Sobre el puente de su nariz, Martin Urrutia (21 años, Getxo) luce orgulloso el signo de su infancia. “De pequeño, me hice daño jugando con unas tijeras”, recuerda. Desde entonces custodia con mimo esa cicatriz. Tanto es así que, en la portada de su primer álbum, La insolación, publicado el pasado mes de abril, la pinta de rojo vivo y la convierte en el símbolo de una herida mucho más profunda: la acelerada madurez a la que le arrastró su paso por Operación Triunfo y sus inicios como actor en la serie Mariliendre. “Soy muy apegado, le pongo mucho valor sentimental a todo. Hay veces que hay que cambiar, decir adiós, pero a mí me cuesta mucho”, asegura.
Sobre el puente de su nariz, Martin Urrutia (21 años, Getxo) luce orgulloso el signo de su infancia. “De pequeño, me hice daño jugando con unas tijeras”, recuerda. Desde entonces custodia con mimo esa cicatriz. Tanto es así que, en la portada de su primer álbum, La insolación, publicado el pasado mes de abril, la pinta de rojo vivo y la convierte en el símbolo de una herida mucho más profunda: la acelerada madurez a la que le arrastró su paso por Operación Triunfo y sus inicios como actor en la serie Mariliendre. “Soy muy apegado, le pongo mucho valor sentimental a todo. Hay veces que hay que cambiar, decir adiós, pero a mí me cuesta mucho”, asegura. Seguir leyendo
Sobre el puente de su nariz, Martin Urrutia (21 años, Getxo) luce orgulloso el signo de su infancia. “De pequeño, me hice daño jugando con unas tijeras”, recuerda. Desde entonces custodia con mimo esa cicatriz. Tanto es así que, en la portada de su primer álbum, La insolación, publicado el pasado mes de abril, la pinta de rojo vivo y la convierte en el símbolo de una herida mucho más profunda: la acelerada madurez a la que le arrastró su paso por Operación Triunfo y sus inicios como actor en la serie Mariliendre. “Soy muy apegado, le pongo mucho valor sentimental a todo. Hay veces que hay que cambiar, decir adiós, pero a mí me cuesta mucho”, asegura.
