Laia Abril (Barcelona, 1986) firmó su primer fotolibro mucho antes de saber que la fotografía podía ser una profesión. Tenía unos nueve años cuando fotografió San Ciprián, la aldea de su abuela en el Valle de Carranza, en el extremo occidental de Bizkaia. Nos enseña el resultado en su estudio del barrio barcelonés de Sant Andreu: parece una crónica precoz de la España vaciada. “En la iglesia ya no se da misa, por lo que ya no la visita nadie”, escribió junto a una imagen. En otra, se ve la escuela abandonada: “Ahora se usa como refugio para unos ecologistas que trabajan aquí”.
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Laia Abril (Barcelona, 1986) firmó su primer fotolibro mucho antes de saber que la fotografía podía ser una profesión. Tenía unos nueve años cuando fotografió San Ciprián, la aldea de su abuela en el Valle de Carranza, en el extremo occidental de Bizkaia. Nos enseña el resultado en su estudio del barrio barcelonés de Sant Andreu: parece una crónica precoz de la España vaciada. “En la iglesia ya no se da misa, por lo que ya no la visita nadie”, escribió junto a una imagen. En otra, se ve la escuela abandonada: “Ahora se usa como refugio para unos ecologistas que trabajan aquí”.
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