La oscuridad tiene mala fama. Casi a nadie le gusta. Calles, plazas, viviendas, carreteras, pantallas camineras, teléfonos portátiles: todo eso lo queremos muy bien iluminado. Se observa incluso la regla de que los automóviles circulen con sus focos encendidos a plena luz del día. En algunas habitaciones se instalan anti cucos, porque es frecuente que alguien se despierte aterrado en medio de la densa noche. Únicamente los vampiros parecen disfrutar la oscuridad de sus tumbas, rehuyendo hasta el más mínimo rayo de luz que pueda herir la sensibilidad de su macabro reposo.
Tampoco es lo mismo ver una película en casa que hacerlo en una cálida y acogedora sala que ha sido puesta completamente a oscuras
La oscuridad tiene mala fama. Casi a nadie le gusta. Calles, plazas, viviendas, carreteras, pantallas camineras, teléfonos portátiles: todo eso lo queremos muy bien iluminado. Se observa incluso la regla de que los automóviles circulen con sus focos encendidos a plena luz del día. En algunas habitaciones se instalan anti cucos, porque es frecuente que alguien se despierte aterrado en medio de la densa noche. Únicamente los vampiros parecen disfrutar la oscuridad de sus tumbas, rehuyendo hasta el más mínimo rayo de luz que pueda herir la sensibilidad de su macabro reposo.
