Existe un tipo especial de grima moderna reservada a las creaciones de la inteligencia artificial. La sientes cuando has pasado años leyendo o escribiendo y encuentras un texto generado con Claude, si has entrenado tus ojos en los principios generales del diseño y te chocas con esos carteles sintéticos amarillentos, o si has visto mucho cine y das con una frutinovela. Percibimos la falta de autenticidad y saltamos ante ella. Como dijo en LinkedIn la escritora y guionista Carmen Pacheco, “hay más probabilidades de que haga clic para leer tu artículo si lo has ilustrado con una foto borrosa del suelo que sacaste por error a que lo haga si has usado una imagen generada con IA”. A las clases creativas lo artificial nos genera un espanto casi instintivo y después lo justificamos ideológicamente, en buena parte porque amenaza nuestra posición económica y social. Me imagino que esa grima se parece a la que puede sentir alguien rico de nacimiento ante la moda old money que busca imitar su estilo pero con prendas básicas. Aspirar al “buen gusto” sin haberse educado en sus símbolos es visto como “mal gusto”. Por eso hay que vigilar que la defensa de la estética no acabe siendo clasista. Igual que la mayor parte de las personas adopta una posición pragmática ante la ropa, lo hacen ante la tecnología, y no ven el problema en una herramienta que ayuda a no tener faltas de ortografía o a diseñar las invitaciones de un cumpleaños.
EL PAÍS
Existe un tipo especial de grima moderna reservada a las creaciones de la inteligencia artificial. La sientes cuando has pasado años leyendo o escribiendo y encuentras un texto generado con Claude, si has entrenado tus ojos en los principios generales del diseño y te chocas con esos carteles sintéticos amarillentos, o si has visto mucho cine y das con una frutinovela. Percibimos la falta de autenticidad y saltamos ante ella. Como dijo en LinkedIn la escritora y guionista Carmen Pacheco, “hay más probabilidades de que haga clic para leer tu artículo si lo has ilustrado con una foto borrosa del suelo que sacaste por error a que lo haga si has usado una imagen generada con IA”. A las clases creativas lo artificial nos genera un espanto casi instintivo y después lo justificamos ideológicamente, en buena parte porque amenaza nuestra posición económica y social. Me imagino que esa grima se parece a la que puede sentir alguien rico de nacimiento ante la moda old money que busca imitar su estilo pero con prendas básicas. Aspirar al “buen gusto” sin haberse educado en sus símbolos es visto como “mal gusto”. Por eso hay que vigilar que la defensa de la estética no acabe siendo clasista. Igual que la mayor parte de las personas adopta una posición pragmática ante la ropa, lo hacen ante la tecnología, y no ven el problema en una herramienta que ayuda a no tener faltas de ortografía o a diseñar las invitaciones de un cumpleaños.
Si el piso (capital económico) es inalcanzable, al menos queda enseñar el libro (capital cultural) en Instagram (capital social), y presumir de atención y cerebro
