
La voz humana sólo es una, pero hay múltiples maneras de utilizarla. Del mismo modo, la polifonía puede cantarse de formas muy diversas y el festival Laus Polyphoniae de Amberes es el lugar perfecto donde comprobarlo. Simplificando mucho, puede optarse por utilizar uno o más cantantes por parte, por doblar las voces constante o puntualmente con instrumentos (también hay que decidir cuáles, cuándo y cómo), por cantar con o sin director, por incluir o no voces femeninas (excluidas de las iglesias durante siglos), por recurrir o no a contraltos y tiples masculinos (e incluso a voces blancas de niños, como se hace aún en instituciones seculares), por remedar prácticas interpretativas históricas (o adoptar, por el contrario, un enfoque decididamente moderno), por sonar como un coro en el sentido tradicional o como un conjunto vocal especializado. Muchas de estas posibilidades están presentes estos días en la gran cita belga, que al haber situado este año su horizonte cronológico “circa 1600” se desplaza a su vez a un momento de transición no sólo en el estilo compositivo, sino también en las propias técnicas de canto y en los tipos de ornamentación.




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La voz humana sólo es una, pero hay múltiples maneras de utilizarla. Del mismo modo, la polifonía puede cantarse de formas muy diversas y el festival Laus Polyphoniae de Amberes es el lugar perfecto donde comprobarlo. Simplificando mucho, puede optarse por utilizar uno o más cantantes por parte, por doblar las voces constante o puntualmente con instrumentos (también hay que decidir cuáles, cuándo y cómo), por cantar con o sin director, por incluir o no voces femeninas (excluidas de las iglesias durante siglos), por recurrir o no a contraltos y tiples masculinos (e incluso a voces blancas de niños, como se hace aún en instituciones seculares), por remedar prácticas interpretativas históricas (o adoptar, por el contrario, un enfoque decididamente moderno), por sonar como un coro en el sentido tradicional o como un conjunto vocal especializado. Muchas de estas posibilidades están presentes estos días en la gran cita belga, que al haber situado este año su horizonte cronológico “circa 1600” se desplaza a su vez a un momento de transición no sólo en el estilo compositivo, sino también en las propias técnicas de canto y en los tipos de ornamentación.




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