A Luis Uruñuela no le habría sorprendido leer el obituario de su teniente de alcalde, Antonio Rodríguez Almodóvar. Me lo decía y me lo repetía: “No es mala gente, pero tiene gatitos en su barriguita que no le dejan digerir no verse de alcalde. No concibe que su todopoderoso PSOE nos haya entregado a los andalucistas nada menos que la alcaldía de la capital de Andalucía. Y su venganza es incordiarme, día a día, para recordármelo. A pesar de todo, es valioso y le tengo aprecio”. Este era el alcalde Uruñuela. Listo en el análisis, justo en su actitud y siempre un señor en el sentido más humano de la palabra.
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A Luis Uruñuela no le habría sorprendido leer el obituario de su teniente de alcalde, Antonio Rodríguez Almodóvar. Me lo decía y me lo repetía: “No es mala gente, pero tiene gatitos en su barriguita que no le dejan digerir no verse de alcalde. No concibe que su todopoderoso PSOE nos haya entregado a los andalucistas nada menos que la alcaldía de la capital de Andalucía. Y su venganza es incordiarme, día a día, para recordármelo. A pesar de todo, es valioso y le tengo aprecio”. Este era el alcalde Uruñuela. Listo en el análisis, justo en su actitud y siempre un señor en el sentido más humano de la palabra.
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