Un padre sufre una caída mientras instala una cortina; es un accidente doméstico no demasiado grave, pero que le genera dolores en un costado. Como es médico, se receta a sí mismo analgésicos y barbitúricos para disminuir las molestias. Sin embargo, el exceso de remedios le termina produciendo una sobredosis que lo lleva a ser ingresado a la clínica. Esos episodios, que desembocan en el diagnóstico de una enfermedad autoinmune (que habría, a su vez, causado la caída), terminan derribando la sólida imagen que una hija tiene sobre su progenitor, que hasta entonces encarnaba la estabilidad, la seriedad y la ley. La de ambos es una relación sana, basada en una preocupación mutua y una comunicación sin aspavientos; con todo, observada en detalle por Andrea Kottow nos llevan a hurgar en las grandes interrogantes de todo ser humano ante su origen y su destino.
EL PAÍS
Un padre sufre una caída mientras instala una cortina; es un accidente doméstico no demasiado grave, pero que le genera dolores en un costado. Como es médico, se receta a sí mismo analgésicos y barbitúricos para disminuir las molestias. Sin embargo, el exceso de remedios le termina produciendo una sobredosis que lo lleva a ser ingresado a la clínica. Esos episodios, que desembocan en el diagnóstico de una enfermedad autoinmune (que habría, a su vez, causado la caída), terminan derribando la sólida imagen que una hija tiene sobre su progenitor, que hasta entonces encarnaba la estabilidad, la seriedad y la ley. La de ambos es una relación sana, basada en una preocupación mutua y una comunicación sin aspavientos; con todo, observada en detalle por Andrea Kottow nos llevan a hurgar en las grandes interrogantes de todo ser humano ante su origen y su destino.
Andrea Kottow nos entrega un volumen brillante en el que reflexiona, a partir de su propia experiencia, en torno a los vínculos entre padres e hijos. Nos muestra la manera en que todos nosotros construimos un lugar en el mundo distinto al de nuestros progenitores
