Hace 30 años Alicia Giménez Bartlett alumbró un personaje que cambiaría la historia de la ficción criminal en español. Al igual que su creadora, la inspectora Petra Delicado es “peleona, sarcástica, protestona y tocapelotas”; también está dolida y enfadada con el mundo, rota por el dolor de una muerte, la del hombre de su vida. Así nos la presentan en Bajo el cielo infernal (Destino) decimotercera entrega de esta serie policíaca (a la que hay que sumar dos volúmenes de relatos), un libro lleno de rabia y estilo, una obra donde se observan todas las virtudes de una escritora que es mucho más que la creadora de la primera inspectora de policía de la novela negra europea. La entrevista tiene lugar en Vinaroz (Castellón) durante el último fin de semana de agosto. Su casa, el refugio ideado para envejecer junto a su añorado Carlos, ha sido escenario de la tradicional fiesta con la que Giménez Bartlett (Almansa, 75 años) despide el verano. En la piscina, dos labradores espléndidos se dan el primer chapuzón, ajenos a todo. Algunos rezagados parten, no sin antes compartir un último cigarro, una charla, una cerveza. “La amistad para mí es muy importante. Los amigos te entienden o no te entienden, pero hablas con ellos a calzón quitado y sin ningún rol estipulado”, confiesa en los primeros compases de una charla que se prolongará durante dos días, en el despacho donde escribe, en el jardín, por las calles y restaurantes de un pueblo en el que, por encima de una celebridad reconocida, los paisanos la saludan y la aprecian como la amiga de la panadera Mariló o del médico Bismark.
Hace 30 años Alicia Giménez Bartlett alumbró un personaje que cambiaría la historia de la ficción criminal en español. Al igual que su creadora, la inspectora Petra Delicado es “peleona, sarcástica, protestona y tocapelotas”; también está dolida y enfadada con el mundo, rota por el dolor de una muerte, la del hombre de su vida. Así nos la presentan en Bajo el cielo infernal (Destino) decimotercera entrega de esta serie policíaca (a la que hay que sumar dos volúmenes de relatos), un libro lleno de rabia y estilo, una obra donde se observan todas las virtudes de una escritora que es mucho más que la creadora de la primera inspectora de policía de la novela negra europea. La entrevista tiene lugar en Vinaroz (Castellón) durante el último fin de semana de agosto. Su casa, el refugio ideado para envejecer junto a su añorado Carlos, ha sido escenario de la tradicional fiesta con la que Giménez Bartlett (Almansa, 75 años) despide el verano. En la piscina, dos labradores espléndidos se dan el primer chapuzón, ajenos a todo. Algunos rezagados parten, no sin antes compartir un último cigarro, una charla, una cerveza. “La amistad para mí es muy importante. Los amigos te entienden o no te entienden, pero hablas con ellos a calzón quitado y sin ningún rol estipulado”, confiesa en los primeros compases de una charla que se prolongará durante dos días, en el despacho donde escribe, en el jardín, por las calles y restaurantes de un pueblo en el que, por encima de una celebridad reconocida, los paisanos la saludan y la aprecian como la amiga de la panadera Mariló o del médico Bismark. Seguir leyendo
Hace 30 años Alicia Giménez Bartlett alumbró un personaje que cambiaría la historia de la ficción criminal en español. Al igual que su creadora, la inspectora Petra Delicado es “peleona, sarcástica, protestona y tocapelotas”; también está dolida y enfadada con el mundo, rota por el dolor de una muerte, la del hombre de su vida. Así nos la presentan en Bajo el cielo infernal (Destino) decimotercera entrega de esta serie policíaca (a la que hay que sumar dos volúmenes de relatos), un libro lleno de rabia y estilo, una obra donde se observan todas las virtudes de una escritora que es mucho más que la creadora de la primera inspectora de policía de la novela negra europea. La entrevista tiene lugar en Vinaroz (Castellón) durante el último fin de semana de agosto. Su casa, el refugio ideado para envejecer junto a su añorado Carlos, ha sido escenario de la tradicional fiesta con la que Giménez Bartlett (Almansa, 75 años) despide el verano. En la piscina, dos labradores espléndidos se dan el primer chapuzón, ajenos a todo. Algunos rezagados parten, no sin antes compartir un último cigarro, una charla, una cerveza. “La amistad para mí es muy importante. Los amigos te entienden o no te entienden, pero hablas con ellos a calzón quitado y sin ningún rol estipulado”, confiesa en los primeros compases de una charla que se prolongará durante dos días, en el despacho donde escribe, en el jardín, por las calles y restaurantes de un pueblo en el que, por encima de una celebridad reconocida, los paisanos la saludan y la aprecian como la amiga de la panadera Mariló o del médico Bismark.
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