
No solo los metales preciosos engrosaban los botines que capturaban los piratas ingleses que asaltaban los navíos del imperio de Felipe II. El pigmento negro que se sacaba del palo campeche, un árbol que crece en la península de Yucatán (México), metió en más de un lío a los cargueros del poderoso monarca. La ropa austera de las cortes europeas se confeccionaba a partir de un marrón muy oscuro. Pero el vegetal importado desde América daba un negro puro a los ropajes de la española, que convirtió este color en símbolo de poder y riqueza. Ese mismo negro sin matices lo utilizó cuatro siglos después Richard Serra en un grabado que mostraba que el color también puede convertirse en materia con peso. Tanto la obra de Serra como una muestra de palo campeche se exhiben en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA) en la exposición Coloramas.


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No solo los metales preciosos engrosaban los botines que capturaban los piratas ingleses que asaltaban los navíos del imperio de Felipe II. El pigmento negro que se sacaba del palo campeche, un árbol que crece en la península de Yucatán (México), metió en más de un lío a los cargueros del poderoso monarca. La ropa austera de las cortes europeas se confeccionaba a partir de un marrón muy oscuro. Pero el vegetal importado desde América daba un negro puro a los ropajes de la española, que convirtió este color en símbolo de poder y riqueza. Ese mismo negro sin matices lo utilizó cuatro siglos después Richard Serra en un grabado que mostraba que el color también puede convertirse en materia con peso. Tanto la obra de Serra como una muestra de palo campeche se exhiben en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA) en la exposición Coloramas.


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