Un refugio de animales local organizó hace poco un evento de recaudación de fondos al que no me pude resistir: yoga con gatitos.
Unos 15 participantes nos presentamos con nuestros tapetes en una zona cercada del refugio que estaba repleta de gatitos; luego nos dieron juguetes de varita. La instructora de yoga hizo su mejor esfuerzo para ayudarnos a encontrar nuestro centro mientras los gatitos corrían por toda la sala. Hice un saludo al sol y sostuve la varita mientras varios gatitos saltaban para atraparla y otro me trepaba por la pierna.
Algunos de nosotros nos reíamos tanto que renunciamos a hacer las posturas.
Toda la experiencia fue un caos —y pura alegría—, como le dije a Kelly McGonigal, psicóloga y profesora de la Universidad de Stanford que imparte un curso llamado “La ciencia y la práctica de la alegría”.
McGonigal, quien ha hablado con miles de personas en su investigación sobre la alegría, tiene un libro próximo a publicarse llamado Joy Is a Risk Worth Taking.
La alegría es una emoción que sustenta la esperanza, nos hace sentir cerca de los demás y “nos ayuda a percibir el valor de la vida misma”, dijo McGonigal. Pero es un recurso que requiere “cuidarla y cultivarla”, agregó. Para hacerlo, sugirió varios “experimentos de alegría” sencillos.
Comparte ‘recuerdos alegres’
Prueba ponerte en contacto con personas que son importantes para ti y pídeles que recuerden algo que les dio alegría, dijo McGonigal.
Las investigaciones muestran que compartir recuerdos mejora las relaciones y aumenta el bienestar. “Y a menudo es una forma maravillosa de conocer a las personas”, dijo.
McGonigal una vez le hizo esta pregunta a su padre, a quien describió como “una persona estoica”.
Él le dijo que, antes de que ella naciera, había visitado una granja en Pensilvania. Estaba tan sobrecogido por la belleza del campo que “empezó a dar vueltas colina abajo”, dijo McGonigal. “Recordó haberse sentido absolutamente lleno de júbilo y libertad”.
La historia reveló un lado sorprendente de su padre que ella nunca habría conocido, dijo.
Otra buena forma de iniciar una conversación: ¿cuál es el sonido más alegre del mundo para ti?
La pregunta de McGonigal me ayudó a recordar el mío: en mi infancia, si le contaba a mi abuela un chiste que le parecía especialmente gracioso, se reía hasta quedarse sin aire. Esa risa entrecortada era todo para mí.
Busca ‘microestímulos’
A lo largo del día, dijo McGonigal, asegúrate de notar los “microestímulos”, o las diminutas dosis de alegría que normalmente pasarías por alto (y que, según muestran las investigaciones, aumentan tu bienestar).
Por ejemplo, esa pequeña dosis de placer que sientes cuando elogias el atuendo de una persona, lo cual beneficia tanto a quien da como a quien recibe, o cuando tomas un artículo de un estante alto para alguien en el supermercado.
“Estos momentos tan pequeños no tienen que solucionarlo todo para importar”, dijo.
Incluso puedes emprender una “búsqueda de alegría”, dijo McGonigal, en un lugar específico que tenga potencial para animarte, como un parque o una biblioteca. Luego deja que tu atención divague, dijo, y busca algo que te dé un estallido de deleite.
Saluda a las personas con entusiasmo
A menudo las personas se sienten plenas cuando las saludas con calidez, dijo McGonigal. Esta práctica sencilla también aumenta la satisfacción de la vida de quien saluda, según un estudio de más de 60.000 personas.
Así que elige un periodo corto, como 24 horas, dijo, y simplemente saluda a las personas con un poco más de vitalidad: “¡Ahí estás!” o “¡Qué gusto verte!”.
Lo intenté y descubrí que funcionaba especialmente bien con personas que eran un poco tímidas, le dije. “La atención es una forma de cuidado y respeto”, dijo McGonigal.
Anima a los demás
Apoyar y alentar a los demás nos permite practicar la empatía positiva, lo cual significa sentir un poco de la misma alegría que siente la persona a la que estás apoyando.
Y no necesitas conocer a la persona o al grupo al que estás animando, dijo McGonigal. Únete a los espectadores de una carrera benéfica o un desfile, o ve la presentación de una banda de música de secundaria. Me encantan los eventos comunitarios peculiares, como esta competencia de estacionamiento en paralelo en Filadelfia.
Mi clase de yoga con gatitos fue una forma de “efervescencia colectiva”, en la cual la alegría de vivir se propaga a través de un grupo de personas que participan en la misma situación, como estar en un club de comedia o en un evento deportivo cuando alguien anota.
Para experimentar todo el estímulo de la alegría colectiva, dijo McGonigal, “debes participar”.
[#content_wordai]
Un refugio de animales local organizó hace poco un evento de recaudación de fondos al que no me pude resistir: yoga con gatitos.
Unos 15 participantes nos presentamos con nuestros tapetes en una zona cercada del refugio que estaba repleta de gatitos; luego nos dieron juguetes de varita. La instructora de yoga hizo su mejor esfuerzo para ayudarnos a encontrar nuestro centro mientras los gatitos corrían por toda la sala. Hice un saludo al sol y sostuve la varita mientras varios gatitos saltaban para atraparla y otro me trepaba por la pierna.
Algunos de nosotros nos reíamos tanto que renunciamos a hacer las posturas.
Toda la experiencia fue un caos —y pura alegría—, como le dije a Kelly McGonigal, psicóloga y profesora de la Universidad de Stanford que imparte un curso llamado “La ciencia y la práctica de la alegría”.
McGonigal, quien ha hablado con miles de personas en su investigación sobre la alegría, tiene un libro próximo a publicarse llamado Joy Is a Risk Worth Taking.
La alegría es una emoción que sustenta la esperanza, nos hace sentir cerca de los demás y “nos ayuda a percibir el valor de la vida misma”, dijo McGonigal. Pero es un recurso que requiere “cuidarla y cultivarla”, agregó. Para hacerlo, sugirió varios “experimentos de alegría” sencillos.
Comparte ‘recuerdos alegres’
Prueba ponerte en contacto con personas que son importantes para ti y pídeles que recuerden algo que les dio alegría, dijo McGonigal.
Las investigaciones muestran que compartir recuerdos mejora las relaciones y aumenta el bienestar. “Y a menudo es una forma maravillosa de conocer a las personas”, dijo.
McGonigal una vez le hizo esta pregunta a su padre, a quien describió como “una persona estoica”.
Él le dijo que, antes de que ella naciera, había visitado una granja en Pensilvania. Estaba tan sobrecogido por la belleza del campo que “empezó a dar vueltas colina abajo”, dijo McGonigal. “Recordó haberse sentido absolutamente lleno de júbilo y libertad”.
La historia reveló un lado sorprendente de su padre que ella nunca habría conocido, dijo.
Otra buena forma de iniciar una conversación: ¿cuál es el sonido más alegre del mundo para ti?
La pregunta de McGonigal me ayudó a recordar el mío: en mi infancia, si le contaba a mi abuela un chiste que le parecía especialmente gracioso, se reía hasta quedarse sin aire. Esa risa entrecortada era todo para mí.
Busca ‘microestímulos’
A lo largo del día, dijo McGonigal, asegúrate de notar los “microestímulos”, o las diminutas dosis de alegría que normalmente pasarías por alto (y que, según muestran las investigaciones, aumentan tu bienestar).
Por ejemplo, esa pequeña dosis de placer que sientes cuando elogias el atuendo de una persona, lo cual beneficia tanto a quien da como a quien recibe, o cuando tomas un artículo de un estante alto para alguien en el supermercado.
“Estos momentos tan pequeños no tienen que solucionarlo todo para importar”, dijo.
Incluso puedes emprender una “búsqueda de alegría”, dijo McGonigal, en un lugar específico que tenga potencial para animarte, como un parque o una biblioteca. Luego deja que tu atención divague, dijo, y busca algo que te dé un estallido de deleite.
Saluda a las personas con entusiasmo
A menudo las personas se sienten plenas cuando las saludas con calidez, dijo McGonigal. Esta práctica sencilla también aumenta la satisfacción de la vida de quien saluda, según un estudio de más de 60.000 personas.
Así que elige un periodo corto, como 24 horas, dijo, y simplemente saluda a las personas con un poco más de vitalidad: “¡Ahí estás!” o “¡Qué gusto verte!”.
Lo intenté y descubrí que funcionaba especialmente bien con personas que eran un poco tímidas, le dije. “La atención es una forma de cuidado y respeto”, dijo McGonigal.
Anima a los demás
Apoyar y alentar a los demás nos permite practicar la empatía positiva, lo cual significa sentir un poco de la misma alegría que siente la persona a la que estás apoyando.
Y no necesitas conocer a la persona o al grupo al que estás animando, dijo McGonigal. Únete a los espectadores de una carrera benéfica o un desfile, o ve la presentación de una banda de música de secundaria. Me encantan los eventos comunitarios peculiares, como esta competencia de estacionamiento en paralelo en Filadelfia.
Mi clase de yoga con gatitos fue una forma de “efervescencia colectiva”, en la cual la alegría de vivir se propaga a través de un grupo de personas que participan en la misma situación, como estar en un club de comedia o en un evento deportivo cuando alguien anota.
Para experimentar todo el estímulo de la alegría colectiva, dijo McGonigal, “debes participar”.
Diario MX
