La relación de algunos gobiernos de oposición con autoridades estadounidenses vuelve a abrir preguntas sobre los límites de la cooperación internacional. En Querétaro, el gobernador Mauricio Kuri y el embajador Ronald Johnson participaron en el arranque de una academia policial vinculada con capacitación para combatir al crimen organizado, un terreno donde las competencias federales resultan fundamentales.
Claudia Sheinbaum cuestionó que no participaran directamente la Cancillería y el Gabinete de Seguridad. Aunque al evento acudieron representantes federales y el gobierno queretano había informado previamente a Relaciones Exteriores sobre la visita del embajador, la discusión permanece en cómo deben conducirse estos acuerdos cuando involucran seguridad.
El episodio merece un análisis a fondo, porque los estados pueden construir relaciones institucionales y buscar cooperación internacional, pero un gobierno extranjero debe evitar convertirse en actor de las disputas políticas mexicanas o establecer canales que puedan interpretarse como una política paralela a la relación entre ambos países.
Estados Unidos debería ser especialmente cuidadoso, pero no lo ha sido, al menos durante la adiministración de Donald Trump. Su peso político y económico convierte las palabras y actos de su embajador en asuntos de relevancia nacional. Cuestionar decisiones del Gobierno mexicano o respaldar posiciones que pueden entenderse como intentos de injerencia termina complicando una relación bilateral que necesita reglas claras.
México y Estados Unidos requieren cooperación en seguridad, migración, comercio y narcotráfico, ya se ha dicho mucho sobre estos temas. Esa relación funciona mejor mediante instituciones y canales diplomáticos, respetando las atribuciones de cada nivel de gobierno. La cooperación internacional puede ser amplia sin vulnerar soberanías.
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La relación de algunos gobiernos de oposición con autoridades estadounidenses vuelve a abrir preguntas sobre los límites de la cooperación internacional. En Querétaro, el gobernador Mauricio Kuri y el embajador Ronald Johnson participaron en el arranque de una academia policial vinculada con capacitación para combatir al crimen organizado, un terreno donde las competencias federales resultan fundamentales.
Claudia Sheinbaum cuestionó que no participaran directamente la Cancillería y el Gabinete de Seguridad. Aunque al evento acudieron representantes federales y el gobierno queretano había informado previamente a Relaciones Exteriores sobre la visita del embajador, la discusión permanece en cómo deben conducirse estos acuerdos cuando involucran seguridad.
El episodio merece un análisis a fondo, porque los estados pueden construir relaciones institucionales y buscar cooperación internacional, pero un gobierno extranjero debe evitar convertirse en actor de las disputas políticas mexicanas o establecer canales que puedan interpretarse como una política paralela a la relación entre ambos países.
Estados Unidos debería ser especialmente cuidadoso, pero no lo ha sido, al menos durante la adiministración de Donald Trump. Su peso político y económico convierte las palabras y actos de su embajador en asuntos de relevancia nacional. Cuestionar decisiones del Gobierno mexicano o respaldar posiciones que pueden entenderse como intentos de injerencia termina complicando una relación bilateral que necesita reglas claras.
México y Estados Unidos requieren cooperación en seguridad, migración, comercio y narcotráfico, ya se ha dicho mucho sobre estos temas. Esa relación funciona mejor mediante instituciones y canales diplomáticos, respetando las atribuciones de cada nivel de gobierno. La cooperación internacional puede ser amplia sin vulnerar soberanías.
Diario MX
