La controversia existe desde el siglo XVII. Y aún hoy emerge entre investigadores, especialistas, críticos, teatreros, espectadores y todo el que quiera incorporarse a la disputa. Aunque llegado el siglo XXI, el enfrentamiento, cívico, elegante y respetuoso, está lleno de matices y retruécanos. Ahora ya no son dos bandos, si es que alguna vez los hubo, sino muchos que adoptan y crean nuevas teorías. El caso es aparentemente muy simple: hay quien sostiene que Cervantes, el gran impulsor de la novela moderna, no era un buen dramaturgo y quien defiende todo lo contrario. Hay razones y voces, todas ellas sabias y llenas de conocimiento, que defienden una u otra cosa. Y hay quien defiende las dos y aportan nueva teorías.
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La controversia existe desde el siglo XVII. Y aún hoy emerge entre investigadores, especialistas, críticos, teatreros, espectadores y todo el que quiera incorporarse a la disputa. Aunque llegado el siglo XXI, el enfrentamiento, cívico, elegante y respetuoso, está lleno de matices y retruécanos. Ahora ya no son dos bandos, si es que alguna vez los hubo, sino muchos que adoptan y crean nuevas teorías. El caso es aparentemente muy simple: hay quien sostiene que Cervantes, el gran impulsor de la novela moderna, no era un buen dramaturgo y quien defiende todo lo contrario. Hay razones y voces, todas ellas sabias y llenas de conocimiento, que defienden una u otra cosa. Y hay quien defiende las dos y aportan nueva teorías.
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