La columna de humo negro comenzó a levantarse desde el kilómetro 23 de la carretera a Casas Grandes y pudo verse a varios kilómetros de distancia. Mientras bomberos combatían el incendio de unas 300 llantas abandonadas en un predio baldío, el fuego consumía mucho más que caucho: liberaba una mezcla de sustancias capaces de permanecer en el aire y afectar la salud de quienes las respiran.
Cada neumático incendiado emite monóxido de carbono, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y compuestos como benceno, tolueno y estireno. A ello se suman dioxinas, furanos e hidrocarburos aromáticos policíclicos, además de metales pesados como plomo, mercurio, cadmio y arsénico. Las partículas PM2.5, prácticamente invisibles, penetran hasta los pulmones y pueden agravar enfermedades respiratorias y cardiovasculares, especialmente en niños, adultos mayores y personas con padecimientos crónicos.
El incendio obligó a los bomberos a mantener labores durante horas para remover el material calcinado y evitar que las llamas alcanzaran más basura y desechos industriales. Sin embargo, la prevención comienza mucho antes de que aparezca el fuego. Las autoridades deben localizar y sancionar a propietarios de predios convertidos en tiraderos clandestinos, reforzar la vigilancia y promover centros autorizados para el manejo de neumáticos. Los dueños de estos espacios tienen la obligación de evitar acumulaciones que representen un riesgo.
A la ciudadanía le corresponde no abandonar llantas en lotes baldíos, reportar tiraderos ilegales y evitar cualquier quema de residuos. Un incendio de neumáticos no termina cuando se apagan las llamas; sus contaminantes permanecen en el ambiente y recuerdan que proteger la calidad del aire también es proteger la salud de toda Ciudad Juárez.
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La columna de humo negro comenzó a levantarse desde el kilómetro 23 de la carretera a Casas Grandes y pudo verse a varios kilómetros de distancia. Mientras bomberos combatían el incendio de unas 300 llantas abandonadas en un predio baldío, el fuego consumía mucho más que caucho: liberaba una mezcla de sustancias capaces de permanecer en el aire y afectar la salud de quienes las respiran.
Cada neumático incendiado emite monóxido de carbono, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y compuestos como benceno, tolueno y estireno. A ello se suman dioxinas, furanos e hidrocarburos aromáticos policíclicos, además de metales pesados como plomo, mercurio, cadmio y arsénico. Las partículas PM2.5, prácticamente invisibles, penetran hasta los pulmones y pueden agravar enfermedades respiratorias y cardiovasculares, especialmente en niños, adultos mayores y personas con padecimientos crónicos.
El incendio obligó a los bomberos a mantener labores durante horas para remover el material calcinado y evitar que las llamas alcanzaran más basura y desechos industriales. Sin embargo, la prevención comienza mucho antes de que aparezca el fuego. Las autoridades deben localizar y sancionar a propietarios de predios convertidos en tiraderos clandestinos, reforzar la vigilancia y promover centros autorizados para el manejo de neumáticos. Los dueños de estos espacios tienen la obligación de evitar acumulaciones que representen un riesgo.
A la ciudadanía le corresponde no abandonar llantas en lotes baldíos, reportar tiraderos ilegales y evitar cualquier quema de residuos. Un incendio de neumáticos no termina cuando se apagan las llamas; sus contaminantes permanecen en el ambiente y recuerdan que proteger la calidad del aire también es proteger la salud de toda Ciudad Juárez.
Diario MX
