“Trabajando de librero, se puede ver en vivo cómo muchos padres y educadores buscan libros para niños describiéndolos directamente, sin tapujos, como si fueran meras herramientas para la educación del niño lector: ‘¿Me recomiendas alguno para trabajar el duelo?’, ‘¿Qué cuento chulo tienes para trabajar la discriminación de género?”, escribe Santiago Gerchunoff en su ensayo La era de los niños cosa (Lengua de Trapo y Círculo de Bellas Artes, 2026). El filósofo y profesor, antes librero, denuncia lo que denomina el “imperativo de lo edificante”, es decir, la idea de que los libros infantiles deben servir, ante todo, para educar. “Sean cuales sean sus recursos, el libro infantil debe, en último término, educar a sus lectores”, ironiza.
Cada vez más familias buscan libros infantiles para abordar el duelo, las rabietas o la autoestima, pero los especialistas alertan de que esa tendencia empobrece la experiencia literaria
“Trabajando de librero, se puede ver en vivo cómo muchos padres y educadores buscan libros para niños describiéndolos directamente, sin tapujos, como si fueran meras herramientas para la educación del niño lector: ‘¿Me recomiendas alguno para trabajar el duelo?’, ‘¿Qué cuento chulo tienes para trabajar la discriminación de género?”, escribe Santiago Gerchunoff en su ensayo La era de los niños cosa (Lengua de Trapo y Círculo de Bellas Artes, 2026). El filósofo y profesor, antes librero, denuncia lo que denomina el “imperativo de lo edificante”, es decir, la idea de que los libros infantiles deben servir, ante todo, para educar. “Sean cuales sean sus recursos, el libro infantil debe, en último término, educar a sus lectores”, ironiza.
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