¿Cuándo decidimos que el maltrato psicológico era romántico? Lo que nació como desahogo clandestino en los rincones más turbios de la plataforma Wattpad para autopublicar y leer historias, ocupa hoy las mesas principales de las librerías, camuflado tras portadas bonitas y cantos pintados. El dark romance ha dejado de ser un género de nicho para adultos y se ha colado en las mochilas escolares. La literatura sobre violencia, el control obsesivo y el abuso se devora como ideal de pasión. Celebrar que los adolescentes lean está muy bien, pero aplaudir que consuman toxicidad pura sin filtro crítico roza la negligencia. No todo vale por vender ejemplares: cuando normalizamos la agresión como juego de seducción en mentes aún en desarrollo, el problema ya no es la ficción, sino el mensaje con el que crecen.
¿Cuándo decidimos que el maltrato psicológico era romántico? Lo que nació como desahogo clandestino en los rincones más turbios de la plataforma Wattpad para autopublicar y leer historias, ocupa hoy las mesas principales de las librerías, camuflado tras portadas bonitas y cantos pintados. El dark romance ha dejado de ser un género de nicho para adultos y se ha colado en las mochilas escolares. La literatura sobre violencia, el control obsesivo y el abuso se devora como ideal de pasión. Celebrar que los adolescentes lean está muy bien, pero aplaudir que consuman toxicidad pura sin filtro crítico roza la negligencia. No todo vale por vender ejemplares: cuando normalizamos la agresión como juego de seducción en mentes aún en desarrollo, el problema ya no es la ficción, sino el mensaje con el que crecen. Seguir leyendo
¿Cuándo decidimos que el maltrato psicológico era romántico? Lo que nació como desahogo clandestino en los rincones más turbios de la plataforma Wattpad para autopublicar y leer historias, ocupa hoy las mesas principales de las librerías, camuflado tras portadas bonitas y cantos pintados. El dark romance ha dejado de ser un género de nicho para adultos y se ha colado en las mochilas escolares. La literatura sobre violencia, el control obsesivo y el abuso se devora como ideal de pasión. Celebrar que los adolescentes lean está muy bien, pero aplaudir que consuman toxicidad pura sin filtro crítico roza la negligencia. No todo vale por vender ejemplares: cuando normalizamos la agresión como juego de seducción en mentes aún en desarrollo, el problema ya no es la ficción, sino el mensaje con el que crecen.
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