La gente cada vez escribe menos y confía sus textos a una inteligencia artificial. O eso se dice, aunque pocos lo reconocen, sobre todo si esos textos tienen que pasar como suyos. Otros ejecutan algunas acrobacias para ocultar las huellas de uno de estos programas en su escritura. “Coloco pequeñas erratas al inicio de un correo electrónico, hago saltos de letras y transliteraciones para generar autenticidad. Ahora es más importante establecer el marco humano que enviar el correo perfecto”, admite Alberto Benbunan, cofundador de Rebundle (empresa de formación y consultoría en IA), que reconoce que estos chatbots escriben muchos de sus correos. Quienes, de momento, prefieren no interactuar demasiado con el invento también están bajo presión, y por lo que sea han desterrado el guion largo y empiezan a redactar “sucio”, según cuenta una periodista que pide proteger su identidad.
EL PAÍS
La gente cada vez escribe menos y confía sus textos a una inteligencia artificial. O eso se dice, aunque pocos lo reconocen, sobre todo si esos textos tienen que pasar como suyos. Otros ejecutan algunas acrobacias para ocultar las huellas de uno de estos programas en su escritura. “Coloco pequeñas erratas al inicio de un correo electrónico, hago saltos de letras y transliteraciones para generar autenticidad. Ahora es más importante establecer el marco humano que enviar el correo perfecto”, admite Alberto Benbunan, cofundador de Rebundle (empresa de formación y consultoría en IA), que reconoce que estos chatbots escriben muchos de sus correos. Quienes, de momento, prefieren no interactuar demasiado con el invento también están bajo presión, y por lo que sea han desterrado el guion largo y empiezan a redactar “sucio”, según cuenta una periodista que pide proteger su identidad.
La gente cada vez escribe menos y confía sus textos a una inteligencia artificial. O eso se dice, aunque pocos lo reconocen, sobre todo si esos textos tienen que pasar como suyos. Otros ejecutan algunas acrobacias para ocultar las huellas de uno de estos programas en su escritura. “Coloco pequeñas erratas al inicio de un correo electrónico, hago saltos de letras y transliteraciones para generar autenticidad. Ahora es más importante establecer el marco humano que enviar el correo perfecto”, admite Alberto Benbunan, cofundador de Rebundle (empresa de formación y consultoría en IA), que reconoce que estos chatbots escriben muchos de sus correos. Quienes, de momento, prefieren no interactuar demasiado con el invento también están bajo presión, y por lo que sea han desterrado el guion largo y empiezan a redactar “sucio”, según cuenta una periodista que pide proteger su identidad. Seguir leyendo
