En su reciente ensayo Un metro cuadrado (Libros del Asteroide, 2026), la escritora Llucía Ramis señala que las mudanzas llevan décadas siendo un recurso narrativo muy aprovechado por el cine: “El planteamiento ofrece expectativas muy altas: aquí seremos felices. El nudo es turbador, las cosas no salen como esperabas. El desenlace significa que la vida sigue, dejas atrás el lugar que te atormentó, como si los problemas pudieran encapsularse en un espacio. Ya se los encontrará el próximo inquilino”. Los juguetes que protagonizan la primera entrega de la saga Toy Story también conocen ese esquema y por eso están angustiados ante una mudanza inminente: no saben nada sobre el sitio al que los llevarán, pero ninguno quiere ser olvidado y quedarse fuera del camión. La película de Pixar, estrenada en 1995, acumula clichés sobre la placidez de la vida familiar en los suburbios estadounidenses, un universo en el que un cambio de domicilio todavía era un hito importante tanto para los muñecos Buzz Lightyear y Woody como para Andy y sus padres.
En su reciente ensayo Un metro cuadrado (Libros del Asteroide, 2026), la escritora Llucía Ramis señala que las mudanzas llevan décadas siendo un recurso narrativo muy aprovechado por el cine: “El planteamiento ofrece expectativas muy altas: aquí seremos felices. El nudo es turbador, las cosas no salen como esperabas. El desenlace significa que la vida sigue, dejas atrás el lugar que te atormentó, como si los problemas pudieran encapsularse en un espacio. Ya se los encontrará el próximo inquilino”. Los juguetes que protagonizan la primera entrega de la saga Toy Story también conocen ese esquema y por eso están angustiados ante una mudanza inminente: no saben nada sobre el sitio al que los llevarán, pero ninguno quiere ser olvidado y quedarse fuera del camión. La película de Pixar, estrenada en 1995, acumula clichés sobre la placidez de la vida familiar en los suburbios estadounidenses, un universo en el que un cambio de domicilio todavía era un hito importante tanto para los muñecos Buzz Lightyear y Woody como para Andy y sus padres. Seguir leyendo
En su reciente ensayo Un metro cuadrado (Libros del Asteroide, 2026), la escritora Llucía Ramis señala que las mudanzas llevan décadas siendo un recurso narrativo muy aprovechado por el cine: “El planteamiento ofrece expectativas muy altas: aquí seremos felices. El nudo es turbador, las cosas no salen como esperabas. El desenlace significa que la vida sigue, dejas atrás el lugar que te atormentó, como si los problemas pudieran encapsularse en un espacio. Ya se los encontrará el próximo inquilino”. Los juguetes que protagonizan la primera entrega de la saga Toy Story también conocen ese esquema y por eso están angustiados ante una mudanza inminente: no saben nada sobre el sitio al que los llevarán, pero ninguno quiere ser olvidado y quedarse fuera del camión. La película de Pixar, estrenada en 1995, acumula clichés sobre la placidez de la vida familiar en los suburbios estadounidenses, un universo en el que un cambio de domicilio todavía era un hito importante tanto para los muñecos Buzz Lightyear y Woody como para Andy y sus padres.
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