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  cultura  No operé, no negocié ni fui a ver a autoridades.- Ruffo
cultura

No operé, no negocié ni fui a ver a autoridades.- Ruffo

marketingmarketing—29 de septiembre de 2026
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Ernesto Ruffo llegó a su casa en Ensenada, Baja California, tras una odisea de 40 horas por tierra desde el Penal del Altiplano. Bajo la chamarra de pants, aún llevaba la playera con el número de preso que lo marcó desde que llegó a prisión el 19 de julio: 6515.

De muy buen ánimo, el Gobernador bajó de su vehículo –había visto a un grupo de personas que le daban la bienvenida con banderas del PAN– y entonó un corrido que lo dejaba ver bien y de buenas.

Al otro lado del teléfono, tarareó: «acerca del hombre de cabello blanco que un día salió de Almoloya, con miras de llegar al norte…

–Y parece que llegó entero….

–Parece que llegué entero, pues así me están diciendo que me veo. Yo me siento muy bien y a pesar de las formas y maneras de cómo es la vida allá adentro en Almoloya, creo entre la fortaleza que me hicieron sentir las personas de ahí adentro, y algo de mí mismo, pues no, no me ganó el carcelazo: ya ves que cuando se priva a uno de la certidumbre porque te impiden hacerte pues cargo de tu propio autocontrol, las maneras y los protocolos internos son para quitarte confianza. Pero pude superar todo eso…

–¿Y cómo se vive dentro del Altiplano?

–Pues mira: no controlas tu vida, yo podría decir que esa es la declaración fundamental. Porque no te dejan saber qué hora del día es, ni cuál es el programa de las actividades que te van a permitir hacer. Solo faltando unos minutos antes te dicen, ‘Ahora le toca patio, ahora le toca ir a comer’, y ahora le toca ponerse el uniforme, ahora los pants para ir a hacer ejercicio’. Te traen como títere: ellos te comandan; y luego, pues ya sabe, la comida es pésima.

Algunos de los custodios son personas muy atentas, otros no y te humillan y bueno, pues entonces pues ahí de a como te tocan la música es como vas sobreviviendo.

–¿Y cómo se soporta entonces la cosa allá dentro?

–Con mente fuerte y con compañeros que te levanten el ánimo, que no te dejen caer.

–¿Hubo algún momento en el que flaqueó?

–Sobre todo cuando recién llegué, porque esa entrada a Almoloya es humillante: te gritan, te hacen que digas tu nombre y te lo hacen repetir y siempre te dicen que lo hagan más fuerte y al rato pues te asustas. Te pasan revista, te desnudan; ahí hay enfermeras y te están viendo de traje de Adán completo, hace mucho frío. En fin, esa parte no, esa parte no se la deseo a nadie. Ya después, como quiera te defiendes. Hay personas muy atentas, con una actitud buena, pero hay otros que te tratan como si fueras una cosa. En el servicio médico, se enredan; el seguimiento es a como ellos lo digan y no conforme a tus necesidades.

Ay, es un asunto que qué bueno que ya estoy aquí en casa, pues porque puedo atenderme yo mismo, ya con orden, como lo hacía antes.

–En resumen, ¿cómo describiría entonces su experiencia allá adentro?

–Tu espíritu como persona, en la que eres controlador de tu propia mente, si te descuidas, te la escamotean.

–Su encarcelamiento, ¿fue injusto?

Yo creo que en México, lamentablemente, están violando tus garantías individuales y los asuntos particulares de un arranque de proceso, esta manera de la prisión preventiva oficiosa, está ya condenada por muchos países que le han hecho la observación a México.

Deberían de poner primero a disposición de ti mismo, las órdenes de aprehensión, que tú puedas consultar a tu defensa, y que la integración de la vinculación a proceso sea un debate verdadero, no una absoluta decisión que es la que te quita todas tus garantías individuales, porque ellos deciden si temen o no al juicio, cuando ellos quieran.

Yo todavía no inicio juicio: simplemente la Fiscalía me acusó y le pidió al juez que me vinculara al proceso, lo hizo, y ahora estoy mediante amparo, debatiendo si me debieron haber vinculado a proceso o no, pero ya tuve que transcurrir setenta y tantos días allí, detenido, sin que te respeten tus garantías individuales.

–Pero es inocente…

–Ah, eso desde luego yo lo declaro. Sin embargo, el que lo tiene que juzgar es el juez. Me pidió que no elucubrara sobre el contenido específico de mis argumentos ni los de la Fiscalía. Que no me entrevistara con integrantes de la misma causa penal, para que el juez pueda actuar de una forma sin sentirse presionado. Me pidió que no hablara del asunto en lo particular.

–Usted es accionista. ¿Nunca tuvo que ver con el asunto de huachicol de combustible?

–No, porque el asunto ese es ya de operación; o sea, que tú estés involucrado en la gestión de este grave fenómeno. Y yo nunca estuve involucrado: yo simplemente soy accionista y actué en la asamblea de los accionistas; fui hasta secretario, y hasta ahí llegué. Pero no operé de forma directa nada de la misma compañía. Eso es lo que tiene analizar a fondo el juez.

–¿No le llegaban rumores de que se cometía huachicol?

–Había ciertas cosas que es lo que yo veo que se debe profundizar, y ese el objetivo del juez; ver por qué ejemplo se introducía el combustible y la aduana lo dejaba pasar sin controvertir anomalías que ellos mismos pudieran haber testificado. Yo hace tiempo que declaré que había un enorme elefante blanco en la sala, que era la operación de las aduanas. Y yo, por mi rol, sé que no operé, no actué, no negocié, no fui a ver a ninguna autoridad. El comercializador fue el que contrató al transporte que era el Kansas City Southern, el que compraba el combustible en Texas.

–¿Es cierto que perdió seis kilos?

–Sí, caray. La comida de Almoloya… pues comía nomás para sobrevivir.

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Ernesto Ruffo llegó a su casa en Ensenada, Baja California, tras una odisea de 40 horas por tierra desde el Penal del Altiplano. Bajo la chamarra de pants, aún llevaba la playera con el número de preso que lo marcó desde que llegó a prisión el 19 de julio: 6515.

De muy buen ánimo, el Gobernador bajó de su vehículo –había visto a un grupo de personas que le daban la bienvenida con banderas del PAN– y entonó un corrido que lo dejaba ver bien y de buenas.

Al otro lado del teléfono, tarareó: «acerca del hombre de cabello blanco que un día salió de Almoloya, con miras de llegar al norte…

–Y parece que llegó entero….

–Parece que llegué entero, pues así me están diciendo que me veo. Yo me siento muy bien y a pesar de las formas y maneras de cómo es la vida allá adentro en Almoloya, creo entre la fortaleza que me hicieron sentir las personas de ahí adentro, y algo de mí mismo, pues no, no me ganó el carcelazo: ya ves que cuando se priva a uno de la certidumbre porque te impiden hacerte pues cargo de tu propio autocontrol, las maneras y los protocolos internos son para quitarte confianza. Pero pude superar todo eso…

–¿Y cómo se vive dentro del Altiplano?

–Pues mira: no controlas tu vida, yo podría decir que esa es la declaración fundamental. Porque no te dejan saber qué hora del día es, ni cuál es el programa de las actividades que te van a permitir hacer. Solo faltando unos minutos antes te dicen, ‘Ahora le toca patio, ahora le toca ir a comer’, y ahora le toca ponerse el uniforme, ahora los pants para ir a hacer ejercicio’. Te traen como títere: ellos te comandan; y luego, pues ya sabe, la comida es pésima.

Algunos de los custodios son personas muy atentas, otros no y te humillan y bueno, pues entonces pues ahí de a como te tocan la música es como vas sobreviviendo.

–¿Y cómo se soporta entonces la cosa allá dentro?

–Con mente fuerte y con compañeros que te levanten el ánimo, que no te dejen caer.

–¿Hubo algún momento en el que flaqueó?

–Sobre todo cuando recién llegué, porque esa entrada a Almoloya es humillante: te gritan, te hacen que digas tu nombre y te lo hacen repetir y siempre te dicen que lo hagan más fuerte y al rato pues te asustas. Te pasan revista, te desnudan; ahí hay enfermeras y te están viendo de traje de Adán completo, hace mucho frío. En fin, esa parte no, esa parte no se la deseo a nadie. Ya después, como quiera te defiendes. Hay personas muy atentas, con una actitud buena, pero hay otros que te tratan como si fueras una cosa. En el servicio médico, se enredan; el seguimiento es a como ellos lo digan y no conforme a tus necesidades.

Ay, es un asunto que qué bueno que ya estoy aquí en casa, pues porque puedo atenderme yo mismo, ya con orden, como lo hacía antes.

–En resumen, ¿cómo describiría entonces su experiencia allá adentro?

–Tu espíritu como persona, en la que eres controlador de tu propia mente, si te descuidas, te la escamotean.

–Su encarcelamiento, ¿fue injusto?

Yo creo que en México, lamentablemente, están violando tus garantías individuales y los asuntos particulares de un arranque de proceso, esta manera de la prisión preventiva oficiosa, está ya condenada por muchos países que le han hecho la observación a México.

Deberían de poner primero a disposición de ti mismo, las órdenes de aprehensión, que tú puedas consultar a tu defensa, y que la integración de la vinculación a proceso sea un debate verdadero, no una absoluta decisión que es la que te quita todas tus garantías individuales, porque ellos deciden si temen o no al juicio, cuando ellos quieran.

Yo todavía no inicio juicio: simplemente la Fiscalía me acusó y le pidió al juez que me vinculara al proceso, lo hizo, y ahora estoy mediante amparo, debatiendo si me debieron haber vinculado a proceso o no, pero ya tuve que transcurrir setenta y tantos días allí, detenido, sin que te respeten tus garantías individuales.

–Pero es inocente…

–Ah, eso desde luego yo lo declaro. Sin embargo, el que lo tiene que juzgar es el juez. Me pidió que no elucubrara sobre el contenido específico de mis argumentos ni los de la Fiscalía. Que no me entrevistara con integrantes de la misma causa penal, para que el juez pueda actuar de una forma sin sentirse presionado. Me pidió que no hablara del asunto en lo particular.

–Usted es accionista. ¿Nunca tuvo que ver con el asunto de huachicol de combustible?

–No, porque el asunto ese es ya de operación; o sea, que tú estés involucrado en la gestión de este grave fenómeno. Y yo nunca estuve involucrado: yo simplemente soy accionista y actué en la asamblea de los accionistas; fui hasta secretario, y hasta ahí llegué. Pero no operé de forma directa nada de la misma compañía. Eso es lo que tiene analizar a fondo el juez.

–¿No le llegaban rumores de que se cometía huachicol?

–Había ciertas cosas que es lo que yo veo que se debe profundizar, y ese el objetivo del juez; ver por qué ejemplo se introducía el combustible y la aduana lo dejaba pasar sin controvertir anomalías que ellos mismos pudieran haber testificado. Yo hace tiempo que declaré que había un enorme elefante blanco en la sala, que era la operación de las aduanas. Y yo, por mi rol, sé que no operé, no actué, no negocié, no fui a ver a ninguna autoridad. El comercializador fue el que contrató al transporte que era el Kansas City Southern, el que compraba el combustible en Texas.

–¿Es cierto que perdió seis kilos?

–Sí, caray. La comida de Almoloya… pues comía nomás para sobrevivir.

 Diario MX 

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