Noruega se despidió este miércoles del Rey Harald V, una figura moderna y unificadora cuyo reinado terminó marcado por los escándalos que rodearon a su familia, durante un funeral al que acudieron miembros de la realeza europea y dignatarios extranjeros.
Después de una procesión fúnebre por las calles de Oslo, abarrotadas de personas, y una ceremonia religiosa en la catedral luterana de la capital, los restos mortales de Harald, quien falleció el 28 de agosto a los 89 años, fueron trasladados a la iglesia del castillo de Akershus, donde tendrá su última morada.
Harald, quien hasta su muerte era el monarca de mayor edad de Europa, gozaba de gran popularidad entre los noruegos pese a los escándalos que han afectado a su familia.
«Era importante rendir homenaje al Rey», declaró a la AFP Liv Dingsør, de 48 años, quien acudió junto a otras 48 mil personas, según la policía, a la procesión fúnebre.
Colocado sobre un cañón y cubierto con la bandera real noruega, el féretro recorrió la principal avenida de Oslo, seguido a pie por su hijo y sucesor, Haakon VIII, sus nietos y su hermana, además de numerosos dignatarios.
Solo su viuda, la Reina Sonia, de 89 años, y la nueva Reina Mette-Marit, quien se recupera de un trasplante de pulmón, se trasladaron en automóvil.
Entre los asistentes estuvieron el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, y el heredero al trono británico, el Príncipe Guillermo. También acudieron los Reyes de España, Países Bajos y Bélgica, el Príncipe heredero de Japón, los jefes de Estado de Finlandia y Alemania, así como los primeros ministros de Francia y Tailandia.
La ceremonia religiosa comenzó a las 13:00 horas con un minuto de silencio que fue guardado en todo el país.
«CONVIRTIÓ EN HUMANO LO SOLEMNE»
Durante su elogio fúnebre, el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, destacó el carácter cercano del monarca.
«Convirtió en humano lo solemne», afirmó. «Hizo que Noruega fuera más grande, al hablar de un ‘nosotros’ noruego en el que todos tienen cabida», añadió.
Marius Borg Høiby, hijo de Mette-Marit de una relación anterior, recibió permiso para asistir al funeral pese a encontrarse bajo arresto domiciliario mientras apela su condena a cuatro años de prisión por dos violaciones y otros cargos.
Al finalizar el servicio religioso, cuatro aviones de combate F-35 sobrevolaron la catedral en formación, mientras el ataúd era trasladado a la capilla del castillo de Akershus al ritmo de la «Marcha fúnebre» de Chopin.
Después de una ceremonia privada, los restos de Harald serán depositados en la cripta del mausoleo real, donde descansan sus padres y abuelos.
El Rey será sepultado en un sarcófago cuyo diseño permanece en secreto y que tiene un costo de 2 millones de dólares.
Una vez concluido el sepelio, las banderas que fueron colocadas a media asta tras la muerte del monarca volverán a izarse y las campanas de las iglesias repicarán durante una hora.
UN REY CERCANO A SU PUEBLO
Harald ascendió al trono en 1991 y, pese al deterioro de su salud durante sus últimos años, siempre descartó abdicar.
Durante su reinado, el monarca encarnó una imagen de una Noruega abierta y tolerante. En un discurso pronunciado en 2016, con motivo de sus 25 años en el trono, defendió la diversidad de la sociedad noruega.
«Los noruegos son chicas que aman chicas, chicos que aman chicos, chicas y chicos que se aman recíprocamente», declaró entonces.
«Los noruegos creen en Dios, Alá, el Universo y en nada», agregó.
Más de 46 mil noruegos desfilaron durante la última semana frente al féretro del Rey, algunos después de esperar durante varias horas. Frente al Palacio Real, la plaza se llenó de flores, dibujos y velas en homenaje al monarca.
«Era el abuelo de la nación», declaró el martes a la AFP Gunn Johnsen, de 81 años.
«Generoso, inclusivo, cariñoso», agregó su amiga Vigdis Simonsen, de 64.
Anne Marte Ellertsen, de 35 años, viajó en tren desde la costa junto a su esposo y sus dos hijos para rendir homenaje a quien describió como «un hombre formidable». Vestida con el traje tradicional noruego y sentada en un asiento plegable, esperó para despedirse del monarca.
«Estaba profundamente en sintonía con su pueblo y con la época en la que vivía, supo expresar con palabras lo que mucha gente sentía y llamaba al orden cuando era necesario», afirmó.
La estudiante Nadia, de 26 años, pasó el tiempo de espera tejiendo en el suelo.
«Harald fue, sencillamente, un rey muy bondadoso y cariñoso, que se preocupaba por todos», afirmó.
El respaldo a la monarquía también aumentó tras la muerte del Rey. Casi tres de cada cuatro noruegos, el 72 por ciento, aseguran apoyar la institución, ocho puntos porcentuales más que en una encuesta realizada en mayo, según un sondeo llevado a cabo después del fallecimiento de Harald.
En febrero, el apoyo había caído al 60 por ciento, cuando la familia real se encontraba inmersa en una serie de escándalos que afectaron su imagen.
Entre ellos estuvieron las críticas a Mette-Marit por su pasada relación con el fallecido delincuente sexual estadounidense Jeffrey Epstein, además de los problemas legales de su hijo.
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Noruega se despidió este miércoles del Rey Harald V, una figura moderna y unificadora cuyo reinado terminó marcado por los escándalos que rodearon a su familia, durante un funeral al que acudieron miembros de la realeza europea y dignatarios extranjeros.
Después de una procesión fúnebre por las calles de Oslo, abarrotadas de personas, y una ceremonia religiosa en la catedral luterana de la capital, los restos mortales de Harald, quien falleció el 28 de agosto a los 89 años, fueron trasladados a la iglesia del castillo de Akershus, donde tendrá su última morada.
Harald, quien hasta su muerte era el monarca de mayor edad de Europa, gozaba de gran popularidad entre los noruegos pese a los escándalos que han afectado a su familia.
«Era importante rendir homenaje al Rey», declaró a la AFP Liv Dingsør, de 48 años, quien acudió junto a otras 48 mil personas, según la policía, a la procesión fúnebre.
Colocado sobre un cañón y cubierto con la bandera real noruega, el féretro recorrió la principal avenida de Oslo, seguido a pie por su hijo y sucesor, Haakon VIII, sus nietos y su hermana, además de numerosos dignatarios.
Solo su viuda, la Reina Sonia, de 89 años, y la nueva Reina Mette-Marit, quien se recupera de un trasplante de pulmón, se trasladaron en automóvil.
Entre los asistentes estuvieron el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, y el heredero al trono británico, el Príncipe Guillermo. También acudieron los Reyes de España, Países Bajos y Bélgica, el Príncipe heredero de Japón, los jefes de Estado de Finlandia y Alemania, así como los primeros ministros de Francia y Tailandia.
La ceremonia religiosa comenzó a las 13:00 horas con un minuto de silencio que fue guardado en todo el país.
«CONVIRTIÓ EN HUMANO LO SOLEMNE»
Durante su elogio fúnebre, el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, destacó el carácter cercano del monarca.
«Convirtió en humano lo solemne», afirmó. «Hizo que Noruega fuera más grande, al hablar de un ‘nosotros’ noruego en el que todos tienen cabida», añadió.
Marius Borg Høiby, hijo de Mette-Marit de una relación anterior, recibió permiso para asistir al funeral pese a encontrarse bajo arresto domiciliario mientras apela su condena a cuatro años de prisión por dos violaciones y otros cargos.
Al finalizar el servicio religioso, cuatro aviones de combate F-35 sobrevolaron la catedral en formación, mientras el ataúd era trasladado a la capilla del castillo de Akershus al ritmo de la «Marcha fúnebre» de Chopin.
Después de una ceremonia privada, los restos de Harald serán depositados en la cripta del mausoleo real, donde descansan sus padres y abuelos.
El Rey será sepultado en un sarcófago cuyo diseño permanece en secreto y que tiene un costo de 2 millones de dólares.
Una vez concluido el sepelio, las banderas que fueron colocadas a media asta tras la muerte del monarca volverán a izarse y las campanas de las iglesias repicarán durante una hora.
UN REY CERCANO A SU PUEBLO
Harald ascendió al trono en 1991 y, pese al deterioro de su salud durante sus últimos años, siempre descartó abdicar.
Durante su reinado, el monarca encarnó una imagen de una Noruega abierta y tolerante. En un discurso pronunciado en 2016, con motivo de sus 25 años en el trono, defendió la diversidad de la sociedad noruega.
«Los noruegos son chicas que aman chicas, chicos que aman chicos, chicas y chicos que se aman recíprocamente», declaró entonces.
«Los noruegos creen en Dios, Alá, el Universo y en nada», agregó.
Más de 46 mil noruegos desfilaron durante la última semana frente al féretro del Rey, algunos después de esperar durante varias horas. Frente al Palacio Real, la plaza se llenó de flores, dibujos y velas en homenaje al monarca.
«Era el abuelo de la nación», declaró el martes a la AFP Gunn Johnsen, de 81 años.
«Generoso, inclusivo, cariñoso», agregó su amiga Vigdis Simonsen, de 64.
Anne Marte Ellertsen, de 35 años, viajó en tren desde la costa junto a su esposo y sus dos hijos para rendir homenaje a quien describió como «un hombre formidable». Vestida con el traje tradicional noruego y sentada en un asiento plegable, esperó para despedirse del monarca.
«Estaba profundamente en sintonía con su pueblo y con la época en la que vivía, supo expresar con palabras lo que mucha gente sentía y llamaba al orden cuando era necesario», afirmó.
La estudiante Nadia, de 26 años, pasó el tiempo de espera tejiendo en el suelo.
«Harald fue, sencillamente, un rey muy bondadoso y cariñoso, que se preocupaba por todos», afirmó.
El respaldo a la monarquía también aumentó tras la muerte del Rey. Casi tres de cada cuatro noruegos, el 72 por ciento, aseguran apoyar la institución, ocho puntos porcentuales más que en una encuesta realizada en mayo, según un sondeo llevado a cabo después del fallecimiento de Harald.
En febrero, el apoyo había caído al 60 por ciento, cuando la familia real se encontraba inmersa en una serie de escándalos que afectaron su imagen.
Entre ellos estuvieron las críticas a Mette-Marit por su pasada relación con el fallecido delincuente sexual estadounidense Jeffrey Epstein, además de los problemas legales de su hijo.
Diario MX
