Al presidente Donald Trump le encantan los espectáculos públicos. Después de 14 años en programas de telerrealidad, ha llevado a su presidencia un espectáculo tras otro: un desfile militar por la avenida Pensilvania, el despliegue de fuegos artificiales más grande de la historia e incluso un combate en jaula en el jardín sur de la Casa Blanca.
Ahora, su gobierno planea otra exhibición pública sin precedentes, pero con un giro macabro: transmitir en directo una ejecución por pelotón de fusilamiento.
Por primera vez, se invitaría a los estadounidenses a ver en sus teléfonos celulares, computadoras portátiles y otras pantallas cómo un asesino convicto es ejecutado. Nunca antes se había transmitido en directo una ejecución oficial en Estados Unidos, convirtiendo lo que en teoría debería ser la aplicación solemne de la justicia en un evento para una audiencia de potencialmente millones de personas.
Según el plan anunciado esta semana, quienes hagan clic en línea el 3 de diciembre verían a Nidal Malik Hasan, quien mató a tiros a 13 compañeros del ejército e hirió a otros 32 en Fort Hood en Texas en 2009, ser fusilado por soldados armados con rifles en esa misma base, el mismo día de la semana y a la misma hora en que abrió fuego. No se describieron límites sobre quién tendría permitido ver, aunque un manual del ejército restringe la presencia de testigos en una ejecución.
“Nos aseguraremos de que la gente pueda verlo, de que sea público, porque la gente necesita entender que hay graves consecuencias por este tipo de cosas”, dijo el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en una entrevista con un medio de noticias conservador.
La idea pareció conmocionar incluso a algunos de sus colegas en el gobierno. El vicepresidente JD Vance puso en duda que se fuera a transmitir en directo; les dijo a los periodistas que “no sé si eso vaya a suceder” y agregó que no lo vería si ocurre. Sin embargo, Trump dijo que él lo había aprobado. “¿Que si lo aprobé?”, dijo. “Por supuesto que sí”.
La idea de las ejecuciones públicas se remonta a los días en que los criminales eran ejecutados en persona frente a grandes multitudes. Y encaja en una noción más amplia promovida por Hegseth de que las fuerzas armadas eran mejores antes de la corrección política “progre”, cuando a las mujeres no se les permitía estar en combate, la diversidad no era una prioridad, los soldados no eran acusados de crímenes de guerra por acciones agresivas y su agencia se llamaba el Departamento de Guerra.
Al presidente Donald Trump le encantan los espectáculos públicos. Después de 14 años en programas de telerrealidad, ha llevado a su presidencia un espectáculo tras otro: un desfile militar por la avenida Pensilvania, el despliegue de fuegos artificiales más grande de la historia e incluso un combate en jaula en el jardín sur de la Casa Blanca.
Ahora, su gobierno planea otra exhibición pública sin precedentes, pero con un giro macabro: transmitir en directo una ejecución por pelotón de fusilamiento.
Por primera vez, se invitaría a los estadounidenses a ver en sus teléfonos celulares, computadoras portátiles y otras pantallas cómo un asesino convicto es ejecutado. Nunca antes se había transmitido en directo una ejecución oficial en Estados Unidos, convirtiendo lo que en teoría debería ser la aplicación solemne de la justicia en un evento para una audiencia de potencialmente millones de personas.
Según el plan anunciado esta semana, quienes hagan clic en línea el 3 de diciembre verían a Nidal Malik Hasan, quien mató a tiros a 13 compañeros del ejército e hirió a otros 32 en Fort Hood en Texas en 2009, ser fusilado por soldados armados con rifles en esa misma base, el mismo día de la semana y a la misma hora en que abrió fuego. No se describieron límites sobre quién tendría permitido ver, aunque un manual del ejército restringe la presencia de testigos en una ejecución.
“Nos aseguraremos de que la gente pueda verlo, de que sea público, porque la gente necesita entender que hay graves consecuencias por este tipo de cosas”, dijo el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en una entrevista con un medio de noticias conservador.
La idea pareció conmocionar incluso a algunos de sus colegas en el gobierno. El vicepresidente JD Vance puso en duda que se fuera a transmitir en directo; les dijo a los periodistas que “no sé si eso vaya a suceder” y agregó que no lo vería si ocurre. Sin embargo, Trump dijo que él lo había aprobado. “¿Que si lo aprobé?”, dijo. “Por supuesto que sí”.
La idea de las ejecuciones públicas se remonta a los días en que los criminales eran ejecutados en persona frente a grandes multitudes. Y encaja en una noción más amplia promovida por Hegseth de que las fuerzas armadas eran mejores antes de la corrección política “progre”, cuando a las mujeres no se les permitía estar en combate, la diversidad no era una prioridad, los soldados no eran acusados de crímenes de guerra por acciones agresivas y su agencia se llamaba el Departamento de Guerra.
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Al presidente Donald Trump le encantan los espectáculos públicos. Después de 14 años en programas de telerrealidad, ha llevado a su presidencia un espectáculo tras otro: un desfile militar por la avenida Pensilvania, el despliegue de fuegos artificiales más grande de la historia e incluso un combate en jaula en el jardín sur de la Casa Blanca.
Ahora, su gobierno planea otra exhibición pública sin precedentes, pero con un giro macabro: transmitir en directo una ejecución por pelotón de fusilamiento.
Por primera vez, se invitaría a los estadounidenses a ver en sus teléfonos celulares, computadoras portátiles y otras pantallas cómo un asesino convicto es ejecutado. Nunca antes se había transmitido en directo una ejecución oficial en Estados Unidos, convirtiendo lo que en teoría debería ser la aplicación solemne de la justicia en un evento para una audiencia de potencialmente millones de personas.
Según el plan anunciado esta semana, quienes hagan clic en línea el 3 de diciembre verían a Nidal Malik Hasan, quien mató a tiros a 13 compañeros del ejército e hirió a otros 32 en Fort Hood en Texas en 2009, ser fusilado por soldados armados con rifles en esa misma base, el mismo día de la semana y a la misma hora en que abrió fuego. No se describieron límites sobre quién tendría permitido ver, aunque un manual del ejército restringe la presencia de testigos en una ejecución.
“Nos aseguraremos de que la gente pueda verlo, de que sea público, porque la gente necesita entender que hay graves consecuencias por este tipo de cosas”, dijo el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en una entrevista con un medio de noticias conservador.
La idea pareció conmocionar incluso a algunos de sus colegas en el gobierno. El vicepresidente JD Vance puso en duda que se fuera a transmitir en directo; les dijo a los periodistas que “no sé si eso vaya a suceder” y agregó que no lo vería si ocurre. Sin embargo, Trump dijo que él lo había aprobado. “¿Que si lo aprobé?”, dijo. “Por supuesto que sí”.
La idea de las ejecuciones públicas se remonta a los días en que los criminales eran ejecutados en persona frente a grandes multitudes. Y encaja en una noción más amplia promovida por Hegseth de que las fuerzas armadas eran mejores antes de la corrección política “progre”, cuando a las mujeres no se les permitía estar en combate, la diversidad no era una prioridad, los soldados no eran acusados de crímenes de guerra por acciones agresivas y su agencia se llamaba el Departamento de Guerra.
Al presidente Donald Trump le encantan los espectáculos públicos. Después de 14 años en programas de telerrealidad, ha llevado a su presidencia un espectáculo tras otro: un desfile militar por la avenida Pensilvania, el despliegue de fuegos artificiales más grande de la historia e incluso un combate en jaula en el jardín sur de la Casa Blanca.
Ahora, su gobierno planea otra exhibición pública sin precedentes, pero con un giro macabro: transmitir en directo una ejecución por pelotón de fusilamiento.
Por primera vez, se invitaría a los estadounidenses a ver en sus teléfonos celulares, computadoras portátiles y otras pantallas cómo un asesino convicto es ejecutado. Nunca antes se había transmitido en directo una ejecución oficial en Estados Unidos, convirtiendo lo que en teoría debería ser la aplicación solemne de la justicia en un evento para una audiencia de potencialmente millones de personas.
Según el plan anunciado esta semana, quienes hagan clic en línea el 3 de diciembre verían a Nidal Malik Hasan, quien mató a tiros a 13 compañeros del ejército e hirió a otros 32 en Fort Hood en Texas en 2009, ser fusilado por soldados armados con rifles en esa misma base, el mismo día de la semana y a la misma hora en que abrió fuego. No se describieron límites sobre quién tendría permitido ver, aunque un manual del ejército restringe la presencia de testigos en una ejecución.
“Nos aseguraremos de que la gente pueda verlo, de que sea público, porque la gente necesita entender que hay graves consecuencias por este tipo de cosas”, dijo el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en una entrevista con un medio de noticias conservador.
La idea pareció conmocionar incluso a algunos de sus colegas en el gobierno. El vicepresidente JD Vance puso en duda que se fuera a transmitir en directo; les dijo a los periodistas que “no sé si eso vaya a suceder” y agregó que no lo vería si ocurre. Sin embargo, Trump dijo que él lo había aprobado. “¿Que si lo aprobé?”, dijo. “Por supuesto que sí”.
La idea de las ejecuciones públicas se remonta a los días en que los criminales eran ejecutados en persona frente a grandes multitudes. Y encaja en una noción más amplia promovida por Hegseth de que las fuerzas armadas eran mejores antes de la corrección política “progre”, cuando a las mujeres no se les permitía estar en combate, la diversidad no era una prioridad, los soldados no eran acusados de crímenes de guerra por acciones agresivas y su agencia se llamaba el Departamento de Guerra.
Diario MX
