzo en 1684 y, de acuerdo con la tradición transmitida a través de generaciones, la advocación quedó vinculada con un episodio ocurrido un 10 de agosto, cuando se detectó un posible levantamiento contra la incipiente comunidad y éste fue sofocado.

La devoción creció en una comunidad cuya vida estaba estrechamente relacionada con el río. Las sequías representaban períodos de necesidad, mientras que las crecientes podían destruir las pequeñas construcciones levantadas cerca del cauce.

Los habitantes recurrían a la oración para pedir lluvia cuando el agua escaseaba y protección cuando las corrientes aumentaban. Entre los relatos que permanecen en la memoria de la comunidad está el de una creciente que arrasó con el pequeño oratorio. Cuando las aguas bajaron, los pobladores recuperaron algunos objetos entre los restos de la construcción y, según la tradición, encontraron también la imagen de San Lorenzo.

Para quienes habían depositado su fe en el santo, aquel hallazgo reforzó una devoción que comenzó a transmitirse de generación en generación.

Una tradición arraigada en Chihuahua

San Lorenzo fue un diácono de la Iglesia de Roma y murió martirizado en el año 258. Su devoción se extendió por Europa. En España, El Escorial está dedicado a San Lorenzo y en Roma se encuentra la Basílica de San Lorenzo Extramuros.

El padre Abdo señaló que la advocación no tiene la misma presencia en todas las regiones de México, pero en Chihuahua existen comunidades y templos dedicados al santo en distintos puntos del estado.

Para el sacerdote, esa presencia adquirió una característica particular en esta entidad y, sobre todo, en Juárez. La ciudad está consagrada desde su fundación a

Nuestra Señora de Guadalupe, pero la tradición popular también reconoce a San Lorenzo como patrono de los juarenses. Ambas devociones forman parte de la historia religiosa de la comunidad.

Esa relación quedó reflejada en una de las tradiciones más importantes de la fiesta: la peregrinación desde Catedral hasta el santuario.

Más de 30 años al frente del santuario

El 29 de diciembre de 1991, el padre Alfredo Abdo Rohana fue presentado ante la comunidad de San Lorenzo. Llegó para sustituir al padre Aristeo Baca Cisneros, quien había permanecido nueve años en el templo y salió para continuar sus estudios en Salamanca, España.

Desde entonces ha permanecido al frente de la parroquia y ha acompañado a distintas generaciones de fronterizos. Este diciembre cumplirá 35 años en el santuario.

Una de las tradiciones que encontró al llegar fue el recuerdo de las antiguas peregrinaciones desde la Catedral. Feligreses mayores le contaban que cuando eran niños caminaban con sus padres y abuelos desde la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe hasta San Lorenzo.

Al escuchar esas historias, el padre Abdo decidió recuperar la peregrinación. En 1993 convocó a los juarenses para realizar nuevamente el recorrido desde Catedral. La tradición se mantuvo durante varios años, hasta que los cambios en las rutas del transporte urbano hicieron necesario modificar el trayecto.

La peregrinación dejó de partir desde Catedral y ahora inicia en una plaza ubicada por la calle Alameda y Vicente Guerrero, cerca del antiguo Galgódromo, para avanzar hasta el santuario.

El cambio de recorrido no terminó con la tradición. Cada año, miles de personas vuelven a caminar hacia San Lorenzo. En una ocasión, recuerda el sacerdote, un elemento de Vialidad calculó que alrededor de 20 mil personas habían participado.

El padre Abdo reconoce que nunca se ha preocupado por realizar un conteo formal, pero la cantidad de personas que llenan el templo, el estacionamiento y las calles permite dimensionar la fuerza de la celebración.

Una fe que pasa de padres a hijos

La historia del santuario también puede contarse a través de quienes acuden cada año.
María Elena comenzó su relación con San Lorenzo cuando era niña y su madre la llevaba al templo. Con el tiempo, ella hizo lo mismo con sus hijos.

“Para mí, San Lorenzo no es solamente una imagen, es parte de mi familia y de mi vida”, cuenta.

Su devoción está relacionada con los momentos difíciles, pero también con el agradecimiento.

“Cuando tengo un problema o cuando alguno de mis hijos está enfermo, le pido a San Lorenzo y siento que me escucha. Por eso cada año trato de venir, aunque sea un momento, a agradecerle. Hay cosas que uno no puede explicar, pero que las siente en el corazón”, relata.

José Luis recibió la devoción de sus abuelos. Desde pequeño acudía al templo con ellos y aprendió que la relación con el santo no consistía únicamente en pedir.

“Ellos venían a San Lorenzo y desde pequeño me enseñaron que había que pedir, pero también había que agradecer”, explica.
Con los años, esa enseñanza adquirió para él otro significado.

“He venido a pedir por mi familia, por trabajo, por salud y por muchas cosas, pero también he venido a dar gracias. Cuando veo a tanta gente caminar hasta aquí, con niños, con sus familias, algunos incluso cumpliendo una manda, me recuerda que esta tradición sigue viva”, afirma.

Rosa representa a quienes mantienen una promesa personal con el santo. Hace algunos años acudió a San Lorenzo en medio de una situación difícil para su familia. Pidió ayuda y prometió regresar si las cosas salían bien.

“Le prometí que si las cosas salían bien iba a venir a agradecerle. Salieron bien y desde entonces no he dejado de venir”, cuenta.

Para ella, cumplir una manda representa una forma de agradecer.

“A veces la gente ve a quienes llegan caminando o haciendo algún sacrificio y no sabe lo que hay detrás. Cada persona trae su propia historia y su propia petición”, señala.

Peticiones que reflejan la historia de la frontera

El padre Abdo ha escuchado durante años las peticiones de quienes llegan al santuario. En ellas también se refleja la historia de Ciudad Juárez.

Durante los conflictos bélicos de la segunda mitad del siglo pasado, muchas familias de la frontera tenían hijos que eran ciudadanos estadounidenses y fueron llamados a las Fuerzas Armadas. El sacerdote recuerda fotografías de jóvenes vestidos con uniforme que sus familias colocaban en el templo junto con peticiones para que regresaran con bien.

Con el paso de las décadas, las peticiones cambiaron. Hoy una parte importante está relacionada con la salud, el empleo, la familia y los trámites migratorios.

En este último punto, el padre Abdo recuerda una anécdota que le contó el entonces obispo Renato Ascencio León después de una reunión con un cónsul estadounidense.

Según el relato, el funcionario comentó que algunas personas que recibían una respuesta favorable en sus procesos migratorios expresaban su alegría con una frase: “Gracias a San Lorencito”.

La anécdota quedó en la memoria del sacerdote porque él mismo ha escuchado expresiones similares de personas que acuden al templo antes de una cita migratoria.

Es común, explica, que una persona o una pareja llegue para pedir por un trámite relacionado con la residencia o por la posibilidad de reunirse con un familiar. Después, algunos regresan para agradecer.

La frontera también ha hecho que San Lorenzo sea punto de encuentro para personas que viven en Estados Unidos. Durante las fiestas patronales llegan fieles de distintas ciudades. Algunos mantienen la costumbre desde que vivían en Juárez y otros regresan para cumplir una promesa.

Hay quienes pasan meses ahorrando para poder regresar durante agosto. De esa manera, la devoción mantiene un vínculo entre quienes permanecieron en la ciudad y quienes emigraron.

La petición más importante

Aunque las peticiones son diversas, el sacerdote considera que existe una que debería estar por encima de todas las demás: la conversión personal.

Para el padre Abdo, acudir ante San Lorenzo no debe convertirse únicamente en una búsqueda de favores. Pedir trabajo, salud, solucionar un problema familiar o resolver un trámite no está mal, explica, pero la devoción también debe llevar a la persona a revisar su propia conducta.

“Señor, si yo ando mal, ayúdame a cambiar mi vida”, es la oración que propone a quienes llegan al santuario.

La reflexión adquiere un significado particular en una ciudad fronteriza que durante décadas ha enfrentado problemas relacionados con la violencia y el crimen.

El sacerdote reconoce que incluso personas dedicadas a actividades ilícitas pueden acercarse al templo para pedir protección. Para él, existe una contradicción cuando alguien busca utilizar la fe para proteger una actividad que causa daño.

No se trata de juzgar quién entra al santuario, sino de recordar que la devoción debe conducir a una vida distinta. Por eso insiste en que la primera petición debe ser por la propia conversión.

El santo, desde su perspectiva, no debe convertirse en un medio para justificar conductas, sino en un ejemplo que lleve a la persona a preguntarse qué puede cambiar en su propia vida.

La mirada sobre Juárez

El padre Abdo llegó a Ciudad Juárez cuando tenía 12 años. Desde entonces ha vivido alrededor de seis décadas en esta frontera.

A lo largo de ese tiempo ha escuchado las historias que muchas veces se cuentan sobre la ciudad: violencia, narcotráfico, migración y problemas sociales. Sin embargo, su experiencia cotidiana le permite tener otra mirada.

Dice sentirse satisfecho de vivir en Juárez y destaca la nobleza de sus habitantes. Ha conocido a familias que llegan al templo con necesidades económicas, a personas que trabajan durante todo el año para poder regresar en agosto y a quienes ayudan a otros sin buscar reconocimiento.

Para el sacerdote, esa también es la ciudad que debe contarse. San Lorenzo ha sido testigo de esa parte de Juárez durante generaciones.
En el templo coinciden personas de distintos sectores sociales. Llegan familias, trabajadores y profesionistas. La devoción es el punto que los reúne.

La fiesta religiosa y la feria

La celebración del santo tiene dos dimensiones que durante los últimos años han buscado mantenerse separadas: la religiosa y la feria que se instala en el exterior.

El padre Abdo explica que la organización de los puestos y los juegos mecánicos corresponde a los comerciantes, mientras que la parroquia se encarga de las actividades religiosas.

En la plaza ubicada frente al templo se instalan puestos de comida, juegos mecánicos y otros espacios comerciales. El movimiento comienza días antes y alcanza su mayor actividad durante la fiesta patronal.

Como parte del acuerdo establecido con los comerciantes, al concluir las actividades realizan una aportación económica al templo. El sacerdote compara esa contribución, de manera coloquial, con un diezmo.

Los recursos se destinan a las necesidades de la iglesia y también permiten apoyar otras obras eclesiásticas en Ciudad Juárez.

Para el padre Abdo, la feria forma parte de la tradición que rodea la celebración, pero el origen y el sentido de la fiesta siguen siendo religiosos.

Una noche para caminar y agradecer

La celebración tiene uno de sus momentos principales durante la noche del 9 de agosto. La peregrinación parte a las 8 de la noche desde la zona de Alameda y Vicente Guerrero. Los participantes recorren el trayecto hasta el santuario con la imagen de San Lorenzo.

A las 10 de la noche se celebra la misa en el exterior del templo. Este año será presidida por el padre Armando Benavides, administrador diocesano, debido a la sede vacante.

A medianoche se celebra la Misa de Gallo dentro del templo, acompañada por mariachi. El santuario permanece abierto durante toda la noche para recibir a los fieles.

La madrugada se convierte así en una de las escenas características de la celebración: familias que llegan después de la peregrinación, personas que esperan para entrar al templo y quienes prefieren acudir durante las primeras horas del 10 de agosto.

El padre Abdo explica que el templo cuenta con alrededor de 90 bancas, con capacidad aproximada para 540 personas, pero las misas se llenan y son necesarias más celebraciones para recibir a todos.

Una tradición que sigue viva

La historia de San Lorenzo en Ciudad Juárez no se limita a una imagen religiosa ni a una fiesta. Es una historia que comenzó cuando Paso del Norte apenas se formaba alrededor de la Misión de Guadalupe y que atravesó sequías, crecientes del río Bravo, transformaciones urbanas y cambios en la vida de sus habitantes.
La devoción sobrevivió a la transformación de la población y llegó hasta una ciudad que hoy es una de las principales fronteras del país.

También cambió la forma de celebrarla. Las nuevas generaciones sustituyeron a quienes alguna vez caminaron con sus padres y abuelos. Las calles por donde pasaban los primeros peregrinos cambiaron de aspecto.

Pero cada agosto vuelve a ocurrir algo parecido. Las familias se reúnen, los peregrinos caminan, el santuario abre sus puertas y los fieles llegan con sus propias historias. Algunos buscan ayuda. Otros cumplen una promesa. Muchos regresan para agradecer.

El padre Abdo ha acompañado a familias que llegaron con una petición y después regresaron para agradecer. Ha visto niños convertirse en adultos y llevar a sus propios hijos.

Por eso, cuando habla de la fiesta, su principal mensaje no está en la cantidad de personas que participan ni en la dimensión de la feria que se instala alrededor del templo. Está en la gratitud.

Para el sacerdote, la celebración debe servir para recordar la figura de San Lorenzo y, a partir de ella, mirar también la propia vida.

Pedir, pero también agradecer. Acudir por una necesidad, pero también regresar cuando ésta ha sido superada. Recibir una tradición, pero también transmitirla.

Más de tres siglos después de aquel primer oratorio, esa cadena continúa. Mientras cada agosto las calles vuelvan a llenarse de peregrinos rumbo al santuario, San Lorenzo seguirá formando parte de la historia de Ciudad Juárez.

Fiesta 2026

Las actividades del festejo comenzaron el sábado 1 de agosto con el novenario en honor a San Lorenzo y el jueves 6 se realizó la Hora Santa por los enfermos y adultos mayores.

Hoy domingo 9 de agosto se celebrarán las misas dominicales de las 8:00 de la mañana, 10:30 de la mañana y 1:00 de la tarde. A las 8:00 de la noche partirá la peregrinación hacia el santuario; a las 10:00 de la noche se celebrará la misa en el exterior y a medianoche tendrá lugar la Misa de Gallo.

El lunes 10 de agosto será la fiesta patronal. Las misas se celebrarán cada dos horas, desde las 8:00 de la mañana hasta las 8:00 de la noche, con celebraciones a las 8:00 y 10:00 de la mañana, 12:00 del mediodía, 2:00, 4:00, 6:00 y 8:00 de la noche.

El sábado 15 de agosto concluirán las actividades con los bautizos. Las inscripciones estarán abiertas del 11 al 14 de agosto en la oficina del Santuario de San Lorenzo.

 Diario MX 

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