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  Escritores  El “friki” que se metió en la cabeza de Goya para descubrir qué esconden sus monstruos
Escritores

El “friki” que se metió en la cabeza de Goya para descubrir qué esconden sus monstruos

marketingmarketing—23 de julio de 2026
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¿Qué ocurre cuando Francisco de Goya deja de ser una figura encerrada en los museos y se convierte en una presencia capaz de acompañarnos durante la noche? ¿Qué sucede cuando la filosofía abandona el aula y comienza a mezclarse con los recuerdos, las obsesiones, las contradicciones y la experiencia cotidiana de quien escribe?

Wilko von Prittwitz responde a esas preguntas en Goya, una almohada, un filósofo y un friki, una obra publicada por la Editorial Círculo Rojo que escapa deliberadamente de las clasificaciones convencionales. No es una biografía de Goya, aunque habla de él. Tampoco es un tratado académico sobre Ortega y Gasset, pese a que su pensamiento recorre buena parte del libro. Es, sobre todo, el resultado de una convivencia intelectual entre tres miradas: la del pintor, la del filósofo y la del propio autor.

La almohada del título no es un objeto decorativo. Representa el espacio mental en el que nacen los sueños, los desvelos y los monstruos. Allí aparece Goya como una figura incómoda, sarcástica y visionaria; un artista capaz de retratar a la sociedad de su tiempo y, al mismo tiempo, desnudar los miedos, miserias y contradicciones de la condición humana.

Junto a él se encuentra José Ortega y Gasset, cuya filosofía proporciona a Von Prittwitz un marco desde el que contemplar el arte. El perspectivismo orteguiano sostiene que ninguna obra puede ser observada desde un único lugar y que cada espectador incorpora a su interpretación su propia vida, sus circunstancias y su experiencia. La pintura, por tanto, no permanece inmóvil: cambia con los ojos que la miran.

El tercer integrante de este particular triángulo es el propio Wilko von Prittwitz, quien se presenta con ironía como el “friki”. No utiliza el término para rebajar su discurso, sino para reconocer su curiosidad casi compulsiva, su tendencia a conectar disciplinas y su rechazo a la solemnidad impostada. En las páginas iniciales se define como pintor, profesor, investigador y amante de las artes, marcado desde hace décadas por el raciovitalismo de Ortega y por una formación que atraviesa las bellas artes, la filología, la sociología y la economía.

Esa amplitud explica el carácter torrencial del libro. Von Prittwitz no avanza siguiendo una línea recta. Se detiene, recuerda, cita, discute y cambia de dirección. Goya conduce a Ortega; Ortega conduce a la vida; la vida conduce al dinero, al tiempo, al amor, a la muerte o a la dificultad de crear sin estar pendiente de la aprobación ajena.

En el centro de la obra aparece precisamente una de sus ideas más relevantes: la necesidad de aprender a dejar de querer gustar. El autor encuentra en Goya el ejemplo de un artista que comenzó a desplegar plenamente su modernidad cuando se apartó de las expectativas del gusto dominante. Esa enseñanza no queda reducida a una cuestión estética. Se convierte en una declaración vital y en una defensa de la libertad creadora.

Goya interesa aquí no solo por lo que pintó, sino por la manera en que su obra continúa interrogando al presente. Sus Caprichos, sus Desastres de la guerra y sus visiones más oscuras no son tratados como reliquias de otra época. Von Prittwitz los contempla como testimonios todavía activos sobre la violencia, el poder, la ignorancia y los monstruos que genera una razón incapaz de reconocer sus propios límites.

Wilko Von Prittwitz – Goya Una almohada, un filósofo y un friki
Wilko Von Prittwitz – Goya Una almohada, un filósofo y un friki

El libro asume, en este sentido, que una obra de arte no termina cuando su creador deposita el pincel. Continúa viviendo mientras alguien la observa. El prólogo presenta esta relación mediante el triángulo Goya-Ortega-Prittwitz: el pintor aporta la imagen y el conflicto; el filósofo, las herramientas para interpretarlos; el autor contemporáneo, su propia circunstancia.

La mirada de Ortega permite además acercarse a Goya desde dentro. No se trata únicamente de acumular fechas, influencias o datos históricos, sino de comprender la vida que hizo posible su pintura. Según esta perspectiva, las obras de arte no nacen aisladas, sino que son fragmentos de existencias humanas y conservan algo de ellas. Von Prittwitz retoma ese planteamiento para construir un Goya vivo, contradictorio y difícil de domesticar.

También encuentra en él una especie de parentesco creativo. Ambos comparten una mirada mordaz, el descontento con su tiempo y la necesidad de denunciar aquello que consideran injusto o absurdo. La admiración no conduce, sin embargo, a la veneración ciega. El autor no idealiza al pintor: lo acepta con su rudeza, su torpeza, sus contradicciones y su capacidad para transformarlas en una obra que se adelantó a numerosos movimientos posteriores.

Wilko von Prittwitz nació en Baden-Baden en 1962 y reside en España desde hace varias décadas. Su trayectoria combina creación artística, investigación y docencia. Se formó en la Emory University de Atlanta y en la Universidad Complutense de Madrid, ha sido profesor de la UNED y obtuvo el doctorado en la Universidad de Jaén. También ha participado en ferias como FAIM, Estampa y ARCO, y recibió una mención de honor de grabado en los Premios de la Villa de Madrid de 2001.

Esa condición multidisciplinar no funciona en el libro como un mero currículum, sino como una forma de entender la creación. Von Prittwitz dibuja, pinta, escribe y transforma sus obras anteriores en piezas nuevas. Deshacer lo realizado no significa destruirlo, sino reconocer que ninguna obra está completamente cerrada y que todo creador debe estar dispuesto a discutir incluso con su propio pasado.

En Goya, una almohada, un filósofo y un friki, esa misma actitud se traslada a la escritura. El autor recupera materiales vinculados a su investigación académica, pero los libera de una estructura rígida y los convierte en una conversación personal con el lector. El resultado exige atención, aunque nunca adopta el tono distante de quien pretende dictar una lección definitiva.

El propio Von Prittwitz admite los límites del conocimiento. Cuanto más se profundiza en el arte, más difícil resulta encerrarlo en una explicación. Esa imposibilidad no paraliza el libro, sino que le proporciona su impulso. No escribe porque posea todas las respuestas, sino porque todavía quedan preguntas que merecen ser formuladas.

La obra termina funcionando como una defensa del tiempo dedicado a mirar, leer, pensar y crear. Frente a la velocidad contemporánea, propone detenerse ante un cuadro y aceptar que quizá no revele inmediatamente su significado. Frente a la obligación de producir discursos sencillos y vendibles, reivindica la digresión, la mezcla y la contradicción.

La almohada de Wilko von Prittwitz no promete descanso. Es el lugar donde Goya continúa soñando, Ortega continúa preguntando y un friki continúa intentando comprenderlos. El lector que se acerque a ella no encontrará una explicación cerrada sobre el arte, sino algo más incómodo y quizá más valioso: una invitación a contemplar los grandes genios desde su propia vida y a descubrir cuánto de nosotros permanece escondido en aquello que miramos.

Wilko Von Prittwitz – Goya Una almohada, un filósofo y un friki
Wilko Von Prittwitz – Goya Una almohada, un filósofo y un friki

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La entrada El “friki” que se metió en la cabeza de Goya para descubrir qué esconden sus monstruos se publicó primero en Elescritor.es.

 Wilko von Prittwitz reúne a Goya, Ortega y Gasset y su propia mirada irreverente en una obra que mezcla arte, filosofía y experiencia personal. Goya, una almohada, un filósofo y un friki invita a mirar la pintura desde dentro y a aprender una lección incómoda: crear de verdad exige dejar de querer gustar.
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¿Qué ocurre cuando Francisco de Goya deja de ser una figura encerrada en los museos y se convierte en una presencia capaz de acompañarnos durante la noche? ¿Qué sucede cuando la filosofía abandona el aula y comienza a mezclarse con los recuerdos, las obsesiones, las contradicciones y la experiencia cotidiana de quien escribe?

Wilko von Prittwitz responde a esas preguntas en Goya, una almohada, un filósofo y un friki, una obra publicada por la Editorial Círculo Rojo que escapa deliberadamente de las clasificaciones convencionales. No es una biografía de Goya, aunque habla de él. Tampoco es un tratado académico sobre Ortega y Gasset, pese a que su pensamiento recorre buena parte del libro. Es, sobre todo, el resultado de una convivencia intelectual entre tres miradas: la del pintor, la del filósofo y la del propio autor.

La almohada del título no es un objeto decorativo. Representa el espacio mental en el que nacen los sueños, los desvelos y los monstruos. Allí aparece Goya como una figura incómoda, sarcástica y visionaria; un artista capaz de retratar a la sociedad de su tiempo y, al mismo tiempo, desnudar los miedos, miserias y contradicciones de la condición humana.

Junto a él se encuentra José Ortega y Gasset, cuya filosofía proporciona a Von Prittwitz un marco desde el que contemplar el arte. El perspectivismo orteguiano sostiene que ninguna obra puede ser observada desde un único lugar y que cada espectador incorpora a su interpretación su propia vida, sus circunstancias y su experiencia. La pintura, por tanto, no permanece inmóvil: cambia con los ojos que la miran.

El tercer integrante de este particular triángulo es el propio Wilko von Prittwitz, quien se presenta con ironía como el “friki”. No utiliza el término para rebajar su discurso, sino para reconocer su curiosidad casi compulsiva, su tendencia a conectar disciplinas y su rechazo a la solemnidad impostada. En las páginas iniciales se define como pintor, profesor, investigador y amante de las artes, marcado desde hace décadas por el raciovitalismo de Ortega y por una formación que atraviesa las bellas artes, la filología, la sociología y la economía.

Esa amplitud explica el carácter torrencial del libro. Von Prittwitz no avanza siguiendo una línea recta. Se detiene, recuerda, cita, discute y cambia de dirección. Goya conduce a Ortega; Ortega conduce a la vida; la vida conduce al dinero, al tiempo, al amor, a la muerte o a la dificultad de crear sin estar pendiente de la aprobación ajena.

En el centro de la obra aparece precisamente una de sus ideas más relevantes: la necesidad de aprender a dejar de querer gustar. El autor encuentra en Goya el ejemplo de un artista que comenzó a desplegar plenamente su modernidad cuando se apartó de las expectativas del gusto dominante. Esa enseñanza no queda reducida a una cuestión estética. Se convierte en una declaración vital y en una defensa de la libertad creadora.

Goya interesa aquí no solo por lo que pintó, sino por la manera en que su obra continúa interrogando al presente. Sus Caprichos, sus Desastres de la guerra y sus visiones más oscuras no son tratados como reliquias de otra época. Von Prittwitz los contempla como testimonios todavía activos sobre la violencia, el poder, la ignorancia y los monstruos que genera una razón incapaz de reconocer sus propios límites.

Wilko Von Prittwitz – Goya Una almohada, un filósofo y un friki
Wilko Von Prittwitz – Goya Una almohada, un filósofo y un friki

El libro asume, en este sentido, que una obra de arte no termina cuando su creador deposita el pincel. Continúa viviendo mientras alguien la observa. El prólogo presenta esta relación mediante el triángulo Goya-Ortega-Prittwitz: el pintor aporta la imagen y el conflicto; el filósofo, las herramientas para interpretarlos; el autor contemporáneo, su propia circunstancia.

La mirada de Ortega permite además acercarse a Goya desde dentro. No se trata únicamente de acumular fechas, influencias o datos históricos, sino de comprender la vida que hizo posible su pintura. Según esta perspectiva, las obras de arte no nacen aisladas, sino que son fragmentos de existencias humanas y conservan algo de ellas. Von Prittwitz retoma ese planteamiento para construir un Goya vivo, contradictorio y difícil de domesticar.

También encuentra en él una especie de parentesco creativo. Ambos comparten una mirada mordaz, el descontento con su tiempo y la necesidad de denunciar aquello que consideran injusto o absurdo. La admiración no conduce, sin embargo, a la veneración ciega. El autor no idealiza al pintor: lo acepta con su rudeza, su torpeza, sus contradicciones y su capacidad para transformarlas en una obra que se adelantó a numerosos movimientos posteriores.

Wilko von Prittwitz nació en Baden-Baden en 1962 y reside en España desde hace varias décadas. Su trayectoria combina creación artística, investigación y docencia. Se formó en la Emory University de Atlanta y en la Universidad Complutense de Madrid, ha sido profesor de la UNED y obtuvo el doctorado en la Universidad de Jaén. También ha participado en ferias como FAIM, Estampa y ARCO, y recibió una mención de honor de grabado en los Premios de la Villa de Madrid de 2001.

Esa condición multidisciplinar no funciona en el libro como un mero currículum, sino como una forma de entender la creación. Von Prittwitz dibuja, pinta, escribe y transforma sus obras anteriores en piezas nuevas. Deshacer lo realizado no significa destruirlo, sino reconocer que ninguna obra está completamente cerrada y que todo creador debe estar dispuesto a discutir incluso con su propio pasado.

En Goya, una almohada, un filósofo y un friki, esa misma actitud se traslada a la escritura. El autor recupera materiales vinculados a su investigación académica, pero los libera de una estructura rígida y los convierte en una conversación personal con el lector. El resultado exige atención, aunque nunca adopta el tono distante de quien pretende dictar una lección definitiva.

El propio Von Prittwitz admite los límites del conocimiento. Cuanto más se profundiza en el arte, más difícil resulta encerrarlo en una explicación. Esa imposibilidad no paraliza el libro, sino que le proporciona su impulso. No escribe porque posea todas las respuestas, sino porque todavía quedan preguntas que merecen ser formuladas.

La obra termina funcionando como una defensa del tiempo dedicado a mirar, leer, pensar y crear. Frente a la velocidad contemporánea, propone detenerse ante un cuadro y aceptar que quizá no revele inmediatamente su significado. Frente a la obligación de producir discursos sencillos y vendibles, reivindica la digresión, la mezcla y la contradicción.

La almohada de Wilko von Prittwitz no promete descanso. Es el lugar donde Goya continúa soñando, Ortega continúa preguntando y un friki continúa intentando comprenderlos. El lector que se acerque a ella no encontrará una explicación cerrada sobre el arte, sino algo más incómodo y quizá más valioso: una invitación a contemplar los grandes genios desde su propia vida y a descubrir cuánto de nosotros permanece escondido en aquello que miramos.

Wilko Von Prittwitz – Goya Una almohada, un filósofo y un friki
Wilko Von Prittwitz – Goya Una almohada, un filósofo y un friki

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