Hay que imaginar a ese anciano en plena noche: tiene 82 años, una esposa que ya no soporta, mil contradicciones que lo atormentan y una necesidad imperiosa: huir. Da igual que viva en la finca de Yásnaia Poliana bucólicamente rodeado de fresnos, jardines, un lago y muchos sirvientes. Da igual que haya escrito Anna Karénina o Guerra y paz. Da igual que toda Rusia sepa quién es León Tolstói. Él ya no aguanta más. Se ahoga. Tiene que escapar.
EL PAÍS
Hay que imaginar a ese anciano en plena noche: tiene 82 años, una esposa que ya no soporta, mil contradicciones que lo atormentan y una necesidad imperiosa: huir. Da igual que viva en la finca de Yásnaia Poliana bucólicamente rodeado de fresnos, jardines, un lago y muchos sirvientes. Da igual que haya escrito Anna Karénina o Guerra y paz. Da igual que toda Rusia sepa quién es León Tolstói. Él ya no aguanta más. Se ahoga. Tiene que escapar.
Hay que imaginar a ese anciano en plena noche: tiene 82 años, una esposa que ya no soporta, mil contradicciones que lo atormentan y una necesidad imperiosa: huir. Da igual que viva en la finca de Yásnaia Poliana bucólicamente rodeado de fresnos, jardines, un lago y muchos sirvientes. Da igual que haya escrito Anna Karénina o Guerra y paz. Da igual que toda Rusia sepa quién es León Tolstói. Él ya no aguanta más. Se ahoga. Tiene que escapar. Seguir leyendo
