El hombre posa en actitud vertical, mientras que el mundo que lo rodea parece seriamente inclinado. ¿Cuánto? Pongamos que unos 20 grados. En todo caso, quien se muestra torcida es la realidad, no el individuo. Todo, a espaldas del retratado, parece a punto de volcarse. Él, en cambio, permanece erguido, con la expresión tranquila, como si no advirtiera la pérdida de equilibrio del mundo.
El hombre posa en actitud vertical, mientras que el mundo que lo rodea parece seriamente inclinado. ¿Cuánto? Pongamos que unos 20 grados. En todo caso, quien se muestra torcida es la realidad, no el individuo. Todo, a espaldas del retratado, parece a punto de volcarse. Él, en cambio, permanece erguido, con la expresión tranquila, como si no advirtiera la pérdida de equilibrio del mundo. Seguir leyendo
El hombre posa en actitud vertical, mientras que el mundo que lo rodea parece seriamente inclinado. ¿Cuánto? Pongamos que unos 20 grados. En todo caso, quien se muestra torcida es la realidad, no el individuo. Todo, a espaldas del retratado, parece a punto de volcarse. Él, en cambio, permanece erguido, con la expresión tranquila, como si no advirtiera la pérdida de equilibrio del mundo.
