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  Escritores  Ética, valores y empresa | Por Francisco José Chaparro (y con Álvaro Suárez-Guanes López Lago)
Escritores

Ética, valores y empresa | Por Francisco José Chaparro (y con Álvaro Suárez-Guanes López Lago)

marketingmarketing—3 de septiembre de 2026
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En este caluroso mes de agosto, me recibe Álvaro Suaréz-Guanes López Lago, Consejero Ejecutivo e Institucional del Grupo Imprex, importante empresa en el sector de la prevención en riesgos laborales. Un empresario formado en la Universidad Complutense de Madrid y de Bristol (Reino Unido), con una amplia trayectoria profesional, ocupando cargos de responsabilidad en diversas empresas del ramo financiero y que desde hace unos años desempeña con éxito su papel en Imprex, hasta el punto de tener expectativas de doblar la facturación a finales del actual ejercicio.

Pero este amplio bagaje se ha construido en su caso, partiendo de los principios y valores que le inculcaron en su casa, que él ha ido potenciando y desarrollando a medida que se ha ido formando. Es este aspecto el que me trae a él, pues habiendo compartido centro de estudios y estando vinculados por paradigmas jesuíticos, se me antoja la persona idónea para tratar de estos temas.

Para él, valores ignacianos como no rendirse nunca ante la adversidad y el servicio a los demás, son principios que marcan su día a día, y es precisamente aquí, donde le pido a Álvaro que me exponga si valores como estos son aplicables en el voraz mundo empresarial, donde parece que todo vale para obtener los beneficios mercantiles sin los cuales la empresa no tendría viabilidad, ni razón de ser.

Me dice, que partiendo de la realidad de que no siempre ello es posible, sí que hay fórmulas en las que tu manera de hacer las cosas, tu know how, puede reflejar esa ética profesional en la que tú te has educado; y ocupando cargos de decisión, como es su caso, si puedes encontrar maneras de hacer convivir los valores que impregnan la empresa (que también tiene los suyos propios) con aquellos que a ti te han inculcado. Este difícil, pero posible, equilibrio, se manifiesta diariamente tanto en las pequeñas acciones del día a día, como a la hora de tomar decisiones trascendentes para el devenir de su organización. Me insiste, en que no siempre coinciden, pero a veces intereses mayores en la empresa, redundan en un mayor beneficio para el colectivo sobre el que la mercantil influye, dando así sentido a aquel principio ignaciano de dar servicio a los demás. En definitiva, si no siempre vas a poder reflejar tus valores personales en tu empresa, sí que vas a poder buscar fórmulas que te ofrezcan un retorno, en el que sí puedas detectar estos valores.

Le pregunto su opinión acerca de si considera que clientes, empleados, proveedores y en general los agentes que se relacionan con una empresa, detectan cuando esta actúa en base a una ética mercantil y cuando no. Le pongo como ejemplo cualquier corporación o fondo de inversión americano o asiático, que actuando en base a sus principios de agresivo mercantilismo, no reparan en desestructurar entornos sociales o agredir al medio ambiente en post de la obtención de beneficios. En este sentido Álvaro, no comparte una visión tan negativa de estas grandes corporaciones. Obviamente no es lo mismo mantener una relación laboral, clientelar o del tipo que sea con una pyme familiar, que en Andalucía o Extremadura son en torno al 30% del PIB, mientras que en Madrid, ya sólo son el 10%, que hacerlo con una multinacional o gran corporación de inversión, pero incluso estas últimas han tenido que adaptarse para actuar en un mercado tan regulado como el europeo, desarrollando mecanismos de compensación, que salvaguarden “lo reputacional” de la misma y que, aunque el fin último sea obtener beneficio, ya no todo vale y él es partidario de ver el vaso medio lleno incluso con estas entidades.

Un tema de rabiosa actualidad es el papel de la IA en la empresa, me interesa mucho la opinión de este importante directivo, que convive con ella hace ya muchos años, pues en su sector llegó antes que en otros. En ese sentido, me deja muy sentado que la IA es una herramienta, muy útil, pero una herramienta que debe ser bien utilizada. Hacemos un inciso, para comentar la importancia de la última encíclica de León XIV “Magnífica humanitas”, muy relacionada con nuestro tema de conversación. Álvaro, no cree que la IA sea un mero camino para el ahorro de costes en la empresa reduciendo plantilla y por ende destruyendo puestos de trabajo, pues cree que para eso no hace falta recurrir a la IA, pero sí que debe ser utilizada con precisión y sentido, pues siendo un instrumento que aprende y que está en manos de sus creadores, el uso que se haga de ella debe tener una coherencia que no perjudique más que beneficie. En cualquier caso, no cree que de momento lleguemos al punto de sustituir a las personas que toman las decisiones estratégicas, por una IA que lo haga, pues nos sobrarían CEOs, directivos e incluso accionistas en las empresas; y porque al final, aunque el mundo cambia, las personas necesitan tratar con personas.

Por último no olvidemos que estamos hablando de tecnología y que su aplicación dependerá del desarrollo que tenga el entorno en el que se aplique, de forma que probablemente nos encontremos con un mundo de varias velocidades, por una parte países que por su nivel de desarrollo harán uso de ella a muy reducidos niveles, en comparación con los que conocemos como primer mundo, y por otro, incluso dentro de este nuestro mundo civilizado, nos encontramos con que en ámbitos como la administración pública el nivel de implementación de esta herramienta va muy por detrás de la empresa privada, provocando una diferencia de velocidades que ralentiza la actividad de estas últimas, que son las que deben tirar de la actividad y de la economía del país.

Reflexiones todas ellas de mucho interés, como no puede ser de otra manera, de alguien que ha demostrado que es posible tener éxito en el mundo empresarial sin necesidad de cruzar ciertas líneas y siendo fiel a lo que es él, su casa y su nombre.

Agradezco el tiempo y el trato recibido por Álvaro durante esta entrevista y espero que su ejemplo sirva para hacer más humano este mundo donde a veces las personas sólo somos meras cifras, datos u objetivos, siendo privados del carácter humano que nos hace ser lo que somos.

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La entrada Ética, valores y empresa | Por Francisco José Chaparro (y con Álvaro Suárez-Guanes López Lago) se publicó primero en Elescritor.es.

 Artículo de opinión de Francisco José Chaparro
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En este caluroso mes de agosto, me recibe Álvaro Suaréz-Guanes López Lago, Consejero Ejecutivo e Institucional del Grupo Imprex, importante empresa en el sector de la prevención en riesgos laborales. Un empresario formado en la Universidad Complutense de Madrid y de Bristol (Reino Unido), con una amplia trayectoria profesional, ocupando cargos de responsabilidad en diversas empresas del ramo financiero y que desde hace unos años desempeña con éxito su papel en Imprex, hasta el punto de tener expectativas de doblar la facturación a finales del actual ejercicio.

Pero este amplio bagaje se ha construido en su caso, partiendo de los principios y valores que le inculcaron en su casa, que él ha ido potenciando y desarrollando a medida que se ha ido formando. Es este aspecto el que me trae a él, pues habiendo compartido centro de estudios y estando vinculados por paradigmas jesuíticos, se me antoja la persona idónea para tratar de estos temas.

Para él, valores ignacianos como no rendirse nunca ante la adversidad y el servicio a los demás, son principios que marcan su día a día, y es precisamente aquí, donde le pido a Álvaro que me exponga si valores como estos son aplicables en el voraz mundo empresarial, donde parece que todo vale para obtener los beneficios mercantiles sin los cuales la empresa no tendría viabilidad, ni razón de ser.

Me dice, que partiendo de la realidad de que no siempre ello es posible, sí que hay fórmulas en las que tu manera de hacer las cosas, tu know how, puede reflejar esa ética profesional en la que tú te has educado; y ocupando cargos de decisión, como es su caso, si puedes encontrar maneras de hacer convivir los valores que impregnan la empresa (que también tiene los suyos propios) con aquellos que a ti te han inculcado. Este difícil, pero posible, equilibrio, se manifiesta diariamente tanto en las pequeñas acciones del día a día, como a la hora de tomar decisiones trascendentes para el devenir de su organización. Me insiste, en que no siempre coinciden, pero a veces intereses mayores en la empresa, redundan en un mayor beneficio para el colectivo sobre el que la mercantil influye, dando así sentido a aquel principio ignaciano de dar servicio a los demás. En definitiva, si no siempre vas a poder reflejar tus valores personales en tu empresa, sí que vas a poder buscar fórmulas que te ofrezcan un retorno, en el que sí puedas detectar estos valores.

Le pregunto su opinión acerca de si considera que clientes, empleados, proveedores y en general los agentes que se relacionan con una empresa, detectan cuando esta actúa en base a una ética mercantil y cuando no. Le pongo como ejemplo cualquier corporación o fondo de inversión americano o asiático, que actuando en base a sus principios de agresivo mercantilismo, no reparan en desestructurar entornos sociales o agredir al medio ambiente en post de la obtención de beneficios. En este sentido Álvaro, no comparte una visión tan negativa de estas grandes corporaciones. Obviamente no es lo mismo mantener una relación laboral, clientelar o del tipo que sea con una pyme familiar, que en Andalucía o Extremadura son en torno al 30% del PIB, mientras que en Madrid, ya sólo son el 10%, que hacerlo con una multinacional o gran corporación de inversión, pero incluso estas últimas han tenido que adaptarse para actuar en un mercado tan regulado como el europeo, desarrollando mecanismos de compensación, que salvaguarden “lo reputacional” de la misma y que, aunque el fin último sea obtener beneficio, ya no todo vale y él es partidario de ver el vaso medio lleno incluso con estas entidades.

Un tema de rabiosa actualidad es el papel de la IA en la empresa, me interesa mucho la opinión de este importante directivo, que convive con ella hace ya muchos años, pues en su sector llegó antes que en otros. En ese sentido, me deja muy sentado que la IA es una herramienta, muy útil, pero una herramienta que debe ser bien utilizada. Hacemos un inciso, para comentar la importancia de la última encíclica de León XIV “Magnífica humanitas”, muy relacionada con nuestro tema de conversación. Álvaro, no cree que la IA sea un mero camino para el ahorro de costes en la empresa reduciendo plantilla y por ende destruyendo puestos de trabajo, pues cree que para eso no hace falta recurrir a la IA, pero sí que debe ser utilizada con precisión y sentido, pues siendo un instrumento que aprende y que está en manos de sus creadores, el uso que se haga de ella debe tener una coherencia que no perjudique más que beneficie. En cualquier caso, no cree que de momento lleguemos al punto de sustituir a las personas que toman las decisiones estratégicas, por una IA que lo haga, pues nos sobrarían CEOs, directivos e incluso accionistas en las empresas; y porque al final, aunque el mundo cambia, las personas necesitan tratar con personas.

Por último no olvidemos que estamos hablando de tecnología y que su aplicación dependerá del desarrollo que tenga el entorno en el que se aplique, de forma que probablemente nos encontremos con un mundo de varias velocidades, por una parte países que por su nivel de desarrollo harán uso de ella a muy reducidos niveles, en comparación con los que conocemos como primer mundo, y por otro, incluso dentro de este nuestro mundo civilizado, nos encontramos con que en ámbitos como la administración pública el nivel de implementación de esta herramienta va muy por detrás de la empresa privada, provocando una diferencia de velocidades que ralentiza la actividad de estas últimas, que son las que deben tirar de la actividad y de la economía del país.

Reflexiones todas ellas de mucho interés, como no puede ser de otra manera, de alguien que ha demostrado que es posible tener éxito en el mundo empresarial sin necesidad de cruzar ciertas líneas y siendo fiel a lo que es él, su casa y su nombre.

Agradezco el tiempo y el trato recibido por Álvaro durante esta entrevista y espero que su ejemplo sirva para hacer más humano este mundo donde a veces las personas sólo somos meras cifras, datos u objetivos, siendo privados del carácter humano que nos hace ser lo que somos.

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