Han pasado 27 años desde que Juan Villoro (Ciudad de México, 70 años) recibió su primer galardón, el premio Xavier Villaurrutia, por su novela La casa pierde. No ha dejado de ser reconocido desde entonces, pero esta semana, en la que se le ha concedido el prestigioso Carlos Fuentes a la Creación Literaria, el destino lo ha agarrado exactamente en el mismo lugar que entonces: la Barcelona natal de su padre. “Hay energías que están más allá de ti y, sin ponerme muy esotérico, creo que uno debe respetar estas fuerzas que son ajenas”, dice el escritor, que atiende por videollamada a EL PAÍS poco después de terminar el discurso que leerá el próximo 14 de octubre, en la ceremonia de entrega. Cronista, novelista, cuentista y hasta dramaturgo, Villoro ha entrado al séptimo piso de la vida hace apenas dos semanas y con plenas ganas de seguir “rumbo a lo desconocido”. Este premio, bromea, le “aligeró las cosas”: “Es una casualidad muy afortunada”.
El autor mexicano, recién galardonado con el premio Carlos Fuentes, conversa con EL PAÍS sobre el placer de la lectura y la escritura, la literatura infantil y la fuerza de la imaginación en un continente “permanentemente inacabado”
Han pasado 27 años desde que Juan Villoro (Ciudad de México, 70 años) recibió su primer galardón, el premio Xavier Villaurrutia, por su novela La casa pierde. No ha dejado de ser reconocido desde entonces, pero esta semana, en la que se le ha concedido el prestigioso Carlos Fuentes a la Creación Literaria, el destino lo ha agarrado exactamente en el mismo lugar que entonces: la Barcelona natal de su padre. “Hay energías que están más allá de ti y, sin ponerme muy esotérico, creo que uno debe respetar estas fuerzas que son ajenas”, dice el escritor, que atiende por videollamada a EL PAÍS poco después de terminar el discurso que leerá el próximo 14 de octubre, en la ceremonia de entrega. Cronista, novelista, cuentista y hasta dramaturgo, Villoro ha entrado al séptimo piso de la vida hace apenas dos semanas y con plenas ganas de seguir “rumbo a lo desconocido”. Este premio, bromea, le “aligeró las cosas”: “Es una casualidad muy afortunada”.
