Fundado en 1640, el taller Simon-Marq fue seleccionado para elaborar los seis vitrales contemporáneos diseñados por la artista Claire Tabouret que serán instalados en la Catedral de Notre Dame, para culminar la restauración tras el incendio que sufrió hace siete años.
Los maestros vidrieros fabrican con «emoción» las obras que forman parte del proyecto de reconstrucción del icónico monumento parisino, no desprovistos de polémica porque los vitrales sustituidos no fueron dañados por las llamas y algunos defensores del patrimonio cuestionan la pertinencia del reemplazo.
Sobre las largas mesas luminosas del taller Simon-Marq ubicado en Reims, un rompecabezas de vidrios de colores intensos, que van del celeste al azul profundo, contrasta con la austeridad del lugar: paredes blancas, techos negros y luces amarillas.
Los vitralistas, protegidos con mascarillas, guantes y overoles de un blanco impecable, disponen de una «paleta de colores única», con más de mil 100 tonos.
Las jefas del estudio, Anne-Catherine Perreau y Céline Bachelot, orquestan un proyecto de tal envergadura que solo se ve «una vez cada dos siglos», sostiene esta última, quien llegó a Simon-Marq para trabajar en estos vitrales, cuya fabricación ha tomado cerca de un año.
«Notre Dame es parte de mi vocación» de artista vidriera, cuenta Bachelot.
A lo largo de los siglos, los maestros vidrieros del taller han trabajado, entre otras cosas, en la fabricación de vitrales del artista Marc Chagall y la restauración de los de la catedral de Reims después de la Primera Guerra Mundial.
Innovación en sí misma
Perreau reconoce que esta misión es «única» por «la emoción» que proporciona a los artesanos que participan en ella.
Unos 15 vidrieros trabajan actualmente en Simon-Marq; durante la visita, todos estaban trabajando en los futuros vitrales de Notre Dame.
«Utilizamos los mismos procesos y materiales que en la Edad Media» que, asociados a técnicas más recientes, representan «una innovación en sí misma», destaca Bachelot.
El taller utiliza el colado, que consiste en fundir fragmentos de vidrio en un molde, dándole un grosor de bajorrelieve.
El ruido de fondo del taller expresa las diferentes etapas del trabajo en vidrio, golpeado cuidadosamente con un pequeño martillo, tallado con un cortavidrio y luego separado con una pinza.
Al avanzar entre las piezas, se pueden vislumbrar los futuros vitrales.
Aquí, una red parte superior de un vitral va tomando forma bajo los dedos de dos vidrieros que colocan sus piezas; allí, dos rostros recién pintados esperan ser ensamblados.
Si bien cada vitral es único, juntos forman «una historia, un camino», apunta Perreau, para quien la obra representa un trabajo «muy complejo» a «escala monumental».
Al servicio de la catedral
A cada etapa, las dos jefas del taller deben garantizar la coherencia de la obra. «Si modificamos un pequeño detalle en un vitral, lo repetimos en las otras», asegura Perreau.
Para Claire Tabouret, la artista que concibió los diseños, «ha habido como un relevo, aunque yo sigo obviamente muy implicada».
La pintora pasa regularmente por el taller para ver los avances de la obra y mantiene estrecha comunicación con las dos jefas del taller.
El proyecto está avanzado al 70 por ciento y está a tiempo para que los vitrales puedan ser presentados al público en diciembre próximo, como estaba previsto.
Sobre la controversia por la sustitución de las piezas que no resultaron dañadas en el incendio, Bachelot, argumenta que los nuevos vitrales buscan la justicia y la belleza.
Y Tabouret añade: «estamos al servicio de la catedral».
Los vitrales sustituirán a los del pasillo sur de la nave de Notre Dame, realizados en 1864 bajo la dirección de Eugène Viollet-le-Duc, artífice de la reconstrucción de otros edificios medievales como la abadía del Monte Saint-Michel.
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Fundado en 1640, el taller Simon-Marq fue seleccionado para elaborar los seis vitrales contemporáneos diseñados por la artista Claire Tabouret que serán instalados en la Catedral de Notre Dame, para culminar la restauración tras el incendio que sufrió hace siete años.
Los maestros vidrieros fabrican con «emoción» las obras que forman parte del proyecto de reconstrucción del icónico monumento parisino, no desprovistos de polémica porque los vitrales sustituidos no fueron dañados por las llamas y algunos defensores del patrimonio cuestionan la pertinencia del reemplazo.
Sobre las largas mesas luminosas del taller Simon-Marq ubicado en Reims, un rompecabezas de vidrios de colores intensos, que van del celeste al azul profundo, contrasta con la austeridad del lugar: paredes blancas, techos negros y luces amarillas.
Los vitralistas, protegidos con mascarillas, guantes y overoles de un blanco impecable, disponen de una «paleta de colores única», con más de mil 100 tonos.
Las jefas del estudio, Anne-Catherine Perreau y Céline Bachelot, orquestan un proyecto de tal envergadura que solo se ve «una vez cada dos siglos», sostiene esta última, quien llegó a Simon-Marq para trabajar en estos vitrales, cuya fabricación ha tomado cerca de un año.
«Notre Dame es parte de mi vocación» de artista vidriera, cuenta Bachelot.
A lo largo de los siglos, los maestros vidrieros del taller han trabajado, entre otras cosas, en la fabricación de vitrales del artista Marc Chagall y la restauración de los de la catedral de Reims después de la Primera Guerra Mundial.
Innovación en sí misma
Perreau reconoce que esta misión es «única» por «la emoción» que proporciona a los artesanos que participan en ella.
Unos 15 vidrieros trabajan actualmente en Simon-Marq; durante la visita, todos estaban trabajando en los futuros vitrales de Notre Dame.
«Utilizamos los mismos procesos y materiales que en la Edad Media» que, asociados a técnicas más recientes, representan «una innovación en sí misma», destaca Bachelot.
El taller utiliza el colado, que consiste en fundir fragmentos de vidrio en un molde, dándole un grosor de bajorrelieve.
El ruido de fondo del taller expresa las diferentes etapas del trabajo en vidrio, golpeado cuidadosamente con un pequeño martillo, tallado con un cortavidrio y luego separado con una pinza.
Al avanzar entre las piezas, se pueden vislumbrar los futuros vitrales.
Aquí, una red parte superior de un vitral va tomando forma bajo los dedos de dos vidrieros que colocan sus piezas; allí, dos rostros recién pintados esperan ser ensamblados.
Si bien cada vitral es único, juntos forman «una historia, un camino», apunta Perreau, para quien la obra representa un trabajo «muy complejo» a «escala monumental».
Al servicio de la catedral
A cada etapa, las dos jefas del taller deben garantizar la coherencia de la obra. «Si modificamos un pequeño detalle en un vitral, lo repetimos en las otras», asegura Perreau.
Para Claire Tabouret, la artista que concibió los diseños, «ha habido como un relevo, aunque yo sigo obviamente muy implicada».
La pintora pasa regularmente por el taller para ver los avances de la obra y mantiene estrecha comunicación con las dos jefas del taller.
El proyecto está avanzado al 70 por ciento y está a tiempo para que los vitrales puedan ser presentados al público en diciembre próximo, como estaba previsto.
Sobre la controversia por la sustitución de las piezas que no resultaron dañadas en el incendio, Bachelot, argumenta que los nuevos vitrales buscan la justicia y la belleza.
Y Tabouret añade: «estamos al servicio de la catedral».
Los vitrales sustituirán a los del pasillo sur de la nave de Notre Dame, realizados en 1864 bajo la dirección de Eugène Viollet-le-Duc, artífice de la reconstrucción de otros edificios medievales como la abadía del Monte Saint-Michel.
Diario MX
