Cuando se acerca el verano, España se divide entre julistas y agostistas, entre quienes prefieren descansar lejos de la temporada o quienes se mantienen fieles al veraneo tradicional. La elección no es inocente. Tiene consecuencias en el precio, la masificación en nuestro destino, en soportar temperaturas récord e incluso en la conciliación laboral. ¿Es julio la opción inteligente de quienes han aprendido a esquivar el caos veraniego o sigue siendo agosto el mes en el que el país de verdad se para, cesa la actividad y se puede desconectar sin remordimiento? Sergio C. Fanjul y Jimena Marcos, periodistas, toman partido.
Cuando se acerca el verano, España se divide entre julistas y agostistas, entre quienes prefieren descansar lejos de la temporada o quienes se mantienen fieles al veraneo tradicional. La elección no es inocente. Tiene consecuencias en el precio, la masificación en nuestro destino, en soportar temperaturas récord e incluso en la conciliación laboral. ¿Es julio la opción inteligente de quienes han aprendido a esquivar el caos veraniego o sigue siendo agosto el mes en el que el país de verdad se para, cesa la actividad y se puede desconectar sin remordimiento? Sergio C. Fanjul y Jimena Marcos, periodistas, toman partido. Seguir leyendo
Cuando se acerca el verano, España se divide entre julistas y agostistas, entre quienes prefieren descansar lejos de la temporada o quienes se mantienen fieles al veraneo tradicional. La elección no es inocente. Tiene consecuencias en el precio, la masificación en nuestro destino, en soportar temperaturas récord e incluso en la conciliación laboral. ¿Es julio la opción inteligente de quienes han aprendido a esquivar el caos veraniego o sigue siendo agosto el mes en el que el país de verdad se para, cesa la actividad y se puede desconectar sin remordimiento? Sergio C. Fanjul y Jimena Marcos, periodistas, toman partido.
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