
El 15 de abril de 1915, horas antes de que Pastora Imperio estrenara El amor brujo en el Teatro Lara, el diario La Patria publicó una conversación de Rafael Benedito con Manuel de Falla. En un café, mientras la misma página recogía radiogramas del frente de Verdún, el compositor repasó su vocación literaria, el magisterio de Pedrell, las clases de Tragó y su gratitud hacia “aquel espíritu magnánimo que se llamó Albéniz”. También dejó un credo: “Nunca pensé en ser un virtuoso. El virtuosismo me ha causado siempre un verdadero horror”. La charla terminó de golpe: Falla debía “ultimar un número” de la partitura que esa noche subía al escenario.


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El 15 de abril de 1915, horas antes de que Pastora Imperio estrenara El amor brujo en el Teatro Lara, el diario La Patria publicó una conversación de Rafael Benedito con Manuel de Falla. En un café, mientras la misma página recogía radiogramas del frente de Verdún, el compositor repasó su vocación literaria, el magisterio de Pedrell, las clases de Tragó y su gratitud hacia “aquel espíritu magnánimo que se llamó Albéniz”. También dejó un credo: “Nunca pensé en ser un virtuoso. El virtuosismo me ha causado siempre un verdadero horror”. La charla terminó de golpe: Falla debía “ultimar un número” de la partitura que esa noche subía al escenario.


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