Barrancas del Cobre, Chih.- Todavía estaba oscuro cuando en distintos puntos de la Sierra Tarahumara comenzaron los preparativos. Mientras el frío se hacía sentir entre las montañas, los corredores ajustaban sus mochilas, revisaban el equipo obligatorio, colocaban sus números y se preparaban para enfrentarse a una jornada que para algunos significaría recorrer decenas de kilómetros y para otros, prácticamente una travesía de todo un día.
Cuando apareció la primera luz del jueves, las Barrancas del Cobre comenzaron a llenarse de corredores. Fueron tres días arduos donde los expertos atletas y algunos que van empezando, alistaban para la larga travesía por los cañones.
Algunos llegaron de varios estados de la República mexicana y muchos más de otros países con la intención de ganar y conseguir un boleto para competir en Francia; otros querían mejorar su marca, mientras que para muchos la verdadera victoria consistía simplemente en cruzar la línea de meta.
Así transcurrió la segunda edición del Chihuahua by UTMB, una competencia internacional que reunió a mil 100 corredores provenientes de 27 países y que durante varios días convirtió a la Sierra Tarahumara en escenario de una de las pruebas de montaña más importantes realizadas en Chihuahua.
La competencia puso a prueba a los atletas en diferentes distancias
El viernes fue el turno de las pruebas mayores, con las carreras de 58, 93 y 118 kilómetros, distancias que llevaron a los participantes durante horas por los caminos y senderos de la Sierra Tarahumara.
En los 118 kilómetros, la denominada distancia reina, los corredores enfrentaron uno de los mayores desafíos de la competencia. El recorrido obligó a mantener la concentración durante una larga jornada, soportando cambios de temperatura, pendientes, descensos y terrenos irregulares.
Los 93 y 58 kilómetros tampoco dieron tregua. Cada kilómetro significó un nuevo esfuerzo y, conforme avanzaban las horas, la resistencia física y mental comenzó a ser determinante para llegar a la meta.
Después de las pruebas mayores, el sábado correspondió el turno a las distancias de 39, 21 y 8 kilómetros, con salidas escalonadas desde las primeras horas de la mañana.
Cuando los primeros corredores comenzaron a internarse en las montañas, todavía quedaban en la zona las huellas de quienes habían recorrido los trayectos largos el día anterior.
A las 7:00 de la mañana partieron los corredores de una de los tramos intermedios y posteriormente lo hicieron los participantes de 21 y 8 kilómetros. Poco a poco, los caminos comenzaron a llenarse de atletas.
Habíacerros, barrancas, piedras, pendientes y senderos que obligaban a los deportistas a mirar constantemente dónde colocar los pies.
La combinación de altura, frío, humedad y esfuerzo físico obligó a los corredores a dosificar sus fuerzas. Cada kilómetro ganado representaba también un desgaste mayor.
A lo largo de las rutas, familiares, habitantes de las comunidades y visitantes esperaban el paso de los atletas. Algunos aplaudían, otros gritaban palabras de ánimo y algunos simplemente observaban sorprendidos la capacidad de los corredores para avanzar por terrenos que para cualquier persona representarían una dificultad considerable.
Entre los miles de participantes destacaron nuevamente los corredores rarámuri
Más de 131 atletas de las comunidades participaron en las diferentes distancias, compartiendo las rutas con corredores provenientes de México y de países como Estados Unidos, Canadá, España, Portugal, Argentina, Australia, Brasil, China, Colombia, Francia, Alemania, Italia, Japón y Venezuela.
La participación rarámuri no fue solamente simbólica, Carlos Gutiérrez Quintero, de apenas 22 años, terminó en el segundo lugar general de los 118 kilómetros, detrás del español Cristofer Clemente y por delante del colombiano Dian Aceros.
El resultado tuvo un premio adicional: Gutiérrez consiguió su clasificación para competir en la UTMB de Chamonix, Francia, en 2027. En los 93 kilómetros, la corredora de Guachochi Jenifer Yáñez volvió a subir a lo más alto del podio.
Por segundo año consecutivo ganó el primer lugar femenil de esta distancia y nuevamente obtuvo su clasificación para competir en Francia.
También los locales hicieron sentir su fuerza: la capitalina Iris Sedano logró el primer lugar en la carrera de 58 kilómetros.
Mientras algunos corredores celebraban sus resultados, otros apenas lograban recuperar el aliento después de horas de recorrido.
Detrás del espectáculo deportivo hubo un amplio operativo de seguridad con Coordinación Estatal de Protección Civil (CEPC) que desplegó personal y vehículos especializados en puntos estratégicos de la ruta, mientras que la Cruz Roja Mexicana mantuvo equipos de socorro provenientes de Chihuahua, Cuauhtémoc, Ciudad Juárez y Parral.
Los paramédicos permanecieron distribuidos en sectores como San Isidro, Churo, La Cruz, el Teleférico y El Mirador, preparados para responder ante cualquier emergencia.
Los vehículos tipo Razer y las unidades todo terreno permitieron ingresar a lugares donde una ambulancia convencional difícilmente podría llegar.
Durante las jornadas fueron atendidos corredores por ampollas, calambres, deshidratación, agotamiento, presión arterial baja, raspones y lesiones menores provocadas por caídas.
La mayoría de los casos pudieron resolverse en los mismos puntos de atención.
Una corredora presentó síntomas de hipotermia en el sector del parador El Mirador, donde las condiciones de altura y temperatura pueden cambiar rápidamente.
Los socorristas acudieron para estabilizarla. Le colocaron una manta térmica para ayudar a recuperar su temperatura corporal y posteriormente fue trasladada mediante el teleférico para continuar con su atención médica.
La corredora pudo continuar bajo valoración médica y no fue necesario realizar un rescate mayor.
También recibió atención la corredora rarámuri María Sulema Colmenero, de la comunidad de Churo, quien participó en los 8 kilómetros y terminó en tercer lugar. Después de cruzar la meta presentó fatiga muscular y fue valorada por los socorristas.
Uno de los elementos particulares de esta edición fue nuevamente la iniciativa “Norawa”, palabra que significa “amigo” en la cultura rarámuri.
El programa busca que los corredores de las comunidades puedan competir en condiciones más igualitarias, proporcionándoles equipo obligatorio, transporte, hospedaje, alimentación y compensación económica.
De esta manera, los atletas rarámuri no solamente fueron participantes, sino protagonistas de una competencia que se desarrolla en el territorio donde crecieron y donde desde niños aprendieron a recorrer largas distancias.
Para muchos visitantes, observarlos avanzar por los senderos representó una de las imágenes más significativas de la carrera.
El Chihuahua by UTMB no es una competencia aislada
Forma parte del UTMB World Series, circuito internacional que reúne más de 50 eventos en los cinco continentes y que permite a los atletas buscar su clasificación para las finales del HOKA UTMB Mont-blanc, en Chamonix, Francia.
En México existen dos sedes principales: Chihuahua by UTMB, en las Barrancas del Cobre, y Puerto Vallarta México by UTMB, que combina los caminos de montaña y selva de la Sierra Madre Occidental con poblaciones de la región y un cierre frente a la Bahía de Banderas.
En Europa están algunas de las pruebas más reconocidas del circuito, con competencias en Francia, Italia, Suiza, España, Andorra, Suecia, Austria, Croacia y Reino Unido.
También existen carreras en América Latina, Estados Unidos y Canadá, además de países de Asia-pacífico, Oceanía y África.
Todos esos caminos tienen una característica en común: llevar a los corredores a terrenos donde la resistencia física y mental es tan importante como la velocidad.
Y en Chihuahua, ese reto está entre las enormes paredes de las Barrancas del Cobre.
La emoción de la salida había quedado atrás y en la llegada predominaban el cansancio, el sudor y las piernas agotadas.
Algunos cruzaban corriendo. Otros caminaban. Algunos levantaban los brazos. Otros buscaban inmediatamente a sus familiares.
Y también estuvieron quienes, después de horas de esfuerzo, simplemente se sentaron unos minutos para recuperar el aliento.
En ese momento, el resultado parecía pasar a segundo plano. La satisfacción de haber terminado era suficiente.
Para quienes ocuparon los primeros lugares, sin embargo, la llegada significó algo más: un boleto para seguir corriendo en el escenario de otros países.
El cierre de la competencia fue en el Parque Barrancas, donde fueron reconocidos los ganadores de las principales distancias y entregaron los pases para quienes obtuvieron su clasificación a Francia.
En la ceremonia participaron el secretario de Turismo, Edibray Gómez Gallegos; el presidente del Parque Barrancas, Édgar Piñón; Alejandra Villalobos, y Alejandro Ochoa, de UTMB.
Entre aplausos fueron llamados los corredores que durante horas habían recorrido las montañas.
Los nombres de los ganadores quedaron registrados, pero también quedaron las historias de quienes no subieron al podio.
Porque el Chihuahua by UTMB fue mucho más que una competencia. Fueron horas de preparación, frío, cansancio, caídas, recuperación y esfuerzo.
Fueron corredores extranjeros descubriendo la Sierra Tarahumara, atletas mexicanos buscando una clasificación internacional y los rarámuri corriendo en las montañas que conocen desde siempre.
Fue también el trabajo silencioso de paramédicos, elementos de Protección Civil, voluntarios y habitantes de las comunidades que permanecieron atentos al paso de cada competidor.
Y cuando finalmente el último corredor cruzó la meta, las Barrancas del Cobre recuperaron poco a poco su silencio.
Entre los primeros lugares y quienes llegaron después de una larga jornada hubo una coincidencia: todos tuvieron que enfrentarse al mismo desafío.
Y, una vez más, las Barrancas del Cobre demostraron que no solamente pueden ser contempladas: también pueden convertirse en el escenario donde corredores de todo el mundo ponen a prueba sus límites.
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Barrancas del Cobre, Chih.- Todavía estaba oscuro cuando en distintos puntos de la Sierra Tarahumara comenzaron los preparativos. Mientras el frío se hacía sentir entre las montañas, los corredores ajustaban sus mochilas, revisaban el equipo obligatorio, colocaban sus números y se preparaban para enfrentarse a una jornada que para algunos significaría recorrer decenas de kilómetros y para otros, prácticamente una travesía de todo un día.
Cuando apareció la primera luz del jueves, las Barrancas del Cobre comenzaron a llenarse de corredores. Fueron tres días arduos donde los expertos atletas y algunos que van empezando, alistaban para la larga travesía por los cañones.
Algunos llegaron de varios estados de la República mexicana y muchos más de otros países con la intención de ganar y conseguir un boleto para competir en Francia; otros querían mejorar su marca, mientras que para muchos la verdadera victoria consistía simplemente en cruzar la línea de meta.
Así transcurrió la segunda edición del Chihuahua by UTMB, una competencia internacional que reunió a mil 100 corredores provenientes de 27 países y que durante varios días convirtió a la Sierra Tarahumara en escenario de una de las pruebas de montaña más importantes realizadas en Chihuahua.
La competencia puso a prueba a los atletas en diferentes distancias
El viernes fue el turno de las pruebas mayores, con las carreras de 58, 93 y 118 kilómetros, distancias que llevaron a los participantes durante horas por los caminos y senderos de la Sierra Tarahumara.
En los 118 kilómetros, la denominada distancia reina, los corredores enfrentaron uno de los mayores desafíos de la competencia. El recorrido obligó a mantener la concentración durante una larga jornada, soportando cambios de temperatura, pendientes, descensos y terrenos irregulares.
Los 93 y 58 kilómetros tampoco dieron tregua. Cada kilómetro significó un nuevo esfuerzo y, conforme avanzaban las horas, la resistencia física y mental comenzó a ser determinante para llegar a la meta.
Después de las pruebas mayores, el sábado correspondió el turno a las distancias de 39, 21 y 8 kilómetros, con salidas escalonadas desde las primeras horas de la mañana.
Cuando los primeros corredores comenzaron a internarse en las montañas, todavía quedaban en la zona las huellas de quienes habían recorrido los trayectos largos el día anterior.
A las 7:00 de la mañana partieron los corredores de una de los tramos intermedios y posteriormente lo hicieron los participantes de 21 y 8 kilómetros. Poco a poco, los caminos comenzaron a llenarse de atletas.
Habíacerros, barrancas, piedras, pendientes y senderos que obligaban a los deportistas a mirar constantemente dónde colocar los pies.
La combinación de altura, frío, humedad y esfuerzo físico obligó a los corredores a dosificar sus fuerzas. Cada kilómetro ganado representaba también un desgaste mayor.
A lo largo de las rutas, familiares, habitantes de las comunidades y visitantes esperaban el paso de los atletas. Algunos aplaudían, otros gritaban palabras de ánimo y algunos simplemente observaban sorprendidos la capacidad de los corredores para avanzar por terrenos que para cualquier persona representarían una dificultad considerable.
Entre los miles de participantes destacaron nuevamente los corredores rarámuri
Más de 131 atletas de las comunidades participaron en las diferentes distancias, compartiendo las rutas con corredores provenientes de México y de países como Estados Unidos, Canadá, España, Portugal, Argentina, Australia, Brasil, China, Colombia, Francia, Alemania, Italia, Japón y Venezuela.
La participación rarámuri no fue solamente simbólica, Carlos Gutiérrez Quintero, de apenas 22 años, terminó en el segundo lugar general de los 118 kilómetros, detrás del español Cristofer Clemente y por delante del colombiano Dian Aceros.
El resultado tuvo un premio adicional: Gutiérrez consiguió su clasificación para competir en la UTMB de Chamonix, Francia, en 2027. En los 93 kilómetros, la corredora de Guachochi Jenifer Yáñez volvió a subir a lo más alto del podio.
Por segundo año consecutivo ganó el primer lugar femenil de esta distancia y nuevamente obtuvo su clasificación para competir en Francia.
También los locales hicieron sentir su fuerza: la capitalina Iris Sedano logró el primer lugar en la carrera de 58 kilómetros.
Mientras algunos corredores celebraban sus resultados, otros apenas lograban recuperar el aliento después de horas de recorrido.
Detrás del espectáculo deportivo hubo un amplio operativo de seguridad con Coordinación Estatal de Protección Civil (CEPC) que desplegó personal y vehículos especializados en puntos estratégicos de la ruta, mientras que la Cruz Roja Mexicana mantuvo equipos de socorro provenientes de Chihuahua, Cuauhtémoc, Ciudad Juárez y Parral.
Los paramédicos permanecieron distribuidos en sectores como San Isidro, Churo, La Cruz, el Teleférico y El Mirador, preparados para responder ante cualquier emergencia.
Los vehículos tipo Razer y las unidades todo terreno permitieron ingresar a lugares donde una ambulancia convencional difícilmente podría llegar.
Durante las jornadas fueron atendidos corredores por ampollas, calambres, deshidratación, agotamiento, presión arterial baja, raspones y lesiones menores provocadas por caídas.
La mayoría de los casos pudieron resolverse en los mismos puntos de atención.
Una corredora presentó síntomas de hipotermia en el sector del parador El Mirador, donde las condiciones de altura y temperatura pueden cambiar rápidamente.
Los socorristas acudieron para estabilizarla. Le colocaron una manta térmica para ayudar a recuperar su temperatura corporal y posteriormente fue trasladada mediante el teleférico para continuar con su atención médica.
La corredora pudo continuar bajo valoración médica y no fue necesario realizar un rescate mayor.
También recibió atención la corredora rarámuri María Sulema Colmenero, de la comunidad de Churo, quien participó en los 8 kilómetros y terminó en tercer lugar. Después de cruzar la meta presentó fatiga muscular y fue valorada por los socorristas.
Uno de los elementos particulares de esta edición fue nuevamente la iniciativa “Norawa”, palabra que significa “amigo” en la cultura rarámuri.
El programa busca que los corredores de las comunidades puedan competir en condiciones más igualitarias, proporcionándoles equipo obligatorio, transporte, hospedaje, alimentación y compensación económica.
De esta manera, los atletas rarámuri no solamente fueron participantes, sino protagonistas de una competencia que se desarrolla en el territorio donde crecieron y donde desde niños aprendieron a recorrer largas distancias.
Para muchos visitantes, observarlos avanzar por los senderos representó una de las imágenes más significativas de la carrera.
El Chihuahua by UTMB no es una competencia aislada
Forma parte del UTMB World Series, circuito internacional que reúne más de 50 eventos en los cinco continentes y que permite a los atletas buscar su clasificación para las finales del HOKA UTMB Mont-blanc, en Chamonix, Francia.
En México existen dos sedes principales: Chihuahua by UTMB, en las Barrancas del Cobre, y Puerto Vallarta México by UTMB, que combina los caminos de montaña y selva de la Sierra Madre Occidental con poblaciones de la región y un cierre frente a la Bahía de Banderas.
En Europa están algunas de las pruebas más reconocidas del circuito, con competencias en Francia, Italia, Suiza, España, Andorra, Suecia, Austria, Croacia y Reino Unido.
También existen carreras en América Latina, Estados Unidos y Canadá, además de países de Asia-pacífico, Oceanía y África.
Todos esos caminos tienen una característica en común: llevar a los corredores a terrenos donde la resistencia física y mental es tan importante como la velocidad.
Y en Chihuahua, ese reto está entre las enormes paredes de las Barrancas del Cobre.
La emoción de la salida había quedado atrás y en la llegada predominaban el cansancio, el sudor y las piernas agotadas.
Algunos cruzaban corriendo. Otros caminaban. Algunos levantaban los brazos. Otros buscaban inmediatamente a sus familiares.
Y también estuvieron quienes, después de horas de esfuerzo, simplemente se sentaron unos minutos para recuperar el aliento.
En ese momento, el resultado parecía pasar a segundo plano. La satisfacción de haber terminado era suficiente.
Para quienes ocuparon los primeros lugares, sin embargo, la llegada significó algo más: un boleto para seguir corriendo en el escenario de otros países.
El cierre de la competencia fue en el Parque Barrancas, donde fueron reconocidos los ganadores de las principales distancias y entregaron los pases para quienes obtuvieron su clasificación a Francia.
En la ceremonia participaron el secretario de Turismo, Edibray Gómez Gallegos; el presidente del Parque Barrancas, Édgar Piñón; Alejandra Villalobos, y Alejandro Ochoa, de UTMB.
Entre aplausos fueron llamados los corredores que durante horas habían recorrido las montañas.
Los nombres de los ganadores quedaron registrados, pero también quedaron las historias de quienes no subieron al podio.
Porque el Chihuahua by UTMB fue mucho más que una competencia. Fueron horas de preparación, frío, cansancio, caídas, recuperación y esfuerzo.
Fueron corredores extranjeros descubriendo la Sierra Tarahumara, atletas mexicanos buscando una clasificación internacional y los rarámuri corriendo en las montañas que conocen desde siempre.
Fue también el trabajo silencioso de paramédicos, elementos de Protección Civil, voluntarios y habitantes de las comunidades que permanecieron atentos al paso de cada competidor.
Y cuando finalmente el último corredor cruzó la meta, las Barrancas del Cobre recuperaron poco a poco su silencio.
Entre los primeros lugares y quienes llegaron después de una larga jornada hubo una coincidencia: todos tuvieron que enfrentarse al mismo desafío.
Y, una vez más, las Barrancas del Cobre demostraron que no solamente pueden ser contempladas: también pueden convertirse en el escenario donde corredores de todo el mundo ponen a prueba sus límites.
Diario MX
